Friday, March 13, 2009

LA HOMOSEXUALIDAD ES AMOR



Prologo
La vida de los hombres gay y de las lesbianas tiene a grandes rasgos las mismas características que la de los heterosexuales. La vida cotidiana es la misma al margen de la inclinación sexual.
No obstante existe una serie de ideas preconcebidas sobre la homosexualidad.
Este folleto intentará responder a las preguntas e inquietudes más frecuentes en torno a la homosexualidad, por ejemplo ¿qué es la homosexualidad? y ¿cómo saber si uno es homosexual?.
Sin embargo la vida de los homosexuales se diferencia en varios aspectos de la vida de los heterosexuales, pero éstas diferencias se deben en la mayoría de los casos al enfoque que le da la sociedad.
A veces las diferencias entre hombres gay y lesbianas también son claras. La verdad es que las diferencias entre homo- y heterosexuales son menores que las que existen entre hombres y mujeres.

La homosexualidad = amor
¿En qué te hace pensar la palabra homosexualidad? La mayoría seguramente piensan en «maricas y sexo», y claro, la homosexualidad también es sexo pero no solo eso y tampoco concierne solo a los hombres ya que también hay mujeres homosexuales, ellas son las lesbianas.
Al margen de cual sea el sexo por el cual uno sienta inclinación existe en la mayoría de nosotros una capacidad tanto sexual como de amor, pues sencillamente una capacidad de amar. Al decir amar no nos referimos solamente a la inclinación sexual y al deseo, sino también las ansias de cercanía, ternura y comunidad. En realidad ni la homo- ni la heterosexualidad son más complejas.
Nadie sabe porqué alguien «se vuelve» homosexual, lo cual no quiere decir que no se haya buscado explicaciones, por el contrario, durante algo más de un siglo una serie de teorías han salido a la luz y todas ellas han intentado encontrar la respuesta del enigma de porqué algunos se vuelven homosexuales. Muy temprano la iglesia empezó a interesarse por la homosexualidad, pero en realidad solo en lo que concernía al acto sexual ya que se consideraba un pecado si se realizaba entre personas del mismo sexo.

Gran canarioparatorpes

Fue recién a finales del siglo pasado cuando la ciencia médica empieza a interesarse por la homosexualidad que también se despierta un interés por el individuo homosexual. Las primeras teorías de la ciencia médica afirmaban que la homosexualidad era una anomalía congénita, un defecto físico. Pero más tarde el interés se desplazó hacia la psiquis y entonces se empezó a describir la homosexualidad como el resultado de perturbaciones de orden psíquico, sobre todo durante la infancia.
En realidad fue recién en la década de los setenta cuando aparecen modos totalmente nuevos y en el fondo positivos de enfrentar la homosexualidad. Entonces tanto psicólogos como sexólogos empiezan a considerar la homosexualidad como una variante sexual normal. Hoy en día son cada vez más los que consideran que la homosexualidad debe verse a la luz de la herencia, el medio y las opciones positivas. Entonces también, se despierta un interés por la homosexualidad como fenómeno social. Antropólogos sociales, historiadores y otros investigadores, señalaban entre otras cosas la forma en que se ha modificado la manera de ver la homosexualidad a lo largo de la historia, así como también las grandes diferencias entre las culturas.

¿Se nota quién es homosexual?
La mayoría nunca reflexiona sobre la posibilidad de que aquél con el que uno se topa pueda ser homosexual, lo cual en realidad significa que uno presupone que todos son heterosexuales. Además se tiene una imagen muy clara del aspecto de los homosexuales: «Todos los maricas son afeminados y todas las lesbianas son ahombradas».
Esta es la concepción general pero la realidad no es esa, ya que la homosexualidad no se ve por fuera. Los hombres gay y las lesbianas tienen el mismo aspecto y la misma conducta que el resto de la gente.
Pero si de pronto empezara a notarse la homosexualidad descubrirías que te has encontrado tanto con hombres gay como con lesbianas, sin haber tenido ni la menor idea. Tal vez sean homosexuales tu cartero, la cajera de tu «supermercado», el médico de tu hijo, el político que te representa en el municipio o tu artista favorito.

¿Cuántos son los homosexuales?
Muchos homosexuales, ya de niños comprenden que sus enamoramientos e intereses se orientan hacia personas de su mismo sexo. Sin embargo, hay otros que recién más tarde en la vida comprenden el significado de éstos sentimientos, tal vez cuando ya se vive en una relación heterosexual, se ha formado una familia y se han tenido hijos.
Por lo tanto, es muy difícil hacer una estimación del número de homosexuales pero, se considera que entre un cinco y un diez por ciento de la población vive de forma homosexual o tiene sentimientos de ésta índole, que no se atreve a expresar abiertamente, a consecuencia de la presión social.
Uno de los problemas al intentar hacer una estimación del número de homosexuales es, que sólo se han tomado en consideración las experiencias de orden sexual. Hoy en día, sabemos que muchos homosexuales jamás han tenido experiencias sexuales con alguien de su propio sexo, ésto se refiere especialmente a las mujeres homosexuales. También hay quienes hacen el amor con personas de su mismo sexo sin considerarse homosexuales.

La sexualidad no es estática
Una de las razones por las cuales muchos experimentan la homosexualidad como una amenaza, es probablemente el hecho de no poder saber a ciencia cierta quien es homosexual.
La verdad es que nunca se puede estar del todo seguro del entorno, y lo que es aún peor: ni de si mismo.
La mayoría alguna vez se ha preguntado sobre el significado de una mirada o una caricia fugaz de alguien del mismo sexo. Como también, puede suceder que uno se desconcierte ante las propias reacciones preguntándose: ¿seré homosexual?
Quizás éste tipo de pensamientos son hasta tal punto abrumadores, por el hecho de que, tendemos a plantearnos nuestra identidad e inclinación sexual como propiedades inalterables, lo cual no necesariamente es así.
La sexualidad puede expresarse de distintas formas en distintas fases de la vida, es posible pasar de la heterosexualidad a la homo o bisexualidad y vice versa, al margen de la edad.

Ser homosexual
Ser homosexual es ser invisible, y quien no se ve, tampoco existe. Cuando la homosexualidad se hace visible es sobre todo en actitudes negativas, estereotipos y prejuicios, a menudo a través de bromas pesadas sobre maricas, películas pornográficas « lesbianas « o como algo ajeno y peligroso por ej. los titulares amenazantes sobre «homosexualismo» en los periódicos.
Rara vez se retrata la vida cotidiana de los homosexuales, esa vida que implica trabajo, hacer las compras, recoger a los niños en la guardería y cinco semanas de vacaciones, aquella vida que es la misma independiente de si se es homosexual o heterosexual.
El hecho de ser invisibles, hace que sea escaso el conocimiento que la mayoría de la gente, tiene de la vida de los hombres gay y las lesbianas. La circunstancia de que cada vez sean más los homosexuales que hablan abiertamente de su vida desafía «lo invisible». Con el tiempo las actitudes negativas se irán modificando.

¿Seré homosexual?
Una de las preguntas más frecuentes sobre la homosexualidad, se refiere a cómo saber si se es gay, y en realidad no hay respuestas. Algunos han comprendido sus sentimientos homosexuales incluso ya antes de saber que la palabra existía. A muchos jóvenes entonces se les dice que «esto sucede a ésta edad y que es pasajero». Pero en la mayoría de los casos no es así.
Otros han experimentado sensaciones que recién más adelante en la vida han podido interpretar como sentimientos homosexuales.
A algunos, un gran enamoramiento les ha ayudado a interpretar sus sentimientos.
Otros, cuentan que fue el deseo sexual lo que les hizo comprender. Parece que estas experiencias hasta cierto punto están relacionadas con el sexo al que se pertenece.
Los muchachos en mayor grado que las chicas, adquieren conciencia de su homosexualidad a través de sus experiencias sexuales. Pronto empiezan a experimentar fantasías sexuales o a sentirse sexualmente atraídos hacia otros muchachos.
Algunos chicos que tienen fantasías sexuales con otros muchachos, sencillamente lo prueban para comprobar si es lo acertado.
La mayoría de las chicas, adquieren conciencia de su homosexualidad mediante el enamoramiento, y a menudo han tenido relaciones cercanas de amistad antes de comprender que de lo que realmente se trataba era de un enamoramiento.

Mostrarme abiertamente como homosexual
Entre los homosexuales se habla de «mostrarse abiertamente». Es una expresión que se refiere a la comprensión y aceptación de los sentimientos homosexuales así como también a atreverse a buscar contactos. Pero el mostrarse abiertamente también implica que uno comunique sus sentimientos a las personas del entorno.
Las experiencias al mostrarse abiertamente pueden ser muy diversas. Algunos cuentan que fue un proceso muy rápido y sintieron que todas las piezas de un rompecabezas de pronto calzaban en su lugar.
Para otros ha sido un proceso largo y tormentoso, quizá durante años o incluso durante décadas. Entonces a menudo se ha estado consciente de lo que se trataba mucho antes de aceptarlo y dar el paso crucial.
Sin duda, las circunstancias externas influyen en las dificultades que implica el mostrarse abiertamente. Puede depender de la edad, del lugar donde se resida, del medio en que uno viva y trabaje. Seguramente también tiene que ver con el tipo de persona que uno es. Algunos están dispuestos a seguir su propio camino sin temer las reacciones del entorno.
Otros dependen en mayor grado de la aceptación de los demás y no creen sea posible vivir como homosexuales.
Muchos se imaginan que serían rechazados por el entorno a causa de su homosexualidad y, a veces, las reacciones son negativas. Pero la experiencia demuestra más bien lo contrario, la familia, los compañeros de trabajo y los amigos no sólo aceptan, sino también, expresan su estimación por el hecho de haber sido sincero y haber tenido el valor de defender lo que uno es.

El encuentro con otros
El primer encuentro con otros homosexuales a menudo resulta abrumador, ir a un lugar de encuentro para homosexuales implica, que uno de pronto, entra en contacto con muchos otros; que sienten lo mismo que uno y de pronto ya no se está sólo.
Antes de conocer a otros es generalmente la soledad lo que se hace más difícil, uno cree simplemente que: «No hay nadie más que sienta lo mismo que yo». O quizás se sepa que existen otros pero no como entrar en contacto con ellos.
Los hombres gay y las lesbianas a veces describen el primer contacto con otros homosexuales como la sensación de «Haber llegado a casa». Tal vez eso se sienta por el hecho de que uno finalmente se encuentra con otros que han vivido las mismas experiencias, otros en los que uno puede reconocerse a sí mismo y que entienden de lo que uno habla. Esa sensación de «Haber llegado a casa» trata del hecho de encontrarse con otros que hablan el mismo «idioma».

Un grupo invisible
En la mayoría de los contextos en los que se habla de homosexualidad, ésta se refiere a los hombres gay, las mujeres lesbianas casi no se ven.
¿Pero porqué será que la lesbiana no es igual de visible que el hombre gay? En el fondo es porque vivimos en una sociedad dominada por el hombre. La mujer es más invisible que el hombre al margen de si es homo- o heterosexual. A la vida del hombre se le da más espacio y se considera más interesante independientemente de si es homo- o heterosexual.
Pero también se trata del modo de ver la sexualidad. Se considera que el deseo y la satisfacción sexual de la mujer dependen totalmente del hombre.
Un ejemplo de esto es el hecho de que sean muy frecuentes las secuencias «lesbianas» en la pornografía para hombres heterosexuales, secuencias que quedan completas recién cuando el hombre aparece en acción.
Esta visión de la sexualidad de la mujer hace que a muchas personas les cueste imaginarse lo que dos mujeres pudieran hacer «solas». Por el contrario nadie cuestiona el hecho de que dos hombres gay pueden practicar el sexo entre ellos, puesto que, la homosexualidad en gran medida se asocia con la práctica del sexo, por ésta razón también los hombres gay llaman más la atención.
En los últimos años las lesbianas se han vuelto cada vez más visibles. En los medios de comunicación mujeres famosas se han mostrado abiertamente como lesbianas y la decisión de algunas lesbianas de tener hijos ha llamado mucho la atención. Y ahora también se habla cada vez más tanto de hombres como de mujeres en relación a la homosexualidad.

Contextos lesbianos
Las imágenes que existen de la mujer lesbiana son generalmente estereotipos. A principios de siglo se describía a la mujer lesbiana como una mujer mayor, generalmente experimentada y muy astuta. A menudo era profesora en una escuela de señoritas donde intencionalmente intentaba seducir a niñas jóvenes e inocentes.
Durante la década de los setenta aparece la imagen de la mujer lesbiana como una mujer ahombrada cortada al rape y con una fuerte aversión a los hombres y militante en el nuevo movimiento feminista.
La finalidad de esas imágenes difamatorias es ante todo la de intimidar. La profesora de la escuela de señoritas constituye una amenaza contra el papel que juega la mujer, al ser soltera e independiente económicamente. Lo mismo pasa con la feminista que se las arregla sin los hombres.
¿Pero no habrá algo de cierto en éstas imágenes difamatorias? Si, los contextos, las mujeres lesbianas en diferentes épocas han recurrido a diferentes medios o lugares en donde sólo se encontraban mujeres. Puede ser la escuela para señoritas, el movimiento feminista, el cuerpo femenino de la defensa civil, los scouts o el equipo de fútbol. En estos medios las mujeres han encontrado camaradería, amistad e intimidad al margen de su inclinación sexual.
Pero también existen, desde hace tiempo clubes y asociaciones directamente para lesbianas una de las primeras fue «Diana», que se fundó en los años cincuenta.

Homosexuales de la tercera edad
Por lo general se piensa que las personas de edad madura, no tienen sexualidad alguna, ni siquiera en el caso de que fueran heterosexuales. Pero naturalmente existen tanto gays como lesbianas ya mayores.
Muchos homosexuales de edad han experimentado una sociedad mucho más prejuiciosa que la actual.
Aquellos que fueron jóvenes en los años treinta , les tocó vivir la época en que los contactos homosexuales se consideraban ilegales y podían ser castigados a dos años de trabajos forzosos. Hasta 1944 las relaciones homosexuales, tanto entre hombres como en entre mujeres, fueron ilegales en Suecia.
Mucha gente de edad, a raíz de éstas terribles experiencias, temen hablar de su homosexualidad.
Este silencio provoca problemas cuando la vida exige más ayuda de otras personas.
El personal del servicio domiciliario o de la asistencia médica por ej. rara vez piensan en que « la amiga « o « el buen amigo « realmente quizá sea el compañero de toda la vida.
En los últimos años, la situación de los gay y las lesbianas de edad ha sido observada cada vez más dentro del movimiento homosexual. Entre otras cosas se han formado grupos especiales para hombres y mujeres de la tercera edad.
En éstos grupos es posible proporcionarse apoyo mutuo y ayuda para afrontar las actitudes negativas frente a la homosexualidad.
Aquí uno se encuentra, para compartir, con nuevos y viejos amigos. Los grupos también constituyen un buen contrapeso a la predominancia de los jóvenes que caracteriza la cultura homosexual.

Homosexuales jóvenes
La adolescencia es el período en el cual se descubren de verdad, los sentimientos relativos al amor, las relaciones y el sexo. Con los amigos se habla sobre quien nos interesa y de como poder entablar contacto con él o ella.
Pero los amigos a menudo suponen que todos se interesan por alguien del sexo opuesto, y las actitudes ante la homosexualidad por lo general son abiertamente negativas, sobre todo entre los muchachos jóvenes.
Muchos jóvenes homosexuales temen que sus amigos descubran lo que realmente sienten, por eso a veces optan por alejarse de ellos.
Hay otros que tratan de «comprobar» su heterosexualidad, teniendo muchas relaciones o contactos sexuales con el sexo opuesto.
Los jóvenes homosexuales explican que la falta de ejemplos y el hecho de ser totalmente invisible hace que sea difícil mostrarse abiertamente cuando uno es joven.
Los muchachos gay sólo cuentan con «viejos verdes» o «locas afeminadas» con quienes compararse, y en ninguna de esas imágenes se pueden reconocer a sí mismos.
Las lesbianas jóvenes experimentan un silencio total, las lesbianas o «tortilleras» prácticamente no existen.
Cuando en la escuela se empieza a hablar de sentimientos, en las clases de educación sexual, los jóvenes homosexuales se tornan aún más invisibles porque en la mayoría de los casos la enseñanza se orienta únicamente hacia los sentimientos y la sexualidad de los jóvenes heterosexuales.
En el peor de los casos se evita el tema de los sentimientos homosexuales, explicando que se trata de «algo pasajero» a medida que uno se va haciendo mayor.

Padres homosexuales
Algunos homosexuales también son padres. A menudo con hijos de relaciones heterosexuales previas como también hay quienes los tienen después de haber empezado a vivir de forma homosexual. Puede haber sido a través de una inseminación o mediante el coito con un amigo o amiga. Existen unos pocos casos en que homosexuales solteros han podido adoptar.
Existe una serie de prejuicios en torno a cómo son los padres homosexuales y de como se desarrollan sus hijos. Pero de todas las investigaciones que se han efectuado al respecto se deduce que los hijos de homosexuales se desarrollan de la misma manera que los hijos de heterosexuales, al margen de si se estudia la identidad del sexo, la conducta de los roles sexuales ó la identidad sexual. Los hijos de padres homosexuales tienen el mismo contacto con sus amigos, que los hijos de heterosexuales y no sufren más de burla y acosos que otros niños.
Las investigaciones señalan que la identidad sexual no influye sobre la calidad del medio donde se crece, y eso al margen de si los padres son hetero- u homosexuales. De lo que más bien se trata es de cuan aptos sean los padres.

Inmigrantes homosexuales
La forma de ver la homosexualidad es distinta en diferentes culturas. La actitud en nuestro país es relativamente tolerante. Existen culturas que son menos negativas que la nuestra ante la homosexualidad, pero lo más común es que esta actitud sea más intolerante.
En muchos países se persigue a los homosexuales a causa de su amor. En ciertos países musulmanes los actos homosexuales son penados con la muerte.
En los países católicos la homosexualidad es considerada pecado y como estos ejemplos hay muchos más.
A menudo la intolerancia tiene su origen en concepciones religiosas las cuales a su vez han modelado los roles del hombre y la mujer así como la imagen de la familia.
Llegar a Suecia puede experimentarse como una liberación. Es por un lado muchas veces más fácil entrar en contacto con otros homosexuales y por otro lado el entorno se muestra más comprensivo que en el país de origen.
No obstante muchos se ven obligados a vivir una doble vida ocultando su homosexualidad ante los compatriotas.
Aquellos que no sean de Europa occidental no pueden radicarse en Suecia a no ser que tengan razones muy especiales. Hay que ser o bien refugiado o tener vínculos familiares con alguien que resida en Suecia.
Una relación amorosa homosexual constituye un vínculo familiar de ese tipo.
Por el contrario es difícil obtener un permiso de residencia, alegando persecución en el país de origen a causa de su homosexualidad.
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LA PRESENCIA DE LAS LESBIANAS EN LA CULTURA NORTEAMERICANA DE COMIENZOS DEL SIGLO VEINTE, HARLEM, EL JAZZ Y SUS LETRAS




En el ambiente del jazz y en particular durante el fenómeno cultural que se denominó Renacimiento de Harlem, debido al ambiente de tolerancia y libertad imperante se desarrolló una suerte de subcultura gay, donde se encontraban varias figuras conocidas, tal como lo ha descrito Eric Garber y Garth Tate. El nombre surge del título de un libro de Alain Locke, que era una recopilación de ensayos, poesías, ilustraciones, etcétera que abarcaba, a muchos de los representantes de la cultura negra.
El entorno del jazz fue en sus comienzos un ambiente under y contracultural lo cual propició ciertas libertades que no se daban en los ambientes más convencionales. En ese entonces, cantantes y músicos como Alberta Hunter, Bessie Smith, Ethel Waters, Josephine Baker, Fletcher Henderson, Duke Ellington, Edith Wilson y el gran Louis Armstrong convirtieron la música negra en una poderosa arma artística y conmovieron las estanterías de la música folk norteamericana.
Harlem era una comunidad compleja en una nación compleja y hostil, donde la ridiculización y el menosprecio de los negros era habitual. Para demostrar esto basta con algunos ejemplos tales como la creación en el año 1909, por un empresario blanco llamado Anselmo Barrasso, de la TOBA, Theater Owners Booking Association, una red extendida por todo el país, que involucraba, teatros, salones de fiestas, circos, y diferentes lugares destinados a la diversión y esparcimiento del público negro. La razón era que la segregación racial les impedía a los negros acudir a espectáculos junto a gente blanca. Las condiciones de trabajo en este circuito eran humillantes asimismo como el salario escaso que percibían los artistas, de modo tal que popularmente los mismos artistas re-definieron el significado de la sigla TOBA como Tough On Black Asses, que cuyo significado se traduce en “duro con los culos negros”.

La participación en la guerra del 14 alentó algunas esperanzas en muchos negros o afroamericanos (en la comunidad existen discusiones sobre como llamarse a sí mismos y tratar de eliminar aquellas denominaciones “políticamente correctas” como el uso de la expresión personas de color, incluso el término afroamericano ), de conseguir cierto reconocimiento social. A pesar de la esperanza de muchos de ellos cuando durante la primera guerra mundial fueron llamados a servicio (incluso hubo grandes discusiones si realmente los negros debían participar en una guerra ya que carecían de derechos en su propio país), de que luego se les reconocieran sus derechos civiles, al finalizar la guerra esto no fue así, continuó la relegación económica, así como social, el gobierno de Wilson siguió siendo hostil y opresivo.
Ante toda esta situación surgió como respuesta lo que se dio en llamar el Nuevo Negro, tal como en ese entonces ellos mismos se denominaban.

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Este Nuevo Negro, ya no iba a aceptar el abuso y la explotación. Ya no iban a aceptar la resignación como destino, ni conformarse con una especie de justicia divina en otra vida una suerte de conformismo espiritual que muchas religiones llevan en sí. Comenzarían entonces a exigir, reivindicar sus ideas y a dejar en claro que estaban preparados para luchar y obtener su libertad a cualquier costo. En un poema de Claude Mc Kay considerado el primer poeta de este período, esto quedaría claro, el título del poema era If we must die.
Publicaciones negras empezaron a surgir y otras a incrementar sus ventas, algunas de ellas fueron “The Crisis”, “Opportunity”, “The Messenger” y “Negro World” , estas publicaciones se distribuían no sólo entre las comunidades negras de EEUU, sino también, en el Caribe, en Latinoamérica y en África.
Si bien a finales de siglo XIX Harlem era un barrio de clase media alta blanca, algunos negros de clase media comenzaron a mudarse a mediados de la segunda década del siglo XX. Así fue como lentamente Harlem fue poblándose de negros hasta convertirse en la más grande comunidad de negro hasta ese entonces.
Allí se conjugaba gente de todas las profesiones así como de todas las clases sociales, sin distinción. Donde muchos de ellos lo único que tenían en común era la herencia africana.
En tanto surgía esta nueva visión, la situación económica de la mayoría se dificultaba cada vez más, la dificultad de encontrar empleo para la mayoría era enorme. De tal modo la situación económica de los negros empeoraba paulatinamente lo cual se tradujo en dificultades obvias como lo puede ser encontrar vivienda, de tal modo para paliar o como solución para esta situación, muchos de quienes poseían ya sea por alquiler o en propiedad casa empezaron a alquilar habitaciones a fin de lograr mantener la misma. Esto trajo como consecuencia superpoblación en ese barrio. Dicha superpoblación trajo muchos inconvenientes, entre ellos, condiciones de inseguridad e insalubridad en ese espacio urbano, hasta tal punto que en cierta ocasión se dijo en una comisión para la reforma de las viviendas, que “el estado no permitiría que las vacas vivieran en uno de esos apartamentos que habita la gente de color”. Eso fue caldo de cultivo para el crimen, la violencia y las enfermedades. En ese ámbito se desarrollaron muchas actividades lo cual incluyó aspectos negativos por ende, como un gran auge de contrabando de licor, venta de cocaína, prostitución, muchas actividades que le dieron a Harlem la fama de ser una ciudad muy abierta, donde todo lo que era considerado tabú podía conseguirse fácilmente.
Un factor básico para ese desarrollo fue la migración de gente negra del sur de EEUU hacia el norte, hacia las áreas industrializadas que ofrecían mejores oportunidades de empleo o de logros económicos. Dicha emigración debido a su importancia se conoce en ciertos círculos como la Gran Migración. De esa manera se formaron y desarrollaron grandes comunidades negras, en Detroit, Chicago y Búfalo y por supuesto la más grande fue en Nueva York: Harlem. Allí se reunieron, profesores, maestros, policías, empresarios, personas acaudaladas formando una comunidad muy rica, de lo que ellos mismos llamaron Nuevos Negros. La música: el blues y el jazz, que hablaban de la miseria, de la pobreza, del amor, orgullo, hasta la homosexualidad, a veces ridiculizando figuras como el de las bulldagger o los sissies pero sin odio, otros temas reivindicando la homosexualidad.
Esta suerte de ebullición era también una celebración de optimismo sobre el futuro de la América Negra, y el Nuevo Negro. Precisamente en un ambiente donde la “marginalidad” se reunía, se toleraba o había una mayor apertura hacia el homosexual y las manifestaciones homosexuales, tanto en la letra de las canciones como en ciertas publicaciones. Habiendo sido con anterioridad un barrio predominantemente judío, a partir del siglo XX Harlem comenzó a ser habitado principalmente por negros. Muchos de los escritores y poetas más aclamados de esa época lo habitaron, entre ellos Langston Hughes, Countee Cullen, Richard Bruce Nugent, y Wallace Thurman.
Estos fueron apadrinados por un profesor de la universidad Howard, residente de Harlem también, uno de los pioneros del llamado Renacimiento de Harlem: Alain Locke. Sólo uno de ellos Nugent escribió abiertamente sobre la homosexualidad, otros pueden ser leídos desde un código gay, tal como algunos poemas de Cullen: Young Sailor y Waterfront Streets. Muchos de los hombres del círculo de Locke vivían juntos en lo que Zora Neale Hurston, bautizó como Niggerati Manor. En el año 1926, Thurman, Nugent, Hughes, entre otros fundaron una publicación denominada FIRE, publicación que generó controversia inmediatamente cuando apareció el primer ensayo gay titulado Smoke, Lilies and Jade escrito por Nugent. Fue una pieza autobiográfica, que incluían veladas descripciones sobre una noche de sexo entre dos hombres: Alex, un joven artista Negro y su Latin lover Beauty. La afirmación del autor de que se “puede amar a dos sexos al mismo tiempo” produjo un escándalo. La publicación no se volvió a publicar.
Asimismo hubieron escritoras lesbianas, entre ellas Nella Larsen y su novela Passing, sobre una mujer negra, la cual ha sido “leída” por criticas contemporáneas como una lesbiana pasando por heterosexual.
También tenemos la figura de Angelina Weld-Grimke que publicó poemas y obras sobre temas como la raza, pero dejó tras sí muchos poemas de amor sobre mujeres, con títulos como Rosalie,” “If,” “To Her of the Cruel Lips,” “El Beso,” “Autumn,” “Give Me Your Eyes,” “Caprichosa,” y “My Shrine.
Igualmente la presencia de otra mujer llamada Alice Dunbar-Nelson, a pesar de haberse casado varias veces con hombres, las mujeres fueron significativas en su vida, y según algunos críticos han influenciado en algunas de sus obras, como por ejemplo This Lofty Oak, donde al parecer uno de sus personajes estaba basado en una de sus amantes llamada, Edwina B. Kruse, se le conocieron otras mujeres, entre ellas una periodista llamada Fay Jackson Robinson, y una artista cuyo nombre era Helene Ricks London.
En ese ambiente de fraternidad, progreso y esperanza se reunieron entonces muchos músicos, animadores, artistas y escritores negros. La música que los unía era el jazz y el blues.
El gran tema del llamado Renacimiento un período de efervescencia política e intelectual, que Langston Hughes caracterizó como la época en que “el Negro estaba de moda”, era una creciente conciencia de orgullo de los afro americanos, pero también hubo un gran componente homosexual. Gays y lesbianas podían interactuar con cierta libertad. De todos modos a pesar de toda esa apertura, muchos preferían ser discretos en cuanto a su sexualidad, aparte de problemas que debían enfrentar, tales como segregación, desempleo, alquileres altos, también debían enfrentar a la policía, y el desarrollo de instituciones mentales. La homosexualidad era considerada o un crimen o una enfermedad. Mabel Hampton, fue arrestada engañosamente por cargos de prostitución poco tiempo después de haber arribado a Harlem, y pasó dos años en un reformatorio, para dar un caso, o el caso de Augustus Granville Dill, un distinguido editor cuya carrera política se destruyó luego de haber sido arrestado bajo cargos de solicitar sexo en lugar público. También el temor a la reclusión en institutos de salud mental, como sucedió con muchos hombres gays negros.

De todos modos esta comunidad se hizo fuerte, y acogió también a gente de otras zonas, heterosexuales incluidos, muchos guiados por la curiosidad también y por el ambiente exótico que John dos Passos describió también en el tercer volumen de su trilogía USA donde refiere a una pareja heterosexual visitando un club nocturno, donde ambos bailan con personas del mismo sexo, atraídos por la atmósfera desconocida.
Naturalmente atrajo gran cantidad de homosexuales blancos, rompiendo barreras raciales y económicas. Y ahí se socializaban en los popularísimos Drag Balls que se llevaban a cabo en el Savoy, Manhattan Casino y el Rockland Palace, en estos bailes era común ver hombres ataviados como mujeres y mujeres ataviadas como hombres, usando trajes. Era común la personificación masculina y femenina, el travestismo, la exageración de las características tanto femeninas como masculinas, entre los asistentes. El juego de géneros, en esos bailes y en clubs clásicos como el Ubangi, o el famoso baile Hamilton Lodge.
No todos los asistentes eran homosexuales, muchos eran heterosexuales curiosos que iban simplemente a mirar. En el Savoy por ejemplo se hacían concursos donde se daban premios a la caracterización y la vestimenta y obtenían como premio el título de Queen of the Ball. Harlem propiciaba la libertad, como dice un personaje en una novela de Blair Niles: en Harlem encontré coraje y alegría y tolerancia…puedo ser yo mismo”. Blair Niles fue una de muchas mujeres heterosexual en este caso que también se interesaron por la subcultura gay. La novela se basó en personajes reales, y describe a un hombre gay negro que llega a Harlem para juntarse con los que el siente y define como sus pares debido a la marginación en la que se encuentran todos ellos.
Estos bailes atraían curiosos pertenecientes a la alta sociedad, entre ellos Carl Van Vechten, un crítico literario y musical, que escribía para publicaciones como Vanity Fair y el New york Times, quien desde su juventud se vio interesado por la cultura negra, y en especial la música negra entre ella el ragtime, tempranamente empezó a interesarse por todo el movimiento cultural que se desarrollaba en Harlem y por supuesto la cultura negra, escribió varias novelas entre ellas una titulada Níger Heaven, patrocinó y divulgó a varios autores de ese ambiente. En cierta manera esa novela halló eco en el público blanco, más que en el público negro, de esta manera comenzaron a interesarse en Harlem y la cultura que ahí se gestaba. Del mismo modo que ese ambiente mucho más liberal que ofrecía salidas a gays y lesbianas, que con anterioridad a la década del 20 se limitaba a reuniones privadas, encuentros en baños públicos y parques.
En este territorio comenzaron a ganar o tener espacios lesbianas y gays entonces. Los lugares más liberales en New York entonces fueron Greenwich Village y Harlem, del mismo modo que en otros países lo fueron determinados barrios. Había también reuniones y sitios más exclusivos como el que lideró Alexander Gumby, otro salón era el que lideraba A’Lelia Walker, una mujer a quien le gustaba rodearse de gays y lesbianas. Van Vechten era uno de los amigos más cercanos de Walker. A ese lugar solían concurrir muchos artistas, poetas y escritores negros, como Alain Locke o Countee Cullen cuya homosexualidad y vida en pareja con un maestro hombre era algo que se mantenía tácito y naturalmente no se cuestionaba. Nugent era otro de los concurrentes, en este caso era un artista que vivía abierta y libremente su condición. Es a él a quien se le adjudica históricamente el haber escrito la primera novela gay negra. Reconocido era también un salón cuyo dueño era Clinton Moore un homosexual blanco que era catalogado como la versión americana del Jupien de Proust, solía atraer a gente muy conocida, entre ellos a Cole Porter, Cary Grant y Maury Paul. Allí también se presentaban espectáculos de todo tipo y tenor.
No sólo en los llamados balls o bailes la gente se congregaba, lo hacía también en cabarets, clubes nocturnos, las llamadas speakeasies, los llamados buffet flats, el nombre buffet alude a la amplitud de comportamientos permitidos, eran lugares que daban alojamiento nocturno y donde a veces se desarrollaban actividades ilegales como el juego y la prostitución, así como se convertía en un lugar extremadamente abierto donde según se documenta, era posible presenciar distintos tipos de prácticas sexuales, y shows bizarros por llamarlos de algún modo, y personajes como Clarenz, un travesti de enorme corpulencia o animadores con nombres extraños tal como Sewing Machine Berta.
Su origen data de finales de 1800, destinado a personas negras a quienes se les negaba frecuentemente la entrada y alojamiento en la mayoría de los sitios destinados a tal fin, dichos sitios aparecen en letras de canciones de Count Basie y Fats Waller, tal es el caso de uno llamado Daisy Chain, dichos sitios donde hombres y mujeres podían vestirse y comportarse tal como lo deseaban, eran oficialmente ilegales, las rent parties, que eran fiestas destinadas a recaudar fondos para el alquiler, por lo cual se organizaban grandes bailes con orquestas, jazz y licor, la canción Gimme a Pigfoot and a Bottle of Beer que entonaba Bessie Smith describía este tipo de reuniones donde quienes las realizaban a veces ni siquiera conocían a quienes asistían,
En un periódico llamado The New York Age se relata despectivamente una de estas rent parties : “One of these rent parties a few weeks ago was the scene of a tragic crime in which one jealous woman cut the throat of another, because the two were rivals for the affections of a third woman. The whole situation was on a par with the recent Broadway play [about lesbianism, The Captive], imported from Paris, although the underworld tragedy took place in this locality. In the meantime, the combination of bad gin, jealous women, a carving knife, and a rent party is dangerous to the health of all concerned.” Para agregar al tema, The captive era una obra que en su momento fue saludada como una obra maestra y comparada a una gran tragedia griega en ciudades como Viena, Berlin y Bruselas, estas reacciones favorables se dieron en el viejo continente, pero no sucedió del mismo modo en su estreno en Nueva York. Allí se denotaba la gran homofobia reinante en EEUU, desde la crítica despreciativa de Brooks Atkinson del New York debido a su tema revulsivo y la “repugnante posibilidad” de una enredada relación de la protagonista con otra mujer, pasando por el juicio de parte de William Randolph Hearst catalogando a la obra como viciosa y obscena, hasta un crítico que la cifró como la más corrupta y diabólica obra jamás estrenada en el teatro americano y le agregó que era un documento a favor de la degeneración sexual. La obra es sobre una lesbiana que trata de escapara por matrimonio y en determinado momento le confiesa a su marido que ella es una “mujer enferma” (la visión de ese entonces). Su amante también es una mujer casada, jamás aparece en el escenario pero su presencia se sostiene a través del continuo envío de ramos de violetas a la protagonista. La obra fue bajada de cartel en apenas tres meses, y sus protagonistas Helen Mencken and Basil Rathbone arrestados. A raíz de esto se legisló con el fin de prohibir la presentación de temas homosexuales en los teatros de Nueva York, ley que permaneció vigente por muchos años hasta 1967.
Regresando a la descripción urbana, en las calles aledañas de Jungle Alley se encontraban los speakeasies, en estos speakeasies se conjugaba distintas personas, travestis entre ellos, algunos de ellos eran el Edmond Cellar, donde cantaba Ether Waters, el Lulu Belle, y el Hot Cha.
En muchos de ellos abundaba la marihuana y la cocaína. Ahí se encontraban los clubes menos elegantes que atraían a un público menos separatista. El público se mezclaba. Esos lugares eran asimismo más baratos que los clubes destinados a los blancos como el Cotton Club, el Connie’s Inn, o el Small’s Paradise. Muchas de estas tabernas solían estar ubicadas en sótanos con espacios no demasiado amplios, por lo cual los días de mayor concurrencia solía aglomerarse la gente, que bebían licores suaves o bebidas más fuertes que tenían como nombre “lightning”. Y tocaban bandas rudimentarias acompañadas por un cantante y en cuanto las luces cambiaban su color de azul a rojo, estaba permitido bailar.
Uno de los lugares más famosos destinados a gays y lesbianas se llamaba Clam House, situado en la calle 133 Jungle Alley, descrito como Vanity Fair como un lugar para borrachos pero no para la juventud inocente. A ese lugar concurrían figuras como Beatrice Lillie, Tallulah Bankhead, Jeanne Eagels, Marilyn Miller, Princesa Murat de Paris, la cantante Libby Holman y su amante, Louisa Carpenter du Pont Jenney. La única en explotar públicamente su sexualidad era Gladys Bentley. Habían muchas de estas tabernas, entre ellas el Rockland Palace y Garden of Joy. En muchos no se permitían públicos comportamientos homosexuales, pero existían algunos pocos donde era válido y la entrada era libre, sin que hubiera nadie que controlara el acceso, donde los gays solían ir a buscar compañía que se definía como “ruda” en ambientes mas “duros”:



En este ambiente rebosante de libertad e ideas positivas reivindicativas también, se movieron muchas mujeres bisexuales y lesbianas, con la aclaración pertinente de que algunas hicieron pública su sexualidad en tanto otras la mantuvieron un tanto al margen.
Billie Holiday fue una de las grandes cantantes de jazz, que tuvo historias con varios hombres y también mujeres, entre ellas la actriz Tallulah Bankhead. Ernestine “tiny” Davis, una trompetista renombrada que tocaba en una big band integrada por mujeres llamada International sweethearts of the rythm, era también lesbiana. Fue conocida como la Louis Armstrong mujer. En la misma banda también se encontraba su amante una percusionista llamada Ruby Lucas, ambas estuvieron juntas por más de cuarenta años.
Alberta Hunter , cantante de blues y actriz, tenía un estilo muy distintivo. Nació en Memphis en el año 1895 y fue una de las grandes de la escena del jaz entre los años 20 y 30. A edad temprana abandonó su hogar y su lanzamiento como cantante fue en la legendaria Creole Jazz Band. Entre algunas de sus composiciones figuran la conocidísima Down hearted blues. Sus grabaciones más conocidas son “‘Taint Nobody’s Business If I Do” y “Aggravatin’ Papa.” Se casó en el año 1919, pero jamás compartió lecho con su marido, pero se separó casi inmediatamente y obtuvo su divorcio en 1923.
Los rumores sobre su sexualidad empezaron a correr pronto, pero Hunter nunca discutió su lesbianismo a pesar que jamás mantuvo ocultas sus relaciones con otras mujeres, una de ellas se llamó Lottie Taylor sobrina de Bert Williams un conocido animador de vaudeville con la cual vivió muchos años y compartieron hogar en Nueva York así como viajes a Europa. Finalmente la relación terminó cuando Lottie la abandonó por otra mujer.
Ethel Waters, nacida en el año 1896 en Pennsylvania, a la edad de doce se casó y a los catorce obtuvo el divorcio, fue conocidísima cantante de blues, o recordada también por su papel una obra de Mc Cullers: Member of the wedding. Fue una de las cantantes mejor pagadas en Broadway, actuando en obras como Blackbirds. Obtuvo una nominación de la academia por mejor actriz secundaria en Pinky. Su carrera también comenzó temprano, primero en Filadelfia y en Baltimore finalmente en Nueva York, donde se unió a ese ambiente liberal que fue Harlem en esos tiempos. Entre su repertorio figuraban canciones como “Organ Grinder Blues” y “Do What You Did Last Night.”
Como tantas otras figuras de la época se le conocieron relaciones con mujeres. Tuvo una tempestuosa relación con la bailarina Ethel Williams lo cual incluyo en varias ocasiones discusiones públicas, así como demostraciones públicas, todo eso a pesar de no ser abiertamente lesbiana, se dice que usualmente comenzaba sus actuaciones preguntando: Where’s that partner of mine? Where’s that Ethel Williams?. Entre los rumores que circulaban hubo algunos que la vincularon temporalmente con la escritora Radclyffe Hall.
Respecto a letras un ejemplo temprano del jazz el tema
“The Boy in the Boat”: “When you see two women
walking hand in hand, just look them over and try to
understand: They’ll go to those parties -have the
lights down low- Only those parties where women can
go. You think I’m lying -just ask Tack Ann- Took
many a broad from many a man.”
Ma Rainey, la madre del blues, una mujer dotada de una voz poderosa, nacida en Georgia en el año 1886, cantaba por allá a finales de los años veinte Prove it on me, un blues cuya letra decía: Went
out last night with a crowd of my friends, they must
have been women, cause I don’t like no men. Wear my
clothes just like a fan, talk to gals just like any
old man
Cause they say I do it, ain’t nobody caught me. Sure
got to prove it on me.
Un blues que más que testimonia un orgulloso lesbianismo. La frase cause I like no men, es explícita. Fue ella junto a su esposo Will Rainey con el cual hacían giras or el sur de EEUU llamada Ma & Pa Rainey and Assassinators of the Blues, quienes descubrieron a Bessie Smith, de la cual fue íntima amiga.
Para promover su presentación y el disco Prove it on me en el año 1928, la Rainey apareció en algunos aviso de diario vestida con traje masculino y rodeada de dos mujeres dando la impresión de coqueteo. A pesar de estar casada con Will Rainey se le conocieron muchos affaires con mujeres.
Se relata de ellas un episodio acontecido en el año 1925 en Chicago, donde la policía recibió una queja por ruidos molestos, y cuando la misma acudió se encontraron con una habitación llena de mujeres desnudas en situación comprometida. Rainey pasó la noche en la cárcel bajo el cargo de “fiesta indecente” y fue sacada de ahí por su amiga Bessie Smith.
Bessie Jackson, o Lucille Armstrong su nombre de nacimiento, fue otra de las tantas mujeres que poblaron la escena musical norteamericana, nacida en Missisipi en el año 1897, en el año 1916 se casó con Maxwell Bogan, con el cual estuvo casada hasta el año 1942, era un matrimonio abierto por llamarlo de alguna manera, la mayor parte del tiempo la pasaban lejos uno del otro, en tanto ella llevaba una vida bastante libre y activa sexualmente, hizo su primera grabación en el año 1923, año en el cual adopta su nombre artístico, Bessie Jackson, se especializaba casi exclusivamente en cantar sobre temas como el adulterio, lesbianismo, alcoholismo, prostitución y relaciones abusivas. Se la podría catalogar como una gran voz feminista, que cantaba sobre cuestiones personales, en forma bastante fuerte en muchas ocasiones, muchas de sus letras eran explícitas.
Grabó en la década del 30 “B.D. (bulldykes o bulldaggers) Woman’s Blues”:
“Comin’ a time, B.D. women ain’t gonna need no men
Comin’ a time, B.D. women ain’t gonna do need no men
Oh they way treat us is a lowdown and dirty sin
B.D. women, you sure can’t understand
B.D. women, you sure can’t understand
They got a head like a sweet angel and they walk just
like a natural man
B.D. women, they all done learnt their plan
B.D. women, they all done learnt their plan
They can lay their jive just like a natural man
B.D. women, B.D. women, you know they sure is rough
B.D. women, B.D. women, you know they sure is rough
They all drink up plenty whiskey and they sure will
strut their stuff
B.D. women, you know they work and make their dough
B.D. women, you know they work and make their dough
And when they get ready to spend it, they know they
have to go”.
Bessie Smith la “emperadora” del blues. Dotada de una voz poderosa, extremadamente expresiva se condujo a su manera durante toda su vida, vivió libremente su sexualidad con hombres y mujeres.
Nació en el año 1894, en Chattanooga, Tennessee, empezó a cantar a temprana edad y tempranamente fue descubierta por Ma Rainey, que viajaba y actuaba en el sur de EEUU.
Era una mujer con gran temperamento, violenta, bebedora y sexualmente promiscua. Prefería la compañía de las mujeres, entre ellas tuvo una relación bastante difícil con una cantante de coros llamada Lillian Simpson. Una biografía de Chris Albertson relata los amplios gustos sexuales de esta cantante de jazz que la llevaron a tener varios conflictos con su esposo Jack Gee, debido al interés de Bessie por las mujeres. La biografía se basa principalmente en testimonios de una de sus sobrinas. Ruby Walker.
Su compañía musical incluía a Boula Lee, casada también una vocalista pero que solía tener sexo con otras mujeres, y Gladys Ferguson, una mujer que se personificaba como hombre, con la cual al parecer tuvo un affaire, a comienzos de la década del 20.
Smith siempre intentó mantener a Gee al margen de sus gustos sexuales, que a veces aparecían mencionados casi en clave en periódicos de chismes, tal como sucedió alguna vez en el Town Tattle.
En el año 1926 irrumpió en su vida Lillian Simpson.
Sobre Bessie Smith, se narran muchas anécdotas, tuvo muchas amantes mujeres, entre ellas una chica llamada Lillian Sampson, historia complicada, con episodios fuertes como el intento de suicidio de la última. Fue en una fiesta donde al parecer manifestó su interés por es chica, tal como lo documenta su biografía: “Bessie se aproximó a Ruby, su sobrina, movió su cabeza en dirección a Lillian, y dijo “”me gusta esa chica”, Ruby interpretó que se refería a la forma de bailar de Lillian, y respondió: “Me alegra, que te guste, lo esta haciendo bien no?”
“No, no quiero decir eso” respondió “Le diré yo misma, porque tu no entiendes nada pequeña”.
Entonces se dirigió hacia Lillian, y le susurró algo al oído, conduciéndola fuera de la habitación. Ruby y Lillian compartían su habitación, pero cuando Ruby despertó al día siguiente comprobó que Lillian no había dormido en su cama. Desde ese momento Bessie y Lillian comenzaron a dormir juntas con frecuencia. Al día siguiente Lilian le comentó a Ruby que había sucedido y le sugirió que ella podía intentarlo con Boula Lee, la cual al parecer había realizado ciertos avances con Ruby, pero la sobrina ya había sido advertida por Bessie que la enviaría a casa si descubría que sucedía algo entre ellas y algunas de las chicas del show.
Luego del intento de suicidio de Lillian en 1927, habiendo superado ciertas reticencias e inhibiciones, pero no el temor que Jack Gee, esposo de Bessie, inspiraba en Lillian, esta decide abandonar a Bessie. Sin ira y sin súplicas culminó esta relación.
En sus canciones no cantó explícitamente sobre el lesbianismo más que en su interpretación de The boy in the boat, sobre el tema homosexual tan solo una canción Foolish Man Blues donde se hace una referencia vaga :
There’s two things got me puzzled, there’s two things
I can’t understand That’s a mannish actin woman and a
skippin,
twistin woman acting man.
Canciones como “Freakish Blues,” de George Hanna eran bastante explícitas en su contenido sobre fluidez sexual. El blues reflejaba una cultura que aceptaba la sexualidad incluidos comportamientos homosexuales, así como identidades como algo natural.
Gladys Bentley fue otra de las grandes cantantes del blues, que llegaron a Nueva York, abandonó su hogar en Pennsylvania a la edad de 16, para empezar a cantar en clubes nocturnos y los llamados speakeasies (tabernas clandestinas). Bentley era muy abierta con su sexualidad, y algunas vez le comentó a una columnista Louis Sobel, que se había casado con otra mujer en Atlantic city. En una entrevista comentó para Ebony Magazine : “It seems I was born different. At least, I always thought so….From the time I can remember anything ,even as I was toddling, I never wanted a man to touch me…Soon I began to feel more comfortable in boys clothes than in dresses.”
Cantó más de un tema dirigido a las bulldaggers (lesbianas que adoptaban un estilo masculino) y las llamadas “sissies” afeminados o mariquitas como el tema Sissy Blues (I dreamed last night I was far from harm
Woke up and found my man in a sissy’s arms
“Hello, Central, it’s ’bout to run me wild
Can I get that number, or will I have to wait a while?”
Some are young, some are old
My man says sissy’s got good jelly roll
My man got a sissy, his name is Miss Kate
He shook that thing like jelly on a plate
Now all the people ask me why I’m all alone
A sissy shook that thing and took my man from me ) solía utilizar cotidianamente vestimentas masculinas, y actuar del mismo modo, vestida de hombre, con el clásico smoking (recordando además que los fenómenos de travestismo femenino eran una práctica utilizada ese entonces incluso desde la época renacentista, tal como lo narran canciones populares, o la cultura impresa y oral incluso en el teatro según Duby aunque notan una suerte de incremente a partir de la segunda mitad del siglo XIX) y según mis datos se casó, en ese entonces con una de sus amantes lesbianas en una ceremonia en Atlantic city en la década del 30, recordando además que muchas mujeres se casaban entre sí, adoptando una de las dos vestimenta y
comportamiento masculino y contando además con la complicidad de algunos sacerdotes. De tal manera solía actuar en lugares míticos como los que se encontraban en la llamada Jungle Alley, donde flirteaba abiertamente con mujeres. Inspiró varios personajes literarios en novelas como “Parties” de Carl Van Vechtens, Deep river de Clement Woods , “Strange Brother” de Blair Niles. Se denominaba Jungle Alley a una avenida donde estaba atestado de clubes nocturnos, y cabarets entre ellos el mítico Cotton Club donde no se admitía hay que precisar público negro y fue bautizado como Lady Mountbatten como “El aristocrático de Harlem”, donde tocaban a pesar de eso figuras del jazz como Ethel Waters, Adelaide may, Duke Ellington y Cab Calloway, los artistas negros no se podían mezclar con la audiencia.

En esos tiempos encontrar trabajo para una mujer era de por sí difícil, hubo muchos casos en que decidieron adoptar vestimenta masculina a fin de hacerse pasar por hombres y así poder acceder a un empleo. Ese fue el comienzo de Billy Tipton, Un clásico caso en el mundo del jazz fue el de Billy Tipton (saxofonista de cierto renombre en el ambiente jazzístico estadounidense), cuyo nombre real era Dorothy pero vivió casi toda su vida como hombre,
incluso se casó y crió niños, y no se supo su verdadero sexo biológico hasta después de su muerte. Se le conocieron al principio relaciones con otras mujeres que sí conocían su sexo, pero con el correr de los años según documenta su biógrafo adoptó por completo una identidad masculina, que aparentemente llevó a la convicción de muchas mujeres de que ella era un hombre, del tal manera que la hermana de su viuda la describe diciendo que Loretta su hermana se negaba a admitir que Billly era una mujer que actuaba la parte del hombre: Billy era un hombre según ella. Esto significaba mucho más que lo exteriormente estereotipado como masculino, sino que además implicaba “comportamiento”, por ejemplo la caballerosidad, la confianza ciertos sustantivos que culturalmente se imponen como masculinos. Hay un muy buen artículo de Eduardo Berti titulado La increíble historia de Billy Tipton. El otro yo, que se puede leer en la web.
Ya a finales del siglo XIX se encontraban ejemplos en alguna pieza teatral de estas realidades, de mujeres travestidas, la obra de A. C. Gunter, Un encantamiento en Florida mostraba a una mujer en el escenario, mostrando ademanes y conductas culturalmente masculinas.
En un libro de Jonathan Ned Katz, se rescatan ejemplos como el de Murray Hall, que vivió como un hombre gran parte de su vida. Hall se era un prominente político que se casó incluso dos veces con mujeres, ninguna de las cuales jamás reveló ese secreto.
Naturalmente el contenido de las letras reflejaban la época y lo que se llamó el Renacimiento de Harlem una suerte de ebullición de la cultura negra en EEUU. Para las mujeres lesbianas para quienes las posibilidades eran aún más limitadas, todo este ambiente ofrecía oportunidades, Mabel Hampton fue una de las tantas que aprovechó esta situación, abandónó de joven su hogar para irse a vivir a Harlem donde trabajó como bailarina junto a su amante, en un show en Coney Island hasta que finalmente obtuvo su lugar en el teatro Lafayette. El trabajo le permitió tener un buen nivel de vida, así como mayor contacto con otras mujeres lesbianas que terminaron por formar su círculo de amigas más cercanas.
La lesbiana más conocida en ese ambiente fue la Bentley como ya lo dije, su primer trabajo fue en uno de esos clubes The Mad House, obtuvo su primer empleo tocando piano, convenciendo al dueño de que una mujer podía tocar tan bien como un hombre, con el tiempo el lugar donde se la podía disfrutar en sus shows pasó a ser el Glam House.
Ese ambiente de tolerancia comenzó a ir en declive a partir de la Depresión y así sucesivamente con la gran caza de brujas de Mc Carthy, que fueron sumiendo en el silencio voces como por ejemplo la Bentley, cuya carrera fue declinando con picos durante la segunda guerra donde hubo una proliferación de bares gays con asistencia de militares, hombres y mujeres que hicieron renacer parcialmente esa cultura bares que capitalizaron ese flujo de gays. Muchas mujeres lesbianas iban a ver sus actuaciones a lugares como El Rancho en Los Angeles y Mona en San Francisco aunque tuvo problemas legales por actuar vestida en forma masculina.
La persecución macarthista la perjudicó notoriamente, de una manera tal que a partir de cierto momento decidió volver a usar vestimenta masculina y la impulsó en forma desesperada a escribir una carta que llevaba por título “Soy mujer otra vez”, en la cual afirmaba que se había curado de su lesbianismo a través de un tratamiento hormonal, y que finalmente estaba en paz luego de una vida infernal.

El jazz un género que particularmente disfruto, para finalizar ha sido por su propia raíz un género y un mundo que ha sido particularmente abierto, música de rebeldía, desenfreno, improvisación, temprano se difundió por Europa, sin barreras de clases y sin ser despreciado como sucedió en muchos casos por ser considerada una música de negros, fue ampliamente acogido por mentes abiertas, justamente como una música que transmitía la idea de libertad y lucha, hasta tal punto que para dar un ejemplo bien claro, fue un género estrictamente regulado por el gobierno alemán de Hitler, tan regulado como detestado por los nazis, debido a lo que de por sí implicaba este género cultivado por los negros y desarrollado por sus amantes. Sobre el jazz existe abundante bibliografía, entre ellos uno de Eric Hobsbawn titulado Gente poco corriente: resistencia, rebelión y jazz, que señala al jazz como una de las vanguardias del siglo veinte, no consideradas comúnmente como las más importantes, pero de un innegable poder expresivo y realmente manifestador de un sentimiento social en su momento, tal como lo fue el cine. Considera al jazz como una especie de movimiento vanguardista no deliberado, base como se sabe del rock, otro movimiento no premeditado, cuyos creadores no estaban en absoluto interesados en la opinión de intelectuales, ni por lo que era considerado “cultura”, en un sentido estrecho del término.
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LAS RELACIONES ENTRE FEMINISMO Y LESBIANISMO (1979)



Dictadura heterosexual
Los homosexuales son la minoría silenciada y silenciosa. Son las mujeres y los hombres invisibles. La grandeza de su pecado justificaba antes la negación de su existencia, incluso de su destrucción física. Su crimen no se cometía únicamente contra la sociedad, no sólo contra la humanidad, sino en contra de la naturaleza.

Decir su nombre, envolver esa palabra en la boca, significaba convertir esa existencia en algo tangible, físico. Durante largo tiempo fueron personas sin tiempo ni lugar concreto, sin lugar social, sin historia. La dictadura heterosexual ha intentado persistentemente situarles en la sombra y fuera de conocimiento. Han realizado todo lo mejor para destruirles.

Durante los últimos cuatrocientos años, los homosexuales, en la historia conocida de Occidente, han sido condenados a muerte de las más variadas formas: a golpes, apedreados, en la hoguera, estrangulados, ahorcados. Los han ejecutado, encarcelado, torturado, prostituído, expulsado de sus trabajos, chantajeado. Los han metido en el cepo, los han declarado enfermos mentales, los han desheredado, los han conducido directamente al suicidio, a la locura, al asesinato, a odiarse a sí mismos. Han sido objeto de la caza de brujas, de humillaciones, de mofa, de insultos, de lástima y, sobre todo, de la soledad más absoluta. Han sido castigados por su pecado, por su delito, por su enfermedad, pero ante todo, despreciados. No se debe olvidar que también han sido castrados, lobotomizados, objeto y sujeto de corrientes eléctricas, psicoanalizados y sometidos a toda clase de “curas”, hasta conseguir seres sin sexualidad propia.
Estas diferentes conductas sociales que se han dado a lo largo de la historia de los homosexuales en general, han dado varios frutos. Desde sentimientos de culpa y minusvaloración, así como problemas con otros homosexuales, hasta los desórdenes mentales más profundos caracterizados por comportamientos claramente antisociales.

La sociedad heterosexual ha condicionado a los homosexuales a actuar como agentes perfectos de su propia destrucción, al ser víctimas de ellos mismos. Auto-opresión, autodestrucción y autoaniquilamiento han sido constantes en la vida de los homosexuales.

Pena de muerte contra el lesbianismo
La horrorosa lista de “curaciones” utilizadas por psicólogos y psiquiatras profesionales han sido el tratamiento más corriente para obtener la asexualización o reorientación heterosexual del individuo. Estos tratamientos constituyen la forma más letal de opresión. Pero mirando hacia atrás -indiscutiblemente con ira- recogemos “remedios” menos sutiles: En 1655, en New Haven Colony, Usa, se castigaba el lesbianismo con pena de muerte…”Si alguna mujer cambia el uso natural…” En 1800 se seguía extirpando los ovarios y el clítoris a las lesbianas, cuando no la matriz. Y hasta 1951 se utilizaba la lobotomía para dejar al individuo sin respuesta sexual alguna. Los fármacos, las drogas, la prescripción de hormonas, LSD, estimulantes sexuales, inhibidores sexuales, tratamiento de shok eléctrico y químico, terapia de aversión al propio sexo y demás sofisticaciones terapeúticas pertenecen a la actualidad tanto como al pasado. Durante la Edad Media los católicos ya aportaron la idea de la abstinencia sexual para lograr la “cura”.
Crimen, pecado, enfermedad mental.

A principios del siglo pasado se discute en Europa la cuestión de la homosexualidad como un fenómeno médico: se la declara como enfermedad mental. Antes fue considerada sencillamente un pecado. Poco más tarde, las legislaciones la recogían como un crimen. Estas tres consideraciones no son, por supuesto, los argumentos de los sectores liberales. Estos opinan que la homosexualidad es producto “de unas variables psicológicas”. Pero el dolor físico y la angustia psicológica se ha inflingido durante siglos sobre millares de lesbianas, de homosexuales. La crisis de autoidentidad, de autoafirmación y reconocimiento como persona, es el problema más grave del homosexual, lo que ha vivido con más dolor y con más sufrimiento.

Sin embargo, el Doctor Mantegazza, en la Italia de finales de siglo se atrevía a decir que la homosexualidad era “un error de la naturaleza”, idéntico argumento que, hace apenas diez años, utiliza la feminista Valérie Solanas para describir al varón…;)

La mujer que se identifica con otra mujer
La diferencia importante entre la homosexualidad femenina y la masculina es que la lesbiana está discriminada no sólo por ser homosexual, sino por ser mujer. (Los hombres homosexuales tienen todas las ventajas de su sexo si permanecen callados, y no son menos misóginos que los hombres heterosexuales. Ellos, en definitiva, no se identifican con el movimiento feminista, son, cuando menos, indiferentes a él y a los problemas específicos de las lesbianas. Si ellas son feministas, no hay otra alternativa que separarse de esos grupos donde quienes dominan son los hombres. Debe evidenciarse que las lesbianas no son deseadas en el seno del grupo, son simplemente toleradas).

Qué es ser lesbiana
Las personas no nacen sexuales, ni heterosexuales, ni homosexuales. Las conductas humanas se aprenden. Sólo los animales inferiores son instintivos. Nuestras experiencias nos enseñan nuestra conducta sexual, que puede resultar hetero, homo o bisexual.
La lesbiana es la mujer cuyos principales intereses eróticos, psicológicos, emocionales y sociales están dirigidos a una persona de su mismo sexo, a otra mujer, aunque estos deseos e intereses no hayan sido expresados abiertamente. La lesbiana es la mujer a la que le atraen otras mujeres. Pertenece a todos los estamentos sociales, está casada, es soltera, es madre, practica todas las religiones, pertenece a todas las tendencias políticas. Para comprender qué es una lesbiana es necesario pensar en ella como una mujer que vive, siente y piensa. Es una mujer.

La estación de servicio del hombre
La heterosexualidad significa trabajo para un hombre. La mujer es una estación de servicio que alimenta, viste, limpia, conforta y calma las necesidades sexuales de la fuerza de trabajo masculina.

Pero la lesbiana atenta radicalmente contra todo esto. No hace lo que debería hacer, ni es lo que debería ser. En definitiva, no cumple con su condición de mujer establecida socialmente. Y ya que su expresión sexual no es reproductora, ella no es natural, y por ello es “pecaminosa”.

El lesbianismo cuestiona los valores que forman parte de la heterosexualidad, el matrimonio, la familia, la dependencia de la mujer por el hombre y los papeles masculinos y femeninos. La lesbiana lucha por la idea de que el sexo es placer y no sólo reproducción.

La represión y la lucha
El modo de producción doméstico y la institución económica por excelencia, la familia, mantenedora de todos los valores de la ideología dominante, no convierten a la mujer lesbiana en sierva del hombre. Porque si bien no tiene un marido que la explote directamente para su propio beneficio, no por ello deja de sufrir la opresión general, consecuencia dialéctica de la explotación de las mujeres heterosexuales. La legislación sexista y machista, la moral dominante, las expectativas sociales de la mujer como femenina, madre, esposa y dependiente de un hombre -sin capacidad propia para amar, para disponer, para trabajar, para ser- las virtudes propias de su sexo impuestas y manejadas por la clase dominante masculina, la educación orientada a la pacífica sumisión al varón, dueño y conquistador de la humanidad, siguen oprimiendo a las mujeres, aunque éstas sean lesbianas.

Por ello, el lesbianismo es una reivindicación más dentro del feminismo, como ideología política global, y si esta opción sexual conlleva una connotación feminista, tiene un significado claramente político en la lucha contra el enemigo varón. Es una actitud de lucha, es una postura definida ante el dominio y el poder del hombre. El lesbianismo no conscientemente feminista comporta todo el significado político que antes hemos aludido, pero con ausencia clara de conciencia de clase, de grupo de esa clase mujer que sufre una marginación específica, pues la importante diferencia entre la homosexualidad masculina y femenina está en que la lesbiana es discriminada no sólo por ser homosexual, sino por ser mujer, sólo el hecho de ser mujer ya sitúa a la lesbiana en situación de inferioridad, en su papel de clase dominada. La menor represión de la homosexualidad femenina a lo largo de la historia demuestra el claro desprecio que los sistemas políticos dominantes tenían por la sexualidad de la mujer. Pero ante todo, debido a que una mujer, independientemente de su opción sexual y de sus apetencias, puede reproducirse, puede dar hijos ya que su facultad generadora no ha muerto al igual que su deseo. Así, el castigo de la homosexualidad masculina ha sido mucho menos severo e inflexible, pues el hombre no puede establecer ninguna clase de relación con una mujer si ésta no le apetece.

Este sector marginal que componen las mujeres lesbianas, ha sido punta de lanza en el feminismo internacional y quizás el que ha logrado imponer alternativas y frentes mucho más revolucionarios a la lucha general por la liberación de la mujer. Sus planteamientos radicales han logrado que el feminismo y el lesbianismo sean en muchas ocasiones una misma cosa, y cuando no, conceptos complementarios ante el enemigo masculino.

Sin embargo, también ha constituido un sector olvidado y despreciado por las compañeras de clase por temor a que se las incluyera en la misma alternativa sexual y política que significa el lesbianismo militante. Sin duda, de los sectores de la clase mujer, el de las lesbianas, es el que ha aportado más significados revolucionarios en la lucha feminista.

De las Tesis del partido feminista.

Ed. de Feminismo, Barcelona, 1979


Por la Lic. Isabel Monzón

Este trabajo fue presentado en la «II Jornada de actualización. Femineidad - masculinidad: nuevos sujetos y sus prácticas. Perspectivas teóricas y abordajes alternativos» convocadas por el Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólologos de Buenos Aires el 2 de noviembre de 1996 y en las Jornadas «Del padecimiento a la creatividad» realizadas por la Fundación CIAP los días 6 y 7 de noviembre de 1997 en Buenos Aires.

No hay una sola concepción psicoanalitica acerca de la homosexualidad. En el DSM IV (Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), la homosexualidad no figura como patología mientras que las parafilias (perversiones) son consideradas trastornos sexuales y la transexualidad es conceptuada como un trastorno de la identidad sexual.

HOMOFOBIA INTERNALIZADA

Es significativa la frecuencia con que algunos profesionales de la salud mental ignoran o descalifican los dictámenes del DSM IV. Para el doctor Mauricio Abadi, vocero oficial de una parte de la comunidad psicoanalítica, la homosexualidad es una «entidad anormal», una «anomia», una «enfermedad discapacitante». El terapeuta que adhiere a estas concepciones, quiéralo o no, se transforma en cómplice del mismo sector social que margina a los homosexuales. Y se coloca, parafraseando a Ricardo Rodulfo, en el riesgo de una incómoda convergencia con monseñor Quarracino. Para esta concepción, entonces, el homosexual debe forzarse a sí mismo a amar a quien no ama y a no amar a quien sí ama, mutilando su verdadero ser. Si un profesional orienta a su paciente de esta manera, no sólo da muestras de sufrir homofobia sino que, además, provoca iatrogenia. Otros profesionales de la salud mental, cubriendo ese prejuicio con la piel de cordero del paternalismo, harán minuciosas investigaciones disfrazadas de ciencia, buscando ora el origen de la homosexualidad, ora patología en lesbianas y gays, en sus padres y/o en sus hijos. Por otra parte, la homofobia no transita solamente por creencias conscientes. Se filtra peligrosamente en el psiquismo inconsciente, disfrazándose hábilmente a través de los mecanismos defensivos de racionalización, negación y proyección. Al respecto, hago mías las palabras de Cecilia Sinay-Millonschik cuando dice que es necesario tratar de «desmontar, viviseccionar y sacar a luz el prejuicio, en tanto asfixia nuestros pensamientos y percepciones».
Cuando, presionado por su entorno social, el homosexual internaliza en su psique la prohibición de amar a personas de su mismo sexo -proceso que Weinberg denomina homofobia interalizada - su yo se desgarra, se empobrece, se pierde detrás de un falso self. Freud decía: es preciso amar para no enfermar.
Para la concepción homofóbica, a cualquiera que se desvíe del modelo dominante de la relación masculino - femenino se le niega la existencia social o se le condena. El efecto de estas actitudes es privar a los gays y lesbianas de cualquier tipo de visibilidad en su entorno. En el caso de que esos homosexuales tengan hijos, las actitudes homofóbicas también suelen recaer sobre ellos.
A pesar de que las parejas y madres lesbianas existen, en nuestro país esa realidad aparece invisibilizada. La familia lesbiana ni siquiera tiene nombre. Lo que no se nombra no existe o, lo que es lo mismo, al no nombrarlo lo que existe se desmiente. Esta desmentida social se acompaña con otra de carácter científico, en este caso la psicoanalítica, desmentida que provoca, como una de sus consecuencias, que no exista una teorización que dé cuenta de los avatares de las configuraciones vinculares lésbicas. Los profesionales e instituciones especializados en terapia familiar psicoanalítica no reciben derivaciones ni demanda de tratamiento. O, si lo hacen, no hablan de ello. En muy contadas ocasiones, surge la posibilidad de atender a parejas de mujeres.
Entonces, teorizar psicoanalíticamente acerca de la pareja y familia lesbianas argentinas no es tarea fácil. La falta de antecedentes bibliográficos, la existencia de postulados teóricos no revisados a la luz de la clínica, sumado a que nuestra sociedad toda pertenece a un Tercer Mundo que padece una grave crisis económica y un poder hegemónico de una Iglesia Católica que influye fuertemente sobre nuestros gobernantes y nuestra legislación, hacen de esto un objeto de estudio casi utópico.
Por otra parte, en las concepciones teóricas que sustentan la práctica de la terapia vincular en general no se incluye la perspectiva de género, salvo cuando las que la implementan son feministas.
Los roles de género, que han sido organizados de manera de colocar a los hombres en una posición dominante y a las mujeres en un lugar subordinado, también atraviesan a la pareja y a la familia de lesbianas, ya que, de una u otra manera, esos roles se encarnan en ellas o las rondan.
Los conceptos predominantes de familia «normal» (padre-madre-hijos) también se sustentan en esa ideología. Ideología que origina una concepción que influye también en los profesionales especializados en terapia vincular. Sin embargo, el hecho de que el número de familias «normales» se haya reducido y que, estadísticamente, sea tan grande el número de las atípicas, alternativas o «empíricas» - como prefiere llamarlas Eva Giberti- , parece tener poco efecto en el campo de la ideología, precisamente por el dogmatismo al cual antes hice referencia. Esto se corresponde con el hecho de que los estados totalitarios, para poder controlarla, establecen una idea única de familia. La ideología de la familia «normal» es perjudicial por los efectos que produce en otras que son diferentes: las homosexuales, las de un solo progenitor, las parejas sin hijos, las organizaciones de vida comunal. La falta de sostén social conduce, como bien señalan Goodrich, Rampage, etc., a que esas otras familias se aíslen «en una especie de subcultura que las empobrece». Y, como ya sabemos, todo ghetto mutila la subjetividad de sus integrantes.

FAMILIA LESBIANA

La familia lesbiana argentina está constituida de diversas formas. Dos mujeres viven unidas en pareja, o conviven junto con los hijos que una de ellas o ambas han tenido en vínculos heterosexuales. Una madre lesbiana vive con sus hijos pero o no tiene pareja o no comparte el hogar con ésta (a veces, para no perder la tenencia de los hijos). Las otras maneras en que las lesbianas forman familias son excepcionales en nuestro país: si una pareja adopta o recurre a la fertilización asistida debe hacerlo ocultando su lesbianismo. Para muchos países del Primer Mundo, en cambio (algunos estados de Norteamérica o algunos países europeos como Dinamarca u Holanda), la pareja y maternidad lésbicas están legitimizadas.
Deseo de hijo, la inserción de ellos en una sociedad que discrimina al diferente, la relación de los hijos con la pareja lesbiana de su madre, el miedo de perder la tenencia, son algunas de las inquietudes que con frecuencia desvelan a las madres lesbianas.
¿Y el padre? ¿Cómo se ejerce la ley del padre en una familia de lesbianas con hijos? Sabemos que se trata de una función simbólica y que, como tal, puede instrumentarla cualquier integrante, independientemente del sexo y del lugar que ocupe en la familia. Por otra parte, si los hijos de madres lesbianas son fruto de una anterior pareja heterosexual, el vínculo con el padre continuará. Tanto la maternidad como la paternidad trascienden la biología: son trabajos que, parafraseando a Thomas Laqueur, incesantemente, se hacen (o deberían hacerse) con el corazón. Si el vínculo con el hijo se vuelve visceral, es debido al laborioso ejercicio que se hizo de él. Vínculo siempre ambivalente y conflictivo pero en el que, al fin de cuentas y en el mejor de los casos, predomina el amor.
Los límites de esta ponencia me impiden profundizar más los temas tratados y abordar otros nuevos. Los vínculos de las lesbianas con sus propias madres y con sus familias de origen, las características singulares de las parejas lésbicas, si los hijos de madres lesbianas tienen o no rasgos que los diferencien de otros, los roles de género atravesando a las familias y parejas lesbianas, el imaginario social sobre el lesbianismo, son algunos de los interrogantes que quedan pendientes. Para finalizar, quiero hacer mía una reflexión de Caroline Stevens: La familia existe para reconocer, cobijar y fomentar posibilidades creativas que aguardan en cada ser humano. Lo que sienta el fundamento del bienestar de todos los miembros de una familia es la experiencia de un hogar construido por dos individuos de cualquier sexo que cooperan y se aman, aportando sus diversos dones a la creación de un ambiente sustentador. Adrienne Rich sostiene una idea complementaria cuando expresa tener la esperanza de que, algún día, hombres y mujeres puedan experimentar formas de amor, de paternidad y maternidad, de comunidad e identidad que no estén basadas en mentiras, secretos y silencios.

Gran canarioparatorpes

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LA HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA Y LA EXISTENCIA LESBIANA


Por Adrienne Rich

Si las mujeres son las fuentes más tempranas del cuidado emocional y de la nutrición física para los niños tanto del sexo femenino como del masculino, parecería lógico, al menos desde una perspectiva feminista, plantear las preguntas siguientes: si la búsqueda de amor y ternura en ambos sexos no lleva originalmente hacia las mujeres; por qué de hecho alguna vez las mujeres querrían dar una nueva dirección a esa búsqueda; por qué la supervivencia de la especie, los medios de fecundación y las relaciones emocionales y eróticas deberían, en todo caso, volverse tan rígidamente identificados los unos con las otras; y por qué deberían de encontrarse con restricciones tan estrictas para obtener a fuerzas la lealtad emocional y erótica de la mujer y su subordinación a los hombres. Dudo que suficientes estudiosas y teóricas feministas hayan hecho el esfuerzo de reconocer las fuerzas sociales que arrancan las energías emocionales y eróticas de las mujeres de ellas mismas, de las otras mujeres y de los valores identificados con la feminidad. Estas fuerzas, como trataré de mostrar, van de la esclavización física literal hasta el disfrazamiento y la distorsión de opciones posibles. (…)

En su ensayo «El origen de la familia», Kathleen Goughe numera ocho características del poder masculino en sociedades arcaicas y contemporáneas, características que quisiera usar como marco de referencia: «la capacidad de los hombres de negar la sexualidad de las mujeres o de imponerla a ellas; administrar o explotar su trabajo para control su producto; controlar a sus hijos o despojarlas de ellos; encerrarlas físicamente e impedir su circulación; o negarles acceso a grandes áreas del conocimiento social y de los logros culturales». [1] (…)

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Es más fácil de reconocer la manera en que algunas de las formas en que el poder masculino se manifiesta obligan a la heterosexualidad más que en otras. Sin embargo, cada una de las que he enunciado contribuye al conjunto de fuerzas dentro de las cuales las mujeres han sido convencidas de que el matrimonio y la orientación sexual hacia los hombres son componentes inevitables de sus vidasaunque sean insatisfactorios u opresivos. El cinturón de castidad, el matrimonio infantil, la erradicación de la existencia lesbiana (excepto como exótica y perversa) del arte, la literatura y el cine, la idealización del amor y el matrimonio heterosexual; todas estas son formas bastante obvias de compulsión, las primeras dos con el concurso de la fuerza física, las otras dos con el control de la conciencia. Mientras que las feministas han atacado la clitoridectomía como una forma de tortura contra las mujeres, [2] Kathleen Barry fue la primera en señalar que esto no es simplemente un modo de convertir a una muchacha en mujer «casable» mediante una cirugía brutal. Tiene como objeto que las mujeres en la proximidad íntima del matrimonio polígamo no quieran formar relaciones sexuales entre ellas, quedesde una perspectiva masculina y genital fetichistalas conexiones eróticas femeninas, estarán literalmente excluidas, incluso en una situación de segregación de sexos. (…)

En su estudio brillante “El hostigamiento sexual de las mujeres trabajadoras: Un caso de discriminación sexual”, Catharine A. MacKinnon traza la intersección de la heterosexualidad obligatoria y la economía. Bajo el capitalismo, las mujeres son segregadas horizontalmente por sexo y ocupan una posición estructuralmente inferior en el lugar de trabajo.(…). Ella cita una gran cantidad de material que documenta el hecho de que a las mujeres no sólo se les segrega en trabajos de servicio mal pagados (como secretarias, empleadas domésticas, nanas, secretarias, operadoras telefónicas, educadoras, meseras), sino que además la «sexualización de la mujer» es parte del trabajo. Un requisito central e intrínseco a las realidades económicas de la vida de las mujeres es el de que las mujeres «ofrecerán comercialmente su atractivo a los hombres, que tienden a detentar el poder y la posición económicos para imponer sus predilecciones». [3] (…)

Esto da lugar a una diferencia específica entre las experiencias de las lesbianas y las de los hombres homosexuales. A una lesbiana, que oculta sus preferencias en el trabajo por los prejuicios heterosexistas, no sólo se le fuerza a negar la verdad de sus relaciones fuera del trabajo o en su vida privada; su trabajo depende de que pretenda ser no sólo heterosexual, sino una mujer heterosexual en términos de vestir y actuar el papel femenino y deferente, requerido de las mujeres «reales». (…)

La heterosexualidad obligatoria simplifica la tarea del proxeneta y del alcahuete en los círculos de prostitución universales y en los «centros Eros» mientras que, en la privacidad del hogar, lleva a la hija a «aceptar» la violación incestuosa de su padre a la madre, a negar que ello está ocurriendo, a la esposa golpeada a permanecer con un esposo abusivo. «Hacer amigos o cortejar» es una de las prácticas más importantes del alcahuete, cuyo trabajo consiste en entregar la muchacha escapada o confusa al chulo para que la prepare. La ideología del amor heterosexual, transmitido a ella desde la infancia por los cuentos de hadas, la televisión, las películas, la propaganda, las canciones populares, las ceremonias nupciales, es un instrumento idóneo en manos del alcahuete, y uno que no duda en usar, como documenta Barry. El temprano adroctinamiento femenino en «amor» como emoción puede ser en gran parte un concepto occidental; pero una ideología más extendida profesa la primacía y la incontrolabilidad del impulso sexual masculino. (…)

El supuesto de que «la mayoría de las mujeres son innatamente heterosexuales» destaca como una piedra de choque para el feminismo. (…) Sin embargo, la omisión en examinar la heterosexualidad como una institución es como la omisión en admitir que el sistema económico llamado capitalismo o el sistema de castas del racismo se mantiene por una variedad de fuerzas, incluyendo tanto la violencia física como la falsa conciencia. (…)

He escogido usar las expresiones de existencia lesbiana y continuo lesbiano porque la palabra lesbianismo tiene resonancias clínicas y limitantes. La expresión existencia lesbiana sugiere tanto el hecho de la presencia histórica de las lesbianas como de la creación continua del significado de esa existencia. Con el término de continuo lesbiano me propongo incluir una gama de experiencias identificadas con la mujer a través de la vida de cada mujer y a través de la historia y no simplemente el hecho de que una mujer haya tenido o deseado conscientemente experiencia sexual genital con otra mujer. Si lo expandimos para que incluya muchas más formas de intensidad primaria entre mujeres, como el compartir una vida interna rica, la asociación contra la tiranía masculina, el dar y recibir apoyo práctico y políticos y también podemos detectarlo en tales asociaciones como resistencia al matrimonio (…) empezamos a captar dimensiones de la historia y la psicología femeninas que han quedado fuera de nuestra comprensión como consecuencia de definiciones limitadas, casi todas clínicas del lesbianismo.

La existencia lesbiana comprende tanto la ruptura de un tabú como el rechazo de un modo de vida obligatorio. También es un ataque directo e indirecto al derecho masculino de acceso a las mujeres. (…)

Históricamente, las lesbianas han sido privadas de una existencia política mediante su supuesta inclusión como versiones femeninas de la homosexualidad masculina. Poner en el mismo plano la existencia lesbiana y la homosexualidad masculina porque ambas son objeto de estigma es borrar la realidad femenina una vez más. Obviamente, parte de la historia de la existencia lesbiana se encuentra donde les lesbianas, a falta de una comunidad femenina coherente, han compartido una especie de vida social y de causa común con los hombres homosexuales. Pero hay diferencias: la falta de privilegios económicos y culturales de las mujeres con respecto a los hombres, las diferencias cualitativas entre las relaciones femeninas y las masculinaspor ejemplo, los patrones de sexo anónimo entre homosexuales masculinos y la pronunciada consideración de la edad en los patrones de atractivo sexual entre los hombres homosexuales. Yo percibo la experiencia lesbiana, como la maternidad: una experiencia profundamente femenina, con opresiones, significados y potencialidades particulares que no podemos comprender si simplemente las engrampamos con otras existencias sexualmente estigmatizadas. (…)

Si consideramos la posibilidad de que todas las mujeresdesde la infante que mama del pecho de su madre a la mujer crecida que experimenta sensaciones orgásmicas al dar de mamar a su propia progenie, tal vez al recordar el olor de la leche de su madre en el de la suya propia, a dos mujeres, como la Cloe y la Olivia de Virgina Woolf, que comparten un laboratorio, a la mujer que muere a los noventa, tocada y cuidada por manos de mujerexistan en un continuo lesbiano, podemos vernos como saliendo y entrando a este continuo, ya sea que nos identifiquemos como lesbianas, o no. (…)

No se puede suponer de las mujeres como las que aparecen en el estudio de Caroll Smith-Rosenberg que se casaron, seguían casadas y, sin embargo, vivían en un mundo femenino profundamente emotivo y pasional, que hayan preferido o escogido la heterosexualidad. Las mujeres se han casado porque era necesario para sobrevivir económicamente, para tener descendencia que no sufriera de privaciones económicas ni del ostracismo social, para permanecer respetable, para hacer lo que se espera de una mujer, porque, al provenir de una niñez supuestamente anormal querían sentirse dizque normales y porque se ha presentado el amor heterosexual como la gran aventura, deber y consumación para la mujer. Podemos haber obedecido ala institución de la heterosexualidad fiel o ambivalentemente, pero nuestros sentimientosy nuestra sensualidadno han sido domados ni contenidos dentro de ella. (…)

La doble vidaeste consentimiento aparente de una institución fundada en el interés y las prerrogativas masculinasha sido característica de la experiencia femenina: en la maternidad y en muchos tipos del comportamiento heterosexual, incluyendo los rituales del cortejo; la pretensión de asexualidad de la esposa decimonónica; la simulación del orgasmo de la prostituta, de la cortesana, de la mujer «sexualmente liberada» del siglo XX. (…)

La identificación femenina es una fuente de energía, un dínamo potencial del poder femenino, cercenado y contenido por la institución de la heterosexualidad. La negación de la realidad y de la visibilidad a la pasión de la mujer por la mujer y a la elección de una mujer por otra como aliada, como compañera de vida y como comunidad, el forzar tales relaciones al disimulo y a su desintegración bajo intensa presión han significado una perdida incalculable del poder de todas las mujeres para cambiar las relaciones sociales entre los sexos, para liberarnos cada una y las unas a las otras. La mentira de la heterosexualidad femenina obligatoria daña ahora no sólo los estudios feministas, sino todas las profesiones, todas las obras de referencia, todos los planes de estudio, toda relación o conversación sobre la que se cierne. (…)

Otro nivel de la mentira es la implicación que se encuentra con frecuencia de que las mujeres se vuelven hacia las mujeres por odio a los hombres. El escepticismo profundo, la precaución y la justa paranoia acerca de los hombres puede de hecho formar parte de la respuesta de cualquier mujer sana a la misoginia de la cultura dominada por los hombres, alas formas asumidas por la sexualidad masculina supuestamente normal, y por la incapacidad, incluso por parte de hombres supuestamente sensibles o politizados de percibir o considerar estos asuntos como perturbadores. Se representa también la existencia lesbiana como un mero refugio de los abusos de los hombres más que como una carga ecléctica y reforzadora entre las mujeres. (…)

Podemos decir que hay un contenido político naciente en el acto de elegir a una amante o a una compañera de vida mujer frente a la heterosexualidad institucionalizada. Pero para que la existencia lesbiana consume este contenido político en una forma liberadora hasta las últimas consecuencias, la decisión erótica debe profundizarse y expandirse en una identificación femenina consciente: en un feminismo lesbiano.

La obra que queda por delante, la de desenterrar y describir lo que aquí llamo «existencia lesbiana» es potencialmente liberadora para todas las mujeres.(…)

La cuestión surgirá inevitablemente: ¿Debemos condenar todas las relaciones heterosexuales, incluyendo las menos opresivas?. Creo que este asunto, aunque con frecuencia emotivo, está mal planteado aquí. Hemos estado empantanados en un laberinto de dicotomías falsas que nos impide aprender la institución en su conjunto: matrimonios «buenos» contra «malos»; «matrimonio por amor» contra matrimonio arreglado; sexo «liberado» contra prostitución; relaciones sexuales heterosexuales contra violación [4]; Liebeschmerz [5] contra humillación y dependencia. Desde luego, dentro de la institución de la heterosexualidad existen diferencias cualitativas de experiencia; pero la ausencia de alternativa sigue siendo la gran realidad no reconocida, y por la ausencia de alternativa, las mujeres seguirán dependiendo de la oportunidad o de la suerte de relaciones particulares y no tendrán el poder colectivo para determinar el significado y el lugar de la sexualidad en sus vidas.

Notas:

[1] Kathleen Gough, «The origin of the family» en Toward an anthropology of women (Hacia una antropología de las mujeres) ed. Rayna [ Rapp] Reiter(New York: Monthly Review Press, 1975), p. 69-70.

[2] Frans P. Hosken «The violence of power: Genital mutilation of females» («La violencia del poder: La mutilación genital de las mujeres’), Heresies: A Feminist Journal of Arts and Politics 6 (1979): 28-35.

[3] Catharine A. MacKinnon, Sexual Harassment of Working Women: A Case of Sex Discrimination (NewHaven: Yale University Press, 1979), p. 174.

[4] Dicotomía que funciona en inglés, no encastellano. N. del T.[5] Dolor de amor. N. del T.

Valeria Flores
“Fugitivas del desierto”
Lesbianas feministas
Neuquén



¿Por qué sólo una Lengua?

¿Una lengua escindida?

¿Una lengua partida?


Multiplicar los sentidos

La lengua que se bifurca multiplica los sentidos, amplía y potencia la capacidad de establecer una relación significativa con el mundo. Se erige contra un lenguaje burocrático y retórico, de frases hechas, estériles y repetitivas.

Una punta, formula el pensamiento en los términos con los que aprendió a hablar, y la segunda, intenta reformular esos mismos términos, dar pie a la extrañeza. Una lengua que niega y afirma, de reacción y de creación. Dando lugar a la apertura del pensamiento, desde la confianza de quien aprendió a hablar, edifica un lugar tentativo y otro afirmativo, que instalan una rebelión de la sujeta silenciada, del deseo negado, del impudor, y retoman una genealogía ocultada o suprimida. De este modo, hablar desde una zona inexplorada permite escenificar los sentidos borrados, proyectando un nuevo imaginario en una especie de formación inestable que desconcierte.

Si la lengua es ligazón y apertura a los otros, la lengua bífida es una manera de vivirla ligada al placer y a la confianza. Por eso es una lengua “encarnada”, cuyas coordenadas semióticas emergen de la relación cuerpo-palabra, que se desadhiere de los códigos de expresión y conducta estandarizados, los que imponen el constreñimiento emotivo en frases preconcebidas, incapaz de nutrirse en esa reserva infinita e imprevisible de sentido.

Una lengua hendida por la reinvención y la sospecha, continuo juego y rechazo de significantes, especialmente contra los a priori que fijan y determinan vidas y sentidos. Si los lugares comunes de la exclusión son el silencio y la ausencia, es necesario ocupar el lugar cuestionado y confrontarlos abiertamente.

La lengua bífida habita el territorio político donde las palabras se definen, se negocian y se disputan. Si sobre el asesinato de la Impura se fundó la Historia, en esta lengua vive su cadáver, su recuerdo, el azote constante de su razón de justicia. En el relato bíblico, fue la serpiente la que forzó la “caída”, que resultó en un nuevo saber; entonces, la lengua bífida es una posibilidad poética y política a decodificar en el mundo contemporáneo.


Una lengua para contra-decir

Las lesbianas usamos nuestra lengua bífida como un sensor que recoge experiencias, retazos de palabras; cuando la lengua ingresa nuevamente a la boca, la información es registrada, procesada y analizada. Esta información obtenida nos guía en nuestro camino de búsqueda, resistencia y sobrevivencia, indicando si debemos tomar hacia un lado o hacia el otro. De este modo, se constituye en una práctica sexual y cognitiva de libertad, una libertad que no tiene nada que ver con el concepto liberal de ideal regulativo o normativo de la condición humana responsable y respetuosa. Así es que nuestra lengua tiene dos puntas.

Es lengua bífida porque en la erótica lesbiana, las dos lenguas conjugan su humedad en la unidad del deseo que estalla frente a las narices de la normatividad.

Las lesbianas políticas hablamos de esta manera, con un extremo articulando una voz de contraste, repudio, rechazo y repulsión, a la lengua del Padre; el otro extremo, intentando configurar una lengua propia desde la extrañeza, desde esas relaciones tejidas con/desde nuestros deseos, con otras lesbianas, con la “hija del diablo” que quiere pensar otro mundo. En la tradición judeocristiana, el diablo representa cada uno de los ángeles rebelados contra Dios y arrojados por Él al abismo. En lo diabólico encontramos energía, la fuerza de la rebelión. El día que la palabra diabólica de la extrañeza se vuelva incensurable, el orden simbólico patriarcal se encontrará virtualmente arruinado.

Así, nuestra lengua bífida sale al espacio público para combatir la economía del deseo heterosexual que genera un abrumador mutismo sobre nosotras o también, en su (d)efecto, una producción de fantasías que dominan el imaginario hetero masculino, sustentado en una relación de poder y violencia. Y esta economía también implica procesos de producción, distribución, circulación y uso de las palabras, una administración y distribución de recursos expresivos, que produce una única Lengua, la que penetra y coloniza las bocas, los ojos y las manos que hacen inteligible el mundo.

En el discurso del deseo masculino, las mujeres tienen una posición de objeto, la mujer está formulada desde la ausencia, desde aquello de lo que carece. Si la mujer es la ausencia, las lesbianas somos lo ausente de la ausencia, una sujeta ausente pero prisionera del discurso, inexpresable pero exhibida.

Es en la dialéctica entre los recursos de la Lengua y la otra lengua, intrusa o fronteriza, donde se preserva la creatividad lingüística.

Lengua de mujer y de lesbiana, la raza “bastarda” de las mujeres, aquella en la que la culpa no halla posibilidad de expiación. La vida de la bastarda se desarrolla en el terreno prohibido, vivirá en la cruz de su contradicción porque, por una parte, le está permitida toda licencia y todo pecado en tanto es infracción de las reglas, pero por otra, tendrá que convertirse en criatura aceptable. De esta manera, su lengua es expresión ineludible de la herida visible.

Lengua de feminista y de lesbiana, de serpiente que incita a la desobediencia. De la rebeldía y del guetto que refugia, pero que contraría la autocomplacencia de víctima. La sexualidad femenina no reproductiva ha sido expulsada y excluída del discurso de occidente. La construcción y apropiación de lo femenino para uso del erotismo masculino asegura la heterosexualidad institucionalizada obligatoria, una sexualidad bisexuada, determinada por la oposición masculino/femenino. La lengua bífida se sabe generada por el contrato social heterosexual, pero su sobrevivencia estará marcada por confrontar el acuerdo entre los sistemas teóricos y epistemológicos modernos de no cuestionar el a priori del género y de sostener que la oposición hombre-mujer es fundante y necesaria de toda cultura.

Como el imaginario y lo simbólico masculino han impregnado cualquier posibilidad de palabra, la lengua salvaje es la que nos convierte en extranjera, para mantener una relación viva con la realidad. Por ello, nuestro habla se convierte en un duelo de lenguas que forman la memoria palimpsestuosa de la unión con nuestro cuerpo, dando forma a la estética del fragmento, una forma de mirar las historias, que pueda reconocer las rupturas y discontinuidades, los placeres simultáneos de la identificación y desidentificación con el pasado.

La lengua bífida expresa una gramática afectiva y política de la lesbiana que vive en tensión y conflicto, pero que reinvindica la autoridad sobre las propias palabras y acciones. Se asume vulnerable en al antagonismo que provocan sus palabras al combinar prácticas políticas reflexivas y de conocimiento, análisis crítico y activismo político.

Representa la lengua del monstruo y de la inválida, de la que estremece los cimientos de lo establecido y de la que se revuelve en el confinamiento del sentido adjudicado por el orden político, social y sexual hegemónico.

Quien habla esta lengua emprende la osadía de indagar sobre sí misma, en la necesidad de hacerse conciente acerca del significado de la propia existencia, y no se deja intimidar por la amenaza de ser agrupada en las extremistas, radicales y exageradas. Nos conduce, así, a una manera diferente de habitar el lenguaje en la que la travesía personal y social es su activa inspiración.

Hablamos el lenguaje de los hombres y el silencio de las mujeres, una contradicción interna, precisamente la contradicción específica del discurso feminista. La lengua bífida es un invento de práctica del lenguaje en la que el género no se ve suprimido ni desmaterializado en la misma discursividad, sino reivindicado y negado al mismo tiempo, afirmado y cuestionado, deconstruido y reconstruido.

La lengua bífida se instala como una cuña dentro del discurso dominante para minar sus pretensiones de homogeneidad y universalidad. Hablar la lengua bífida significa seguir sosteniendo una realidad múltiple que ningún discurso puede decir unívocamente, de forma completa o universal. De este modo, intenta convertirse en una salida a la prisión del lenguaje patriarcal, desplazando el significado que gobierna el lenguaje, situándolo para siempre fuera del alcance de un conocimiento estable y autentificador, alentada su existencia por la sangre de posiciones múltiples y contradictorias, situadas y parciales, en la que se articulan de manera no reductora, las variadas diferencias de clase, género, sexualidad, etnicidad, nacionalidad, en un capitalismo heteropatriarcal racialmente estructurado. Esta manera de hablar implica, desde el punto de vista de la opresión, una propia organización conceptual de lo social y su revaloración por medio de nuevos conceptos.

La lengua bífida es la del closet y la del coming out, expresando esa relación controvertida con la política sexual de la verdad. El closet nos mantiene en la invisibilidad e ignorancia en tanto otros tienen el conocimiento “privilegiado” de nuestra identidad sexual, por lo tanto, también su control. Por el contrario, el coming out es el acto político que desestabiliza el orden de lo visible, en el que nos adjudicamos el estatus de sujetas; pero que, sin embargo, la legitimidad para hablar, ser escuchadas y tomadas en serio, sin tratar de negar o poner entre paréntesis la condición de lesbiana, se devalúan en forma continua, arrojándonos al lugar del descrédito como sujetas hablantes. Es el/la heterosexual quien tiene las credenciales que autorizan a hablar, las que nunca deben ser presentadas por ocupar la posición de privilegio.

Si el yo es una necesidad política, de superviviencia tanto física como psíquica y también epistemológica, lo que define esta lengua es un deseo nacido de esa necesidad, transformando una política del yo, en la que se hace sentir el sedimento de la historia de las mujeres, en la voluntad de validar y confirmar la propia presencia viva en el mundo. En este sentido es una lengua que porta historias, historias que interrogan, de vidas en pedazos, de desechos. Por esta razón, es primordial que exceda los límites y discursos de aceptación, pacificadores de fracturas.

Advenir de este modo a la lengua bífida impone una división: aprender a mirar en dos direcciones divergentes simultáneamente, un doblez entre una hablante disminuida a la servidumbre por los designios del patriarcado, y su identificación explícita con la otra, que representa el plano de los deseos y la política en contraste con su realidad. Al mismo tiempo, esta lengua intenta designar un número creciente de prácticas de representación de la lesbiana, que promueva itinerarios de lectura para desdomesticar el cuerpo y la palabra de las mujeres. Es por ello que el exceso es una estrategia política fundamental, produciendo imágenes o contra-imágenes, hiperbólicas, provocadoras, ultrajosas apasionadas y suficientemente violentas en el lenguaje y complejas en la forma como para destruir el discurso amoroso masculino y reinventar lo erótico y el amor, que permita a la lesbiana reconstituirse en otra economía erótica, reconocerse en otra semiótica. Por ejemplo, explorando las humedades de las palabras, esas que se van corroyendo por el tiempo, devolviendo o aproximándonos a la inteligibilidad del placer, a la especificidad del erotismo lesbiano.

La lesbiana, como sujeto de un conocimiento distinto, tal como dice Wittig, no es una mujer, no es el sujeto social mujer, sino el sujeto de una particular “práctica cognoscitiva” que permite rearticular las relaciones sociales y las condiciones mismas del conocimiento desde una posición excéntrica respecto a la institución de la heterosexualidad. De esta manera, posibilita transformar las condiciones de visibilidad social y redefinir el campo de lo visible, es decir, de lo que se puede ver, en tanto las formas de la visibilidad social y las formas de subjetividad están determinadas y delimitadas por una perspectiva heterosexual.

Esta práctica cognoscitiva de la sujeto-lesbiana se manifiesta en la escritura como práctica de la contradicción y se vive en la conciencia de escribir, pensar, sentir, desear, en la no coincidencia de experiencia y lenguaje, en los intersticios de la representación, en los intervalos que nuestros amos no han conseguido llenar con sus palabras de propietarios. Y la lucha con el lenguaje para re-escribir el cuerpo, más allá de sus representaciones convencionales y precodificadas, no puede contentarse con la reapropiación ni la representación del cuerpo femenino tal como está, domesticado, materno, sexuado por Edipo o por un imaginario dual, es necesario y prioritario pensarlo, hacerlo accesible en otra economía socio-sexual. Por ello, la lengua bífida es una lengua capaz de producir una ficción teórica, una práctica de escritura en femenino experimental en la forma, crítica y lírica, autobiográfica y filosófica, que atraviese los límites impuestos por los géneros - entre poesía y prosa, entre palabra e imagen, entre narrativa y crítica- creando nuevas correlaciones entre signos y significados, entre lenguaje y cuerpo.

Una lengua bífida es la que se resiste a ser saneada o heterosexualizada

La lengua bífida: entre el deseo y la política, un espacio habitable

“j/e es el símbolo de la vivencia quebrantada que es m/i escritura, de ese desgarro en dos que constituye en toda la literatura el ejercicio de un lenguaje que no m/e constituye en sujeto,” ha escrito Wittig. Esa partición en dos, esa lengua bífida expresa un doble movimiento, siendo al mismo tiempo la condición de un silencio forzado y de la victoria sobre el mismo con la entrada en el discurso; esta entrada tiene lugar con la toma de conciencia y la afirmación de la propia división de sujeto, de las diferencias de que deriva toda identidad que tiene necesidad de ser reinvindicada.

La lengua de la lesbiana interpela el mecanismo que debería convertir en automática, para las mujeres, la producción y reproducción ininterrumpida de la heterosexualidad, que erotiza la dominación y el control. La representación que persigue la lengua bífida se aleja de la simple oposición lesbiana/heterosexual e invita a plantearse la pregunta del deseo lesbiano en un continuum de relaciones, práctica crítica y de vivencia. Es necesario pensar el lesbianismo fuera de esa oposición, para recuperar los espacios eróticos y las prácticas necesarias para la existencia de una comunidad, no en términos de lazos naturales, sino una comunidad como fruto del trabajo, de la lucha, la interpretación. De esta manera, es una lengua del deseo inverso y diverso, por un lado, afirmando una sexualidad femenina activa y autónoma respecto del hombre, y por otro, reivindicando y expresando los impulsos eróticos directos hacia las mujeres, de un deseo por las mujeres que no se confunda con la mera identificación entre mujeres. Esta des-identificación de la feminidad no resulta necesariamente en su opuesto, no se convierte en una identificación con la masculinidad, sino que se traduce en una forma de subjetividad femenina que excede la definición fálica.

Toda transformación implica dejar o renunciar a un lugar seguro por otro lugar desconocido, en el que se corre un riesgo no solo afectivo sino también conceptual, un lugar en el que hablar y pensar son actos inciertos, inseguros y no garantizados. Este desplazamiento, des-identificación de un grupo, una familia, un yo, una casa, es un desplazamiento del propio modo de pensar, comporta nuevos saberes y nuevas modalidades de conocimiento.

Este proceso de conocimiento insólito, no es únicamente personal y político, sino textual, una práctica de lenguaje en sentido amplio. Si esta posición está fuera del sistema conceptual, asumirla u ocuparla implica disociarse, hablar una lengua bífida que permita entrar y salir de la casa, que posibilite un espacio conceptual y experiencial en que las contradicciones son afirmadas pero no resueltas.

Atento a esto, una lengua bífida se presenta como posibilidad de resistencia o capacidad de obrar a través de formas de sexualidad no normativas o autónomas del hombre, que contribuya a dislocar tanto la conciencia feminista como la sexualidad femenina fuera del círculo vicioso de la paradoja mujer. Una lengua “excéntrica” respecto del monopolio masculino heterosexual del poder/saber, una posición discursiva en exceso de saberes subyugados, no reasimilables por la institución socio-cultural de la heterosexualidad. Y en este sentido, la institución de la heterosexualidad no es simplemente uno entre los diversos mecanismos de dominación masculina, sino que está implicado en cada uno de ellos, como estructura sostenedora del pacto social.

Si hay un punto de identificación privilegiado que dé ímpetu al trabajo de auto-(de)construcción de la sexualidad, es el ser lesbiana, no porque comporte una identidad sin contradicciones sino porque es el punto neurálgico que favorece la comprensión y la toma de conciencia.

La lesbiana de Wittig no es simplemente una persona con una particular “preferencia sexual” y tampoco es una feminista con una “prioridad política”: es un sujeto excéntrico al campo social, constituido en un proceso de interpretación y de lucha, de reescritura de sí en relación a otra forma de entender lo social, la historia la cultura. De esta manera, lesbiana no se refiere simplemente a una mujer lesbiana que puede existir en el aquí y ahora, es conciencia de otra cosa, es el término conceptual de la conciencia feminista. En este sentido, la lengua bífida es una práctica alcanzada a través del desplazamiento político y personal atravesando los límites entre identidad y comunidad socio-sexual, entre cuerpos y discursos.

Contrariamente a lo que se podría esperar o suponer, la lengua bífida no es una lengua inmune o externa al género, pero sí es autocrítica, distanciada, irónica, expresando la convivencia no pacífica de voluntad política y deseo. De este modo, es necesario comprender que el deseo sexual, expulsado de la formulación de la subjetividad política por la coherencia ideológica, cuando irrumpe, no proporciona identidad sino división. Al deseo no se le ordena, él excava galerías en lo más profundo y subterráneo de nuestra subjetividad.

Vinculado a procesos de desidentificación, negatividad, desmoronamiento, disgregación, dispersión de la coherencia del yo, al deseo hay que tenerlo en cuenta, afrontarlo de vez en cuando, y contratar con él si es posible. Por ello, la sexualidad es el nudo central, el lugar en donde lo corpóreo, psíquico y lo social se entrecruzan para constituir los límites del yo. En este sentido, es necesario volver a pensar la subjetividad femenina teniendo en cuenta qué prácticas comporta y qué necesidades sostiene el deseo cuando obra desde un cuerpo de mujer.

Es así que la sexualidad es el lugar común de la existencia lesbiana. El lugar en que sucede una travesía del cuerpo, experiencia erótica de la otra y del propio, con el consiguiente cambio de percepción respecto a los esquemas heterosexuales. Es el sitio donde se abre una inteligencia, un saber corpóreo y una forma de conocimiento de sí y del mundo.

La dificultad de vivir desgarraduras y contradicciones entre voluntad y afectividad, la resistencia a medirse con las limitaciones del propio cuerpo y la conciencia del riesgo que la sexualidad siempre comporta para quien es definida como mujer en un contexto social regido por la institución de la heterosexualidad, son las tensiones que afronta la lengua bífida.

Mirar en ese lugar de soledad y deseo, de fantasmas y ambivalencias, razones de una política de las mujeres concretas, es uno de los tantos desafíos del feminismo lésbico. Pero es fundamental para ello, comprender y sostener que el lesbianismo no es una simple variante de la heterosexualidad institucionalizada, es decir, de la sexualidad reproductiva en la que hombre y mujer son ambos complementarios y necesarios, porque sería seguir pensando en el binomio hombre-mujer, que es una construcción sexista y heterosexista. Por consiguiente, es en la frontera entre una política para las mujeres y una política lésbica que emerge esta lengua partida. La lengua bífida se convierte así en una lengua de víctima y guerrera, de palabras y silencios, de lo posible y lo imposible, de lo dado y lo por dar, de la disidencia y la unión. Una lengua que lleva en sí misma, como la palabra, su sentido contrario. Para finalizar, consiste en un ensayo de contra-práctica del decir, en la que deseo y voluntad política son los hilos conductores de los itinerarios, que aún siendo aquellos siempre ambivalentes, contradictorios, imprecisos, habilitan un espacio para pensar tanto la propia vida como el activismo político.


“En el génesis bíblico, por el contrario, es Dios Padre quien tiene la primera palabra y pretende tener la última. La serpiente habla en segundo lugar para inducir a la pareja a la desobediencia. Abriendo el juego, la lengua bífida del alma para el alma será declarada culpable a ojos de la Ley y, como tal, cortada por el Amo de la creación. Resaltemos aquí que es Eva la que, hablando en tercer lugar, después de Dios y de la serpiente, comete el pecado original dejándose seducir por la pro- mesa de la serpiente e implicando a Adán a quien, en cuarta posición, no le queda más que consumir el fruto prohibido del que ya había mordido su compañera.

En esta escena decisiva entre Dios, la serpiente, Eva y Adán, Adán es el único que se calla. No hablará sino después del pecado, para justificarse ante Dios acusando a Eva de haberle tentado, quien a su vez acusará a la serpiente de haberla seducido. En unas pocas frases del relato, todo el dispositivo de culpabilidad -seducción, transgresión, traición, delación- se despliega. Los chivos expiatorios de esta historia serán la mujer y la serpiente. Adán, que antes no ha dicho nada, se hace el encargado del poder y el portavoz del Padre después de la caída. Prohibida la palabra a Eva y a la serpiente, sólo quedan Dios y Adán en posición de fundar la civilización. Al final de esta escena, dos alianzas se forman: la alianza Dios-hombre, del lado de la ley, por tanto del lado del bien; la alianza serpiente-mujer, del lado de la transgresión, por tanto del lado del mal. Sobre esta separación de lo simbólico y lo diabólico se fundará la moral del Patriarcado judeo-cristiano”.

“El libro de la hermana”, Claire Lejeune. Editorial Pre-Textos, España, 2002.

Bibliografía

Teresa de Lauretis (2000) “Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo”. Ed horas y Horas, Madrid.

Otras inapropiables (2004) Introducción a cargo de Eskalera Karakola. Ed. Traficante de sueños, Madrid.

Rosario Castellanos (1995). “Mujer que sabe latín…”. Fondo de Cultura Económica, México

Marina Fe comp.- (1999). “Otramente: lectura y escritura feministas”. Editado por Programa Universitario de Estudios de Género-Facultad de Filosofía y Letras-Fondo de Cultura Económica-México.

Chiara Zamboni (2000) “Las reflexiones de Arendt, Irigaray, Kristeva y Cixous sobre la lengua materna”. Traducción: Piera Oria. Centro de Documentación de la Mujer. Buenos Aires.

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¿La mujer lesbiana es una rosa?


(Reflexiones místicas acerca de la obra de Anthony de Mello) “Una rosa es una rosa”

Desconozco de quién es la autoría, si alguien la conoce me gustaría que me la comunicasen por e-mail para dar los créditos correspondientes


“La rosa con su sereno y sencillo esplendor, con su frágil y tierna belleza, ha sido programada desde su nacimiento para estar satisfecha consigo misma. Posee gracia natural y ausencia de conflictos. La rosa florece pese a las hostilidades de su entorno. Después de haber abierto sus pétalos, se despreocupa totalmente por añadir un sólo minuto a la vida que le fue asignada. Sucumbirá dulcemente producto de la violencia de la naturaleza .”

He escuchado el clamor de cientos de mujeres lesbianas con respecto a la intolerancia y a la no-aceptación y he sumado mi voz al grito desesperado, para poder trascender en esta sociedad represiva, en pos de mi libertad. Pero me detuve un momento a observar una rosa y comparé su serenidad con las tensiones y agitaciones de mi vida. Ella está conforme con ser lo que es, ese es su don. Y maravillosamente no hay dos rosas iguales y todas son hermosas.

Gran canarioparatorpes


He considerado nuestra triste condición de ser mujeres lesbianas porque he encontrado insatisfacción y un fuerte deseo de cambiar , estamos llenas de violencia y sorprendentemente de mucha intolerancia con nosotras mismas que aumenta a medida en que nos esforzamos por
cambiar.

Por eso cualquier cambio que conseguimos efectuar, va acompañado de un conflicto interno, (dejar de mentir, dejar de fumar, dejar de tomar, dejar una relación que no tiene ni pies ni cabeza, por citar algunos ejemplos). Sufrimos cuando otras consiguen lo que no hemos conseguido y cuando logran ser lo que no hemos logrado.

“Formamos una larga fila de lesbo-fems, impulsadas a intentar ser como alguna otra persona con mejor aspecto, más hombre que mujer, (sin referirme a la respetable elección del cambio de sexo, producto de la propia conviccion y autoaceptacion), mas popular, o exitosa, mas virtuosa , mas tierna , mas serena, queriendo encontrar a Dios.

¿Y los éxitos. Una triste historia de intentos para mejorar, imitando el éxito de las otras, fracasamos estrepitosamente o lo logramos a fuerza de sacrificios y mucho dolor. Quien obtuvo el éxito fácil que reflexione, ¿en verdad fue fácil?… y la pérdida de la individualidad… o de la pareja… o de ambas…¿no cuenta?…

No es usual que busquemos el éxito dentro de nosotras mismas, apelando a nuestras dotes, a nuestra vocación. Por eso “triunfar” se vuelve doloroso y al final inútil porque es la copia de los sueños de otra porque no es auténtico, porque además la familia nos empuja a “querer” lo mejor para nosotras. Lo peor del caso es que lo creemos e imitamos al papá o a la mamá o las hermanas, en busca de parecernos a los “exitosos”.

He visto la trampa mortal que proporciona la autoagresiva no-aceptación de nosotras mismas pero también la dolorosa realidad de la autoaceptación pasiva y resignada de ser lesbianas y nada más. Neguémonos a esta inútil y patética forma de pensar y de vivir.

La tercera alternativa que me reveló una frágil rosa es: la autocomprensión, ¡Prática nada fácil¡. Porque el comprender quienes somos, exige completa libertad respecto de todo deseo de transformarnos en algo distinto de lo que somos.

Tanto la rosa como nosotras provenimos de la naturaleza. Porque todo cambio es violento, la
naturaleza es violenta y violentamos a lo sociedad. La naturaleza cambia constantemente su entorno más no su creación. “En la naturaleza no hay ira, ni rabia. El pez que devora a sus crías obedece a unas leyes ecólogicas que solo la naturaleza conoce. Cuando la naturaleza destruye, no lo hace por ambición o codicia, sino obedeciendo las leyes que buscan el bien de todo el universo por encima de la supervivencia y el bienestar de alguna de sus partes.

La intolerancia, el odio y la animadversión no provienen de la naturlaeza, provienen de la violencia del Ego, nuestro único enemigo, no busquemos mas pretextos, ni culpables no hay otro, trátese de la sociedad o de nosotras mismas. Es el responsable de nuestra esclavitud interna. Está constantemente sermonéandonos, forzándonos, comparandonos, haciendonos competir, manipulándonos con su intolerancia hacia nuestras personas y con sus ambiciones. Es el responsable de mantenernos en conflicto con la naturaleza, en un proceso tan agotador como querer conducir un automóvil con el freno puesto.”

“Solo el conocimiento de nosotras mismas a través de la autocomprensión , (observando nuestras acciones y reacciones con los demás y nuestros pensamientos sin intentar reformar nuestra conducta o a nosotras mismas no solo en este aspecto sino en cualquier otro mas), dará rienda suelta a la naturaleza para que esta produzca el mismo cambio que produce en la rosa… tan natural, tan grácil, tan espontáneo, tan sano, tan auténtico; un cambio ajeno a todo conflicto interno.”

La rosa solo se concentra en abrir cada pétalo léntamente, vive sin rastro alguno del desasociego, la insatisfacción, la envidia, el ansia y la competitividad que nos caracterizan.

La conformidad ausente de mediocridad que no es igual a la autoaceptación pasiva y resignada , consiste entonces en contentarnos con florecer y esparcir nuestro aroma para que se mezcle con el aroma de otras, en una mezcla de unicidad compartida, dejando nuestros cambios en la fuerza poderosa de la mano de Dios que obra en la naturaleza.

Aquí inicia la práctica del amor, la autocompresión, es el ejercicio que no tiene el menor deseo de reformarnos o cambiarnos, es mas bien la observación consciente de nuestras reacciones para con las personas, situaciones o cosas, sin emitir ningún juicio o condena contra nosotras mismas, es “ver” globalmente las situaciones diarias y no seleccionar alguna en particular y por ningún motivo aferrarnos a conclusiones rígidas sino seguir a la caza de la próxima situación, observándonos en otra y otra hasta hacer de este ejercicio un hábito. Si descubres que has hecho, pensado o dicho algo, no hagas nada, no te juzgues o critiques, por ejemplo: te observas diciendo

“En realidad no fué dificil, fué cuestión de suerte el que me (dieran, felicitaran, premiaran, etc)”. o puede que discutas acaloradamente para terminar llorando o vapuleando a tu interlocutor, no te califiques a ti misma como triunfadora o derrotada, tu solo comprende lo que en realidad quisiste decir o sentir, te hallaras reflexionando y sabrás que era lo que realmente querias decir o sentir.

Después de que pasemos algún tiempo ejercitando la autocomprensión, nos empezaremos a sentir transparentes y transformadas, el cambio indiscutiblemente se realizará y no sólo en cada una de nosotras sin en todo el ambiente que nos rodea, producto de la violencia de nuestra naturaleza y sin nuestra forzada intervención.
Pablo Ben
Este artículo salió publicado en Razón y revolución, 1996, No 2.


Pablo Ben es activista gay y antropólogo, investiga acerca de las concepciones y prácticas de género en la corporación médica a finales del siglo XIX y principios del XX en Argentina. Se encuentra en prensa un artículo sobre la construcción médica de la feminidad en “Historia de las Mujeres” (Taurus), así como también un análisis del hermafroditismo en el libro “Cuerpos, Géneros e Identidades. Estudios de Historia de Género en Argentina”. Sus intereses teóricos se centran en la teoría marxista, el psicoanálisis, el feminismo, la teoría queer, y el postestructuralismo.


Este trabajo presenta una visión histórica de la homosexualidad. Desafortunadamente no existe todavía material suficiente para realizar un estudio que abarque el feudalismo occidental en un hilo de continuidad y que tome como eje la sexualidad en general, o las relaciones entre personas del mismo sexo en particular, menos aún puede prolongarse esta continuidad hasta el presente.

A la falta de material existente se suman las dificultades para conseguir ese material en un país como Argentina. Por eso, nos hemos limitado ha rescatar particularidades históricas de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Presentamos una lectura que recorta esta especificidad, aún en textos que tienen una visión de la homosexualidad como categoría que representa un comportamiento existente a lo largo de toda la historia, como “Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad” de John Boswell.

Nos referiremos a momentos históricos que se encuentran subsumidos bajo relaciones sociales feudales, pero que, en algunos casos, distan en siglos unos de otros. No debe interpretarse esto como un intento de señalar una similitud esencial que recorre el feudalismo, ya que comenzando por los huecos, la falta de material, y siguiendo por la desatención de elementos de gran importancia, no estamos en condiciones de establecer algo así. El objetivo central ha sido contrastar las relaciones entre personas del mismo sexo en el pasado con la homosexualidad del siglo XIX y XX, para marcar que la sexualidad no es otra cosa que un comportamiento humano histórico, aún cuando tenga aspectos biológicos o de otro tipo.

Intentaremos explicar el origen de los cambios en la sexualidad entre personas del mismo sexo que se produjeron desde el siglo XVIII como producto de la extensión de nuevas relaciones sociales. Asimismo haremos referencia al modo unilateral en que estos cambios fueron leidos desde la ciencia decimonónica.

El pecado sodomítico

Katz (1994) afirma que no podemos utilizar los términos “lesbiana” o “gay”, “homosexual” y “heterosexual”, como si fueran de referencia o significado universal. Hasta hace poco la utilización de estos términos había sido ahistórica, y sólo en los setenta la historia comenzó a introducirse en la sexualidad como un objeto que no tenía razón para escaparse hacia otras disciplinas y quedarse refugiado sólo en ellas.

El problema de utilizar una categoría como homosexual para pensar el pasado es que al no problematizarse el carácter particular que toman las relaciones sexuales y los vínculos que éstas generan en un contexto histórico particular, los conceptos del presente que transportamos al pasado ocultan la realidad histórica y ordenan los datos arbitrariamente.

Partiendo de esta premisa y analizando las formas particulares que adopta la sexualidad en cada período, Katz ordena documentos referentes a la sexualidad del mismo sexo que abarcan la historia de Norteamérica desde 1607 hasta 1950 sobre la base de una introducción teórica a dos períodos: El primero de ellos es el que denomina “La Era del Pecado Sodomítico” y abarca desde 1607 hasta 1740, el segundo, “La Invención del Homosexual” abarca el período que comienza en 1880 y culmina en 1950.

En el primer período los documentos muestran casos de sodomía, de actos sexuales con personas del mismo sexo, pero no de individuos con identidad homosexual o que exclusivamente practican actividad sexual con otro individuo del mismo sexo. Los casos documentados de juicios hacen referencia a hombres casados -con mujeres- que cometían pecados contra “la prosperidad y la familia” (pag.30). Las relaciones entre personas del mismo sexo eran vistas en las colonias norteamericanas como peligros para la familia en tanto unidad de producción.

La homosexualidad, tal cual hoy la pensamos, no existió en otras sociedades. Durante la Edad Media, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo se consideraban acciones pecaminosas que cualquiera, potencialmente, podía realizar, y no existía una categoría de personas especialmente inclinadas a ello.

Edmond Pognon (1991), focalizando en un período absolutamente diferente, en el año 1000, nos da una idea de cómo se pensaban las relaciones entre personas del mismo sexo en su estudio del penitencial de Burchard1. Allí, la sodomía aparece como un “pecado de la carne”, junto con los delitos contra la castidad tales como el incesto y el adulterio. La sodomía, a diferencia de lo que luego sería la homosexualidad, aparece como un tipo de actividad que no es propia de individuos que no tienen relaciones con el sexo opuesto, o que no desean tenerlas:

“…el hombre casado que haya tenido este tipo de desviación una o dos veces, cumplirá diez años de penitencia, el primero a pan y agua; si se ha convertido en costumbre, doce años; si ha sido cometido con el hermano, quince años.”(Pognon. 1991. pag. 147)

1.- Según Pognon (1991):
“La forma de concebir y de poner en práctica el perdón concedido al pecador había variado desde su origen. En el año 1000 prevalecía la norma de la ‘penitencia estipulada’ desde hacía unos siglos. En otras palabras, a cada pecado le correspondía una sanción determinada según la gravedad del caso. Esos preceptos y penas se hallaban establecidos por escrito: son los llamados libros penitenciales. Cualquiera que sea nuestra opinión sobre esta moral de contaduría, el valor documental de estos catálogos de pecados resulta innegable.” (pag.139-40)

Aún cuando la sodomía se haya “convertido en costumbre”, es evidente que no excluye que el sujeto que la practica este casado con alguien del sexo contrario. Aún Boswell, en su estudio “Cristianismo, Tolerancia social y Homosexualidad”, donde sostiene que también hay homosexualidad en la edad media (es decir, que las relaciones entre personas del mismo sexo en la edad media y en la actualidad son equiparables), al analizar unos versos donde está presente el erotismo hacia personas del mismo sexo, debe reconocer que en esa época -se refiere al siglo XII-:

“La sexualidad gay se representa, en el peor de los casos, como una forma lamentable de carnalidad entre los hombres casados”(pag. 259).

Algo similar ocurre con Carrasco (1985), que extiende el concepto de homosexualidad a su estudio de la sodomía entre los siglos XVI y XVIII, pero afirma que “el mundo de la sodomía [...][estaba] más abierto que la homosexualidad actual sobre el campo de la actividad llamada normal -heterosexual-, y [...][aparecía] como un complemento o derivativo de ésta”.

D’Emilio (1992) explica en un comentario al libro de Alan Bray “Homosexuality in Renaissance England” que según este autor en los siglos XVI y XVII, la sodomía era concebida como parte de un “universo simbólico” que incluía la herejía y la brujería, algo que tambien encontramos en el mismo períodos en Valencia (Carrasco. 1985). La sodomía era una forma de comportamiento salvaje en relación al sexo, “una capacidad que todos compartían”(pag.102). D’Emilio cita las palabras textuales del autor cuando afirma que la sodomía no era “una sexualidad en sí misma, sino que existía como un potencial de confusión y desorden en una sexualidad indivisa”(pag.102). En tanto la sodomía tenía estas características era objeto de denuncias horrorosas, pero no por su distancia del comportamiento que hoy denominaríamos heterosexual, sino de la misma manera en que se castigarían otros pecados de la carne. Según Bray, “la barrera entre el comportamiento heterosexual y homosexual… en la práctica era vaga e imprecisa”(102).

Volviendo al estudio de Pognom del penitencial de Burchard, podemos notar, además, que la sodomía aparece como un pecado equiparable -aunque por supuesto castigado más severamente- a la masturbación y a la satisfacción sexual de un hombre al abrazar a una mujer. El penitencial parece explicar este tipo de conductas en los hombres “por no tener una esposa ‘para calmar su líbido’”(pag.148). Es decir que cualquier persona, podía cometer este pecado, no existían individuos con determinada personalidad especialmente proclives a este deseo en particular.

Esto último queda claro en el penitencial tanto en el caso de los hombres como de las mujeres. Burchard describe mujeres (pag.149) que “‘tienen por costumbre’ equiparse para actuar como hombres ante la compañera” e inmediatamente a continuación habla de las “que utilizan en solitario dicha prótesis”(pag.149).

Brown (en Amelang. Nash. et als. 1990) encontró en el Archivo del Estado de Florencia un documento escrito entre los años 1619-23 que se refería al “Caso de una monja de Pescia que afirmaba ser objeto de acontecimientos milagrosos, pero que después de la investigación resultó ser mujer de mala reputación”.

El documento resultó ser el juicio a una monja que tenía relaciones con una de sus compañeras en el monasterio. La autora presenta extractos traducidos del documento con una breve introducción en la que nos previene:

“Es [...] importante considerar que las autoridades eclesiásticas que entendieron el caso carecían de los términos de identificación sexual que se hubieran usado en el contexto del siglo XX. [...] en una escala de actos sexuales pecaminosos el comportamiento de Benedetta en el peor de los casos hubiera sido calificado de sodomía (esto es, establecimiento del coito en receptáculo antinatural), que podía castigarse con la muerte en la hoguera. Sin embargo, algunos teólogos y abogados de la época podrían haber considerado sus acciones como polución provocada por el frotamiento de las partes pudendas. Todavía habría quienes las habrían llamado masturbación mutua. Todos estos actos pecaminosos eran de menor gravedad que la sodomía. Pero al margen de que sus contemporáneos pensaran que el pecado o crimen secular cometido por Benedetta era más o menos grave, no hubieran aplicado el término ‘lesbiana’ como categoría específica para la identificación sexual femenina. Esto no significa afirmar que la relación de Benedetta con su amante no fuera emocional o sexualmente satisfactoria, sino simplemente decir lo que después de todo es más bien obvio: sexualidad y cultura están entrelazadas y las interpretaciones de Benedetta y de las autoridades, por muy diferentes que fueran entre sí, también son necesariamente diferentes de las nuestras.”(pag. 174-5)

Si bien en este caso, en que se trata de una monja, no existían relaciones paralelas con hombres, podemos encontrar que la actividad sexual que realizaba esta monja no estaba vinculada a una identidad personal. La monja decía estar poseída por un ángel mientras disfrutaba sexualmente con su compañera, no se veía a sí misma como perteneciente a un tipo de individuos en especial por esta acción que realizaba:

“Puesto que las relaciones hombre-mujer eran las únicas que parecía reconocer, su identidad masculina [la que adoptaba cuando se imaginaba a sí misma como ángel] le permitía tener relaciones sexuales y emocionales que no podía concebir entre mujeres. Para alcanzar el objeto de su deseo sexual necesitaba una inversión completa de su propio rol sexual” (pag.174)

Inversión que alcanzaba asumiendo la apariencia del ángel Splendidiello. Del mismo modo, quienes la juzgaron, vieron en esto que:

“un caso tan horrible y contra natura es tan detestable y causa tanto horror, que no puede mencionarse” (pag.169)

Pero no vieron en ello una perversión vinculada a toda la vida de esta monja.
Saslow (1989), en su libro “Ganímedes en el Renacimiento. La homosexualidad en el arte y en la sociedad”, un estudio que abarca desde mediados del siglo XV hasta mediados del XVII, cuenta lo siguiente:

“Un episodio secundario de la función de Ganímedes como copero, y que aparece de vez en cuando representado en el Renacimiento, es como sustituto de la que anteriormente ostentaba ese cargo, la diosa Hebe, hija de Juno.” (pag.16)

Es evidente que aquí los hombres y las mujeres, en tanto objetos de placer, son intercambiables, quien desea a unos no necesariamente excluye a los otros de su fantasía. Más adelante en la página el autor comenta una interpretación del mito:

“aunque Ganímedes es el único varón entre la multitud de amores de Júpiter, es también el único que será honrado con una invitación a los cielos”

El autor dice más adelante en el libro, en referencia a esto que:

“El hecho de que Júpiter prefiriera a Ganímedes sobre Hebe y el consiguiente resentimiento celoso de Juno fueron interpretados a menudo como una parábola de dos fenómenos sociales íntimamente unidos entre sí: la subordinación o valía secundaria de las mujeres y el efecto potencialmente perturbador de las infidelidades homosexuales del hombre en las relaciones entre marido y mujer. El uso esporádico de Ganímedes en el simbolismo conyugal está estrechamente ligado a sus implicaciones más amplias, como una sanción clásica para, y un paradigma de, una misoginia generalizada que a su vez serviría para justificar la homosexualidad másculina”(pag.126-7)

El autor continúa probando esto con casos concretos donde los hombres y las mujeres -en matrimonio- discuten sobre la infidelidad del hombre con otros hombres, pero es evidente aquí también que el deseo hacia el mismo sexo no está necesariamente desvinculado del deseo hacia el sexo opuesto. El estudio de Boswell (1993) que también trabaja sobre interpretaciones medievales del mito de Ganímedes, da muestras claras de estas discusiones sobre la preferencias sexuales de hombres o mujeres realizadas por hombres que evidentemente participaban de relaciones sexuales con los dos sexos.

Todos los casos de relaciones sexuales entre personas del mismo sexo en la edad media parecen responder al patrón de simultaneidad de las relaciones entre personas de diferente sexo y del mismo. Esto implica que las relaciones entre personas del mismo sexo no se ven como conductas que tienen consecuencias en la vida del individuo en general, más allá de lo sexual.

Cualquier tipo de actividad sexual no reproductiva, durante la edad media, era penalizada en tanto pecado, y no se afirmaba, en ningún caso, que esta actividad tuviera consecuencias para el desarrollo físico y mental de la persona. La actividad sexual, era una actividad pecaminosa, pero se hallaba desvinculada del resto de la actividad humana, no la determinaba.

D’Emilio (1992) en un intento de realizar un recuento crítico acerca de la historia de las relaciones entre personas del mismo sexo toma como uno de los ejes la investigación sobre las identidades y las subculturas en relación a la sexualidad, y específicamente a lo que en la actualidad denominamos homosexualidad. Su recuento resulta interesante para nuestros objetivos porque la existencia de identidades ligadas a la práctica de relaciones sexuales con personas del mismo sexo es precisamente lo que caracteriza a la homosexualidad en nuestro siglo. El surgimiento de una identidad homosexual no es posible si no se asocia el comportamiento sexual entre personas del mismo sexo con un tipo de individuo con determinada personalidad, sea esta positiva o negativa.

2.- Barry (1987) afirma que:
“Lo que distingue los mundos modernos lésbicos y gays de los ejemplos históricos y antropológicos de homosexualidad es el desarrollo de redes sociales fundadas en el interés homosexual de sus miembros.”(pag.6)

El autor distingue una serie de características que serían propias del mundo lésbico-gay en la actualidad, y que no existen en otras sociedades:

1. Las relaciones homosexuales han escapado a las estructuras de el sistema de parentesco heterosexual dominante.
2. La homosexualidad exclusiva, ahora posible para ambas partes de la pareja, se ha convertido en un camino alternativo a las formas familiares convencionales.
3. Las relaciones entre personas del mismo sexo han desarrollado nuevas formas sin estar estructuradas alrededor de alguna categoría de género o de edad en particular.
4. La gente ha llegado a descubrirse y formar redes sociales de gran escala no sólo por las relaciones sociales ya existentes sino por su interés homosexual.
5. La homosexualidad ha llegado a ser una formación social en sí misma caracterizada por la autoconciencia y la identidad de grupo.” (pag.6)

D’Emilio remite a un estudio de Guido Ruggiero sobre la sexualidad en Venecia durante el Renacimiento, donde existió una subcultura ligada a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. De todos modos -agrega D’Emilio-, por las descripciones de Ruggiero, se puede concluir que las relaciones se daban mayormente entre un adulto y un joven. La homosexualidad actual, no necesita de ninguna edad específica.

El caso de Venecia en el Renacimiento -nos dice D’Emilio- se acerca bastante a la descripción de Bray de la Inglaterra renacentista. Al igual que el estudio de Carrasco en base a los juicios de la Inquisición española en Valencia, la investigación de Monster sobre la Inquisición española del siglo XVI, concluye que no existía una subcultura o una identidad homosexual. Coward -continua D’Emilio- en una investigación sobre la Francia del siglo XVIII afirma que “la misma idea de identidad sexual es difícil de encontrar”.

En el libro de Saslow, las discusiones que él relata muestran a mujeres que acusan de lascivos a los hombres que tienen relaciones con otros hombres, el penitencial de Burchard, como vimos, habla de pecados, de costumbres; no de tipos de individuos con una sexualidad exclusivamente orientada hacia el propio sexo y con una personalidad, un físico, etc. que se corresponden con esa sexualidad. No hay sexualidades desviadas, hay sexualidades pecaminosas. Lo mismo ocurre en el caso de la investigación de Carrasco (1985):

“Esta diferencia entre sodomía y homosexualidad es en efecto capital a la hora de comprender, no tanto el hecho de la represión -pues los homosexuales también serán perseguidos, aunque a partir de otros criterios y de otro tipo de código-, como la práctica discursiva en la cual se integra, se define y ‘funciona’ el fenómeno ’sodomía’ en tanto que ‘delito de sodomía’.

Foucault pone perfectamente de relieve [como veremos en la cita que aparece más adelante en el trabajo] la ruptura fundamental que se opera a lo largo del siglo XVIII y que va a desembocar, en el siglo siguiente, en una ‘incorporación de las perversiones’ que acompaña ‘una nueva especificación de los individuos’. Así en la oposición sodomita-homosexual, se oponen la ley y la medicina, la penalidad y la instrucción.

El sodomita que nosotros estudiamos, efectivamente, todavía no ha sido marcado por el sello específico de la perversión. Es un puro sujeto jurídico. El inquisidor no busca nada en él, en su anatomía, en su psicología, en su modo de vida, en su biografía, que revele la diferencia esencial, el trabajo corroedor de los instintos torcidos. La manera de conducir los procesos lo muestra claramente: la prueba no va más allá de la materialidad del acto.”(pag.46)

Surgimiento de la homosexualidad

Desde el siglo XVIII se insinua un cambio en cuanto a como se pensaran los comportamientos sexuales no reproductivos. Carrasco (1985) nos dice que:

“Está claro que en 1730, ya se le estaba quitando a la sodomía el estrecho corsé teológico-moral en el que había sido encerrada desde el siglo XIV, lo que no significó ni una nueva comprensión del fenómeno en términos más liberales, ni el anuncio del final de la represión: la sodomía fue simplemente integrada de otra manera, más fina y diferenciada, en el discurso de los poderes sobre el sexo.”(pag.84)

En el párrafo anterior a éste el autor ejemplifica esto con un ejemplo concreto:

“Joseph Simó, de una vieja familia honrada de la península, ‘anda divagando’ por la región. Cerca de Vinaroz, viola a un muchachito al lado del camino, detrás de una mata. Los testigos interrogados por el comisario no se extrañan de lo ocurrido: Simó es ‘muy travieso’. No quiere trabajar. Juega, y para ello vende la ropa que su mujer trajo a la casa, y además le pega, la abandona. Sus padres no le quieren dar ‘la legítima’ ni sus suegros la dote. Cuando sale en 1734 la orden de ‘apresión de vagabundos’, la familia pide que sea preso y mandado a servir en Orán. Simó roba dinero y huye, y es entonces cuando comete el atentado nefando. En estos procesos el acto sodomítico como tal pasa a un segundo término y el proscenio lo ocupa todo un contexto socioindividual que viene a ser la génesis del acto incriminado en tanto que acto asocial. Este discurso es nuevo.”(pag. 84)

Los primeros tratados que advertían los peligros de la masturbación para el desarrollo personal, no pensándola ya tan sólo en referencia al pecado también comenzaron a aparecer ya en el siglo XVII, como el de Samuel Tissot “On onania” de 1758. (Weeks. 1993. pag.114) Comenzaba a identificarse toda la actividad sexual no reproductiva con los problemas físicos y mentales.

Sin embargo, la homosexualidad, como categorización “científica”, se encuentra vinculada a toda una clasificación de comportamientos sexuales que se comenzó a construir hacia mediados del siglo XIX y se consolidó en sus finales, y en el comienzo del siglo XX.

Por esto, es importante que comencemos por una breve referencia a la constitución de este pensamiento sobre la sexualidad que tiene fuertes lazos de continuidad en el presente.

Hacia mediados del siglo pasado, cuando la medicina, la psiquiatría y la psicología empiezan a constituirse como disciplinas independientes que cobran fuerza en detrimiento de otros saberes y disciplinas, se produce una categorización de los comportamientos sexuales en la cual todos los comportamientos no-reproductivos son vistos como problemas físicos o mentales y ya no serán pecados como lo habían sido durante toda la edad media y hasta entonces.

Salvo la sexualidad masculina, que se concibe como desenfrenada pero sana (siempre y cuando sea la sexualidad del adulto que tiene por objeto al sexo opuesto), el resto de las expresiones de la sexualidad, desde el goce de la mujer, hasta la masturbación, pasando por la homosexualidad son denunciadas como enfermedades. Gayle Rubin (1989) da cuenta de esto cuando explica que:

“Durante el siglo XIX era creencia común que un interés ‘prematuro’3 por el sexo, la excitación sexual y, sobre todo, el orgasmo dañarían la salud y maduración de un niño. Los teóricos diferían en sus opiniones sobre las consecuencias reales de la precocidad sexual. Algunos pensaban que llevaba a la locura, mientras que otros simplemente predecían un menor crecimiento. Para proteger a los jóvenes de un despertar ‘prematuro’, los padres ataban a sus hijos por la noche para que no se tocaran; los médicos extirpaban al clítoris de las niñas que se dedicaban al onanismo” (pag.115)

3.- Podríamos decir un interés sexual anterior al desarrollo de un aparato sexual que le otorgue consecuencias reproductivas.

Es interesante notar, como continúa la autora, que “Aunque las técnicas más burdas han sido abandonadas, las actitudes que las produjeron existen” (pag.115).

Pero las consecuencias de este pensamiento en el presente es un tema que aquí no trataremos. Por ahora nos interesa señalar centralmente un supuesto que recorre todas estas afirmaciones sobre las consecuencias perjudiciales de la sexualidad no reproductiva. En términos de Richard von Krafft-Ebing, en un libro -Psychopathia Sexualis- escrito en 1887:

“Muy pocas personas son concientes de la profunda influencia de la vida sexual en los sentimientos, el pensamiento y la acción del hombre en su relación social con los demás” (En: Weeks, Jeffrey. 1993. pag.110)

Esta asociación entre conducta sexual y conducta no sexual -donde la primera determina a la segunda- que tan claramente expuso en esta frase Krafft-Ebing; estaba presente en todas las caracterizaciones de las conductas sexuales, incluyendo la ninfomanía, la masturbación, la histeria, la zoofilia, etc. Todas estas conductas mostraban un tipo particular de relación entre la sexualidad y el resto de la vida del individuo. Tal conducta “desviada” tendría tales consecuencias comportamentales, también “desviadas”, y tales consecuencias sociales. Weeks nos dice al respecto:

“… lo que el individuo hacía ahora [cuando practicaba una conducta sexual "desviada"] era algo más que infringir las leyes divinas; también determinaba qué tipo de individuo era. El deseo era una fuerza poderosa, existente antes del individuo, capaz de destrozar su débil organismo con fantasías y distracciones que amenazaban su individualidad y su sano juicio. De ahí nació una fuerte tradición de ver en los inocuos goces de la masturbación la causa de defectos de carácter que iban desde la debilidad mental y la homosexualidad, a la pereza e incompetencia financiera, y, por lo tanto, al desorden social.” (Weeks. 1993. pag.115)

Esta determinación de la vida del ser humano por su conducta sexual, en términos de los sexólogos se manifestaba en cada una de las conductas “aberrantes”, la homosexualidad no constituyó una excepción. Como dice Foucault en su primer volumen de la “Historia de la Sexualidad”:

“La sodomía -la de los antiguos derechos civil y canónico- era un tipo de actos prohibidos; el autor no era más que un sujeto jurídico. El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un personaje: un pasado, una historia y una infancia, un carácter, una forma de vida; asimismo una morfología con una anatomía indiscreta y quizás misteriosa fisiología. Nada de lo que el es in toto escapa a su sexualidad. Está presente en todo su ser: subyace en todas sus conductas puesto que constituye un principio insidioso e indefinidamente activo; inscrita sin pudor en su rostro y su cuerpo porque consiste en un secreto que siempre se traiciona. Le es consustancial, menos como un pecado en materia de costumbres que como una naturaleza singular.[...]

La homosexualidad apareció como una de las figuras de la sexualidad cuando fue rebajada de la práctica de la sodomía a una suerte de androginia interior, de hermafroditismo del alma. El sodomita era un relapso, el homosexual es ahora una especie.

Del mismo modo que constituyen especies todos esos pequeños perversos que los psiquiatras del siglo XIX entomologizan dándoles extraños nombres de bautismo: [...] exhibicionistas [...] fetichistas [...] zoófilos [...] zooerastas [...] automonosexualistas [...] mixoescopófilos [...]ginecomastas, los presbiófilos, los invertidos sexoestéticos, y las mujeres dispareunistas.” (Foucault. 1990. pag.56-7)

Según Weeks, este pensamiento que ve a los comportamientos sexuales no reproductivos como determinantes de enfermedades sexuales tiene dos momentos constitutivos importantes: El primero fue el impacto de Darwin, uno de los grandes hitos en la secularización del pensamiento occidental. Si tenemos en cuenta que la tradición religiosa había conceptualizado la conducta sexual como pecaminosa en su conjunto, la idea de que se podía aplicar la selección natural al hombre ejerció un efecto secularizante sobre la forma de pensar las conductas sexuales, que a partir del siglo pasado dejaron de ser pecados, para convertirse en conductas que repercutirían sobre toda la personalidad del individuo -y su desarrollo biológico- de manera negativa.

Aquí debemos tener en cuenta, cuando apelamos al concepto de secularización, que esta no implica una desreligiosidad plena, sino una combinación de elementos, algunos de los cuales establecen una ruptura con la religión, al tiempo que otros conservan trazas de similitud esencial con esta. Si bien el cambio de lo pecaminoso a lo desviado de lo natural es un corte con el discurso religioso, el criterio reproductivo como norma conserva su vigencia bajo otras formas.

Pero en la emergencia de esta concepción de la determinación natural -allí donde antes había una conducta moral negativa frente a Dios- ocupó un lugar importante otra idea de Darwin:

“… la idea de que la selección sexual (la lucha por la pareja) actuaba de manera independiente de la selección natural (la lucha por la existencia), de modo que la supervivencia dependía de la selección sexual, y la última prueba del éxito biológico residía en la reproducción”(Weeks.1993. pag.116)

El segundo momento fue la publicación de Psychopathia sexualis, de Krafft-Ebing, seguido de los trabajos de decenas de sexólogos en toda Europa que escribían manuales que clasificaban con minuciosidad las diferentes conductas sexuales y las personalidades a ellas asociadas:

“Hay un elemento central en los trabajos de estos autores y es la noción de que, bajo la diversidad de experiencias individuales y consecuencias sociales, subyace un complejo proceso natural que debía ser entendido bajo todas sus formas. Este proyecto exigía, en primer lugar, el despliegue de un gran esfuerzo de clasificación y definición de patologías sexuales, lo cual originó aquella impresionante serie de minuciosas descripciones y rotulaciones taxonómicas tan características de finales del siglo XIX.” (Weeks. 1993. pag.118)

Resumiendo, podríamos decir, que en el siglo pasado, surgió una nueva forma de pensar la sexualidad, como producto del proceso de secularización, donde las diferentes conductas sexuales no reproductivas dejaron de ser simplemente pecaminosas para constituirse en determinantes de tipos de individuos “desviados”, de personalidades “desviadas”, y a su vez, afectar procesos sociales. Este pensamiento en torno a la sexualidad, especificó y clasificó diferentes conductas sexuales constitutivas de diferentes tipos de individuos y con diferentes consecuencias sociales.

El surgimiento de este pensamiento estaría vinculada a la afirmación de Darwin de la independencia de la selección sexual respecto de la natural, y su importancia reproductiva, en tanto ésta implica “éxito biológico”. Y por otro lado sería producto también de la formulación de minuciosas descripciones sobre miles de personas realizadas por investigadores de la sexualidad que comenzaban a tener acceso a un campo que había estado vedado y controlado por la iglesia.

Pero este proceso que identifican muchos de los investigadores que trabajan sobre la problemática del género, no fue simplemente un cambio en la forma de pensar, o mejor, sí lo fue, pero tenía un correlato con los procesos de cambio que se estaban operando en la realidad. Con esto no queremos decir que estos pensadores que vieron en las “desviaciones” sexuales los orígenes de todos los males individuales y sociales, estuvieran realizando una descripción adecuada de la realidad.

Pero aún cuando consideremos que su descripción de la realidad no era adecuada, debemos notar que lo que estaba ocurriendo era más que un cambio en la forma de pensar, estaba ocurriendo un cambio en las conductas sexuales y en las relaciones cotidianas entre los individuos que ponía en crisis la vieja idea de que sus conductas sexuales eran pecado, y esto fue pensado en el marco de las tradiciones de pensamiento que se estaban constituyendo, de modo que se absolutizaron algunas tendencias de la realidad y se obviaron otras.

La influencia de Darwin u otros personajes destacados que tuvieron peso sobre todo el pensamiento del siglo pasado y del presente, es innegable, pero estas influencias, estos marcos teóricos, sirvieron para pensar una realidad diferente en proceso de transformación. Pero no sólo surgió una nueva conceptualización, sino que esta se vio obligada a pensar una nueva realidad que había hecho entrar en crisis la perspectiva religiosa. En adelante daremos cuenta de este proceso, de la transformación que se estaba operando en la sociedad y por ende en la sexualidad.

Homosexualidad y capitalismo

En 1910, Foster, un conocido autor inglés, publicó una novela que tuvo bastante éxito: “Howards End”. Luego de esta novela, el autor no hallaba el modo de continuar escribiendo. Hizo varios intentos, hasta que finalmente, George Merrill, que vivía con Carpenter (un militante gay socialista), fue su inspiración para una nueva novela:

“trataría de la homosexualidad, habría en ella tres personajes principales y tendría un final feliz.”

Fue así que nació “Maurice”. Lo interesante de esta novela, que constituye una verdadera fuente para analizar el surgimiento de la homosexualidad, es precisamente la forma concreta que adopta ese final feliz: Una pareja de hombres que logra constituir un fuerte lazo sentimental y sexual:

“la sociedad les impone es un exilio que alegremente abrazan.”4

4.- Barry Adam (1987) cuenta que en Francia, a principios de siglo, no existía un movimiento político gay como en Alemania, pero que su correlato, era un ambiente cultural gay considerablemente extendido. El autor afirma algo para el caso de Francia a principios de siglo que evidentemente coincide con lo que aquí expresa Foster en sus notas finales:
“Popular novels of the day consigned homosexual characters to the obligatory ‘final solution’ of suicide or some other untimely death”(pag.29)
Luego de esta afirmación el autor cita dos libros:
Barbedette, Gilles y Carassou Michel. 1981. Paris Gay 1925. Paris. Presses de la Renaissance. Cfr, pag. 107. Barry Adam. 1978. The Survival of Domination. New York. Elsevier/Greenwood. Cfr, pag. 30-34.

Veamos como se desarrolla este exilio. La novela relata la experiencia de dos estudiantes universitarios ingleses que se enamoran, uno de ellos se arrepiente de la relación frente a la presión social y se casa. Invita al otro, Maurice, a su casa. Con el tiempo Maurice se enamora de Alec, un sirviente de la casa. Pero Alec esta a punto de emigrar a la Argentina, y Maurice le propone que se quede con él y vivir juntos:

“-Es una casualidad entre mil que nos hayamos encontrado. Nunca volveremos a tener esa oportunidad, tú lo sabes. Quédate conmigo. Nos amamos.
-Claro que me gustaría, pero eso no es ninguna excusa para obrar como un imbécil. Quedarme contigo…¿pero cómo y dónde? ¿Qué diría tu mamaíta si me viese, zafio y grosero como soy?
-Ella nunca te vería. Yo no viviría en casa.
-¿Dónde vivirías?
-Contigo.
-Ah, ¿querrías? No gracias, mi gente te haría pedazos y yo no se lo reprocharía. ¿Y cómo seguirías con tu trabajo? Me gustaría saberlo.
-Lo mandaré al cuerno.
-¿Tu trabajo, que te da tu dinero y tu posición? No puedes mandarlo al infierno.
-Puedes cuando entiendes -dijo Maurice dulcemente-Puedes hacer cualquier cosa cuando sabes lo que es. -Contemplaba la luz gris que estaba convirtiéndose en amarilla. Nada le sorprendía en aquella charla. Lo que no podía predecir era su resultado-. Encontraré trabajo contigo -continuó: había llegado el momento de anunciarlo.
-¿Qué trabajo?
-Lo buscaremos.
-Lo buscaremos y moriremos de hambre.
-No. Habrá dinero suficiente para mantenernos mientras buscamos. No soy tonto, ni tú tampoco. No moriremos de hambre. He pensado mucho en ello, mientras estaba despierto por la noche y tú dormías.”

Lo que Foster debiera haber escrito si hubiera estado estudiando el surgimiento de la homosexualidad, y no escribiendo una novela, es no “Puedes cuando entiendes”, sino, “Puedes cuando un sector muy amplio de la población no tiene la propiedad de los medios de producción y cuyo único medio de vida es la venta de su fuerza de trabajo. Puedes cuando la fuerza de trabajo se ha convertido en mercancía. Puedes cuando lo que necesitas para vivir puede ser adquirido con el pago que te dan por la venta de tu fuerza de trabajo. Entonces puedes.” Debemos aclarar que con esta afirmación no pretendemos realizar una crítica literaria, la novela de Foster probablemente hubiera quedado estéticamente destruida de haber escrito esto.

Lo que queremos es utilizar la novela como fuente y marcar que lo que el autor pensó como la única vía posible por la cual dos homosexuales podían conformar una pareja, está íntimamente relacionada con las posibilidades y los límites de determinada situación histórica.

Los homosexuales no son un sujeto específico que existió en cualquier época y lugar, sino una forma de disfrutar de la sexualidad que comenzó a ser posible con la extensión del capitalismo. Las relaciones entre mujeres y entre hombres, extendidas en muchas culturas y a lo largo de la historia raramente fueron separadas dando a lugar personas conocidas como “homosexuales”, tal como ocurre en la actualidad (Adam. 1987: 2-16). John D´Emilio, realizó el siguiente razonamiento al respecto:

“¿Cuáles son, entonces, las relaciones entre el sistema de trabajo libre del capitalismo y la homosexualidad? [...] Bajo el capitalismo, los trabajadores son ‘libres’ en dos sentidos. Tenemos la libertad de buscar un trabajo. También estamos liberados de la propiedad de cualquier cosa excepto nuestra fuerza de trabajo.[...] Esta dialéctica -la oscilación contrastante entre la explotación y cierto grado de autonomía- recorre toda la historia de aquellos que han vivido bajo el capitalismo”.
“En tanto el capital -…- se expande, también lo hace el sistema de trabajo libre”
“La expansión del capital y la extensión del trabajo asalariado han afectado una profundad transformación en la estructura y las funciones de la familia nuclear, la ideología de la vida familiar, y el significado de las relaciones heterosexuales. Son estos cambios en la familia los que están más directamente vinculados a la emergencia de una vida gay colectiva.”5

Desde el siglo XVI al XIX, Europa sufrió una transformación, de ser una sociedad agraria paso a un sistema urbano-industrial. Las personas que en algún momento producían sus propios alimentos y vestimenta, así como sus propios hogares, gradualmente se convirtieron en trabajadores asalariados que vendían su fuerza de trabajo en el mercado. Aquellos que una vez habían estado limitados a la aldea rural ahora eran habitantes urbanos. Estos cambios tuvieron una fuerte influencia sobre la familia.

En el período feudal, la importancia de la familia en la vida de los individuos era fundamental. Las familias eran la clave del bienestar futuro. La felicidad personal y el éxito dependían de la cooperación entre los miembros de la familia, en tanto el trabajo familiar era el que proveía lo necesario para la vida. Entre los campesinos la familia existía como una necesidad, como una unidad productiva con una división interna -sexual- del trabajo (Adam. 1987: 2-3). En este contexto, no podía existir un individuo independiente de la familia como unidad de producción.

D´Emilio (1992) explica que los colonos blancos de Nueva Inglaterra en el siglo XVII establecieron villas estructuradas en torno a la economía doméstica, compuesta de unidades familiares básicamente autosuficientes, independientes y patriarcales. Los hombres, las mujeres y los chicos trabajaban la tierra poseída por la cabeza masculina del hogar. Había una división de trabajo entre hombres y mujeres, pero bajo una familia que era una unidad independiente de producción. Es decir, la supervivencia de cada miembro dependía de la cooperación de todos. El hogar era el ámbito de trabajo.

Hacia el siglo XIX este sistema de economía doméstica estaba declinando, el trabajo asalariado comenzó a generalizarse. Para las mujeres, el trabajo asalariado raramente continuaba después del matrimonio, pero para los hombres llegó a ser una condición permanente (D’Emilio. 1992).

La familia no era más una unidad independiente de producción. Aún cuando ya no era más independiente, la familia era todavía interdependiente. En el capitalismo, los bienes de consumo, aún no se habían socializado, no se habían convertido en mercancías, de modo que las mujeres todavía realizaban trabajos6 en sus hogares. Hacia mediados del siglo XIX, el capitalismo había destruido la autosuficiencia económica de la familia, pero no la dependencia mutua de sus miembros (D’Emilio. 1992).

5.- “What, then, are the relationships betwen the free-labor system of capitalism and homosexuality? [...] Under capitalism workers are ‘free’ laborers in two ways. We have the freedom to look for a job.[...]
We are also freed from the ownership of anything except our labor power.[...] This dialectic -the contrast interplay between exploitation and some measure of autonomy -informs all of the history of those who have lived under capitalism.”
“As capital -…- expands so does this system of free-labor.”
“The expansion of capital and the spread of wage labor have affected a profound transformation in the structure and functions of the nuclear family, the ideology of family life, and the meaning of heterosexual relations. It is this changes in the family that are most directly linked to the appeareance of a collective gay life.”(D´Emilio. 1992. pags 5 y 6)

6.- En esta parte del trabajo hemos tomado algunas de las formulaciones más importantes del artículo de D´Emilio, aún cuando tenemos ciertas diferencias con el conjunto de lo escrito en él. Entre otras cosas es necesario destacar que D´Emilio habla de “trabajo productivo” para el caso de las mujeres que realizaban tareas en su hogar. Discrepamos con él en base a la noción de Marx de trabajo productivo como trabajo subsumido al capital, por eso, nosotros hablaremos de trabajo en este caso.

Esta transición de la economía doméstica basada en la familia a una economía capitalista desarrollada donde el trabajo libre juega un rol central, fue un proceso que duró alrededor de dos siglos. Para la gente que vivió este proceso, la familia adquirió un nuevo significado como unidad afectiva, como una institución que no proveía bienes, sino que tenía importancia emocional. La familia llegó a ser el lugar de la “vida personal”, agudamente diferente y desconectada del mundo público del trabajo y la producción (D’Emilio 1992).

En tanto el trabajo asalariado se extendió y la producción se socializó, llegó a ser posible separar a la sexualidad del imperativo de procrear. Al eliminar la independencia económica de las unidades familiares, el capitalismo creó las condiciones que permitieron a algunos hombres y mujeres organizar una vida personal en torno a su atracción erótico/emocional hacia su mismo sexo. De este modo surgieron comunidades urbanas de gays y lesbianas, basadas en la identidad sexual (D’Emilio 1992).

Según explica D´Emilio (1992), el comportamiento homosexual existió en el siglo XVII, pero a su criterio, comportamiento sexual no es equivalente de identidad sexual. Lo que D´Emilio olvida cuando realiza esta afirmación, es que “comportamiento homosexual” es un concepto ahistórico si se lo utiliza tanto para referirse al comportamiento de quienes tienen relaciones más o menos regulares y exclusivas con personas de su mismo sexo, como también para personas que mantienen simultáneamente relaciones con personas del mismo sexo y del opuesto.

Antes del siglo XIX simplemente no había espacio social en el sistema de producción que permitiera a los hombres y mujeres ser gays. La supervivencia se basaba en la participación en el núcleo familiar. La sociedad colonial, ni siquiera disponía de una categoría tal como homosexual o lesbiana para describir a una persona.

Aquí, nos separamos un tanto de la interpretación de D´Emilio. Esta nueva situación social que el autor describe de una manera tan sencilla y magistral, originó la posibilidad, de un comportamiento sexual diferente sobre el cual se construyó una nueva identidad, consideramos que es incorrecto referirse sólo al surgimiento de una identidad, sin ninguna base real. El cambio no es sólo en las representaciones, sino también en el nivel de las prácticas. Si bien había relaciones sexuales entre personas del mismo sexo en sociedades precapitalistas, el comportamiento sexual era totalmente diferente, ya que no existía la posibilidad para una persona de tener exclusivamente relaciones con alguien de su mismo sexo. Este fue el cambio central, que por cierto originó una nueva identidad. Esto no quiere decir que lo central es la identidad, sino los comportamientos.

Bibliografía

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LA BIBLIA TAMBIEN ES LA HISTORIA DE LAS LESBIANAS Y LOS GAYS



LEER LA BIBLIA CON OJOS NUEVOS.
La mayoría de las lesbianas y los gays modernos muestran una actitud de temor hacia la Biblia, o más bien no conocen su contenido y creen que la Biblia lo único que contiene son reproches para ellos. Si bien es cierto que la Biblia fue escrita dentro de un contexto cultural patriarcal y heterosexista, el mensaje del amor sin condiciones que nos da Dios en Cristo puede convertirse en el “poder de salvación” para los gays y las lesbianas, al igual que para los heterosexuales.

Una lectura más decidida y dinámica de la Biblia coloca en una nueva perspectiva la vida de los gays, las lesbians, y sus familiares y amistades. Hoy en día hay un creciente consenso entre estudiosos respetables de las Sagradas Escrituras de que la Biblia no condena este tipo de relaciones. Hasta no hace mucho, las lesbianas y los gays cristianos procuraban demostrar que la Biblia no condena la homosexualidad. Ya es hora de superar esta posición. No es suficiente sostener simplemente que la Biblia no condena a la homosexualidad. También proclamamos que ¡la Bilblia es nuestra historia!


Abriendo las puertas de antiguos closets/armarios.

La teología de la liberación y la crítica feminista bíblica demuestran que, para que la Biblia transmita eficazmente la Palabra a todas y todos nosotros, debemos leerla con nuevos ojos desde la perspectiva de los oprimidos. Los relatos bíblicos reviven con nueva pertinencia cuando los leemos desde la experiencia del presente. Pues, si admitimos que las lesbianas y los gays están presentes en la Biblia, entonces acompañan a Moisés y Miriam en el éxodo y caminan junto a Jesús en Galilea. Aún cuando su sexualidad es silenciada y ocultada, las lesbianas y los gays estuvieron en todas partes siempre.

Gran canarioparatorpes


Ha llegado el tiempo de liberar a las lesbianas, los gays y bisexuales bíblicos de los closets (armarios) donde están encerrados. Esta búsqueda de la verdad acerca de la sexualidad debe superar siglos de silencio de comentarios y análisis de la Biblia. Pero, ¿incluye la Biblia referencias o historias sobre lesbianas y gays que concuerdan con lo que los historiadores y antropólogos conocen acerca de la sexualidad en los tiempos bíblicos? La respuesta es ¡sí! Algunos relatos son irrefutables, unos son fuertemente gay y otros sugieren relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Por ello, la Biblia anima a las lesbianas y los gays para que la abracen con júbilo.


UNA “NACION” DE LESBIANAS Y GAYS

El Libro de los Hechos narra las vicisitudes de los primeros cristianos para predicar y vivir el evangelio (Hechos 28:31). En el presente, asistimos al surgimiento de comunidades lesbianas y gay que procuran acceder plenamente al evangelio.

Para este propósito, son centrales las historias del apóstol Pedro y el capitán Cornelio (Hechos 10), y del apóstol Felipe con el eunuco etíope (Hechos 8:26-39). Ambos relatos tienen sus raíces en las profecías de Isaías 56 que proclaman la venida del día en que los gentiles y los eunucos serán admitidos en el pueblo de Dios y sus sacrificios aceptados. La traducción al griego de la palabra hebrea “aceptable” en Isaías 56:7 aparece en Hechos 10:35.


Un Evangelio inclusivo y sin ataduras.

En la historia con el capitán Cornelio, un gentil, Pedro expresa: “Ahora entiendo que de veras Dios no hace diferencia entre una persona y otra, sino que en cualquier nación acepta a los que lo reverencian y hacen lo bueno” (Hechos 10:34-35). La palabra “nación” es la palabra griega “ethnos” de la cual derivamos la acepción “étnico”. Este término refiere a la raza, la cultura o el pueblo. Con ese término, Pedro expresa que son dignos del bautismo todos quienes, en cualesquiera raza, cultura o pueblo, temen a Dios y actúan con rectitud.

Ahora bien, ¿la comunidad de lesbianas y gays es un grupo de presión en pro de la conducta homosexual, o es un ethnos? En verdad, existen heterosexuales que tienen relaciones sexuales con personas de su mismo sexo, y hay lesbianas y gays que jamás tendrían relaciones sexuales con ninguna. Pues, ¿las lesbianas y los gays constituyen un comportamiento, o son un tipo de personas para quienes la atracción homoerótica es solo una de sus características?

Un ethnos podría definirse por tener en común una historia, lengua, cultura, instituciones (escuelas, bibliotecas, clubes, iglesias, sinagogas, organizaciones sociales, empresas), héroes, líderes políticos, intelectuales, valores y la capacidad de quienes lo integran para reconocerse mutuamente, aún cuando se está inmerso en la cultura dominante. Si todos estos elementos constituyen un ethnos, los gays y lesbianas quedan cobijados bajo el término “nación” que se emplea en Hechos 10.

Pero, ¿qué evidencia existe de ethnos de lesbianas y gays en la Biblia? Cientos de años de prejuicios heterosexuales en los estudios históricos y bíblicos hacen más difícil la respuesta a esta sorprendente pregunta.


DIOS GLORIFICA A QUIENES SON “ESTERILES”

Analicemos, previamente, el concepto bíblico de inmortalidad, pues las escrituras hebreas no son explícitas ni coherentes acerca del concepto de vida después de la muerte. Un modo de alcanzar la vida eterna es mediante las hijas y los hijos.

En los tiempos bíblicos, la mayor desdicha que podía acaecerle a alguien era la exclusión por la propia comunidad cuando se lo condenaba al exilio, al ajusticiamiento público o cuando moría sin dejar descendencia. Pues la prosperidad material y la numerosa descendencia eran signos de la benevolencia de Dios. (Salmos 127:3-5; 128:3-6).


Mejor que tener hijos e hijas.

En ese contexto, en tanto la dignidad de mujer está unida a la capacidad de dar hijos al marido, la esterilidad es una maldición. La Biblia está colmada de episodios en que las mujeres ruegan a Dios que les conceda hijos. (Salmo 113:9; Génesis 30:1; 1 Samuel 1:10).

Los profetas de Israel usan esterilidad como metáfora de la lastimosa condición del pueblo de Israel cuando se considera abandonado o maldito por Dios. Pero la conmovedora reelaboración de la metáfora de la esterilidad en el mensaje profético de Isaías 54 revoca la maldición y transforma a Israel en una mujer estéril con muchos hijos.

En Isaías 56 el profeta usa la imagen femenina de la esterilidad, “el árbol seco”, asimismo que la expresión “cortado”, para los eunucos. El termino “eunuco”, posiblemente, sea un término general para los varones y las mujeres sin descendencia.

Deuteronomio 23:1 es la referencia principal acerca de la exclusión de los eunucos del templo. Levítico 21:17 afirma que sólo pueden acercarse Dios quienes estén libres de defectos físicos. Esta afirmación excluiría a los eunucos quienes, en las antiguas religiones, eran sacerdotes en los templos, y quizá también a los niños nacidos de relaciones incestuosas.

Pero, finalmente, el profeta (Isaías 56:4-5) proclama: “Si los eunucos respetan mis días de reposo, y si cumplen mi voluntad y se mantienen en mi pacto, yo les daré algo mejor que hijos e hijas; les concederé que su nombre quede grabado para siempre en mi templo, dentro de mis muros; les daré un nombre eterno, que nunca será borrado.”


ALGUNOS SON “EUNUCOS” DE NACIMIENTO.

¿Quienes eran los eunucos en los tiempos bíblicos? “Eunuco” pareciera referirse al hombre castrado para que no constituyese un “peligro” para la realeza femenina. Sin embargo, hay referencias a eunucos que se desempeñaban como funcionarios reales y que, no necesariamente, eran eunucos desde un punto de vista físico. Pues no todos los eunucos mencionados en el Génesis, Isaías, Jeremías, Daniel y el Nuevo Testamento eran varones castrados.

El concepto de “eunuco” es aún más genérico, hasta el punto en que se incluyen también a las mujeres estériles, a los funcionarios gay de cortes extranjeras, a los magos y sacerdotes, así como también a los varones castrados. Funcionalmente, los varones castrados frecuentemente eran homosexuales, pero no constitucionalmente.


El Matrimonio no es para todo el mundo.

Jesús habla de tres clases de eunucos: “Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.” (San Mateo 19:12).

Pudiera pensarse que los eunucos “hechos por los hombres” son los que fueron castrados y quienes “se hicieron tales a sí mismos” son los célibes voluntarios. Pero, ¿qué es de aquellos que “nacieron así”? Con esta expresión, Jesús establece claramente que el matrimonio heterosexual no es la norma para todos. Este significativo comentario de Jesús, que admite estilos de vida distintos a los matrimonios heterosexuales, se aplica a las lesbianas y los gays.

Dos relatos de eunucos negros, ambos funcionarios reales, ejemplifican la acción redentora de Dios. En Jeremías 38, un eunuco etíope salva la vida de Jeremías, un profeta célibe. Jeremías a su vez le trae al rey un mensaje de Dios, en el cual se explica cómo puede salvarse Jerusalén.

En Hechos 8, el apóstol Felipe bautiza otro eunuco etíope. El eunuco está leyendo Isaías 53, estrechamente vinculado a Isaías 54 y 56, sobre la profecía mesiánica del destino del Hijo de Dios cuya vida es cortada violentamente de la tierra. El eunuco percibe el mensaje de que serán admitidos quienes han sido “cortados”. Y entonces pregunta: “¿No podría yo ser bautizado?” Y el apóstol Felipe lo bautiza.


JESUS ESCOGE UNA NUEVA FAMILIA.

Jesucristo, en quien se cumple la profecía de Isaías 53, fue “cortado” de su pueblo cuando lo ejecutan como un delincuente y muere sin descendencia. Jesucristo era un eunuco, si bien no físico, funcional, y su muerte y resurrección redefine la vida eterna, separándola de la necesidad de engendrar hijas e hijos.

Cierta vez, reclamado por su madre y sus hermanos, Jesucristo, mirando a los discípulos como una nueva familia, responde: “Pues, cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Marcos 3:35).


Jesús tenía un estilo de vida marginal.

Jesús estableció relaciones con grupos muy diferentes de los que contemporáneamente, admitimos como familias. Jesús amaba a Lázaro, María y Marta. ¿Qué llevó a Jesús a una familia compuesta de un hermano y dos hermanas, todos solteros? Dos mujeres estériles y un eunuco es la familia que Jesús escoge. ¿Debemos suponer que eran heterosexuales célibes? ¿Y si María y Marta no hubieran sido hermanas, sino que se llamaban mutuamente “hermana” tal y como ha sucedido con la mayoría de las parejas de lesbianas a través de la historia?.

El Evangelio de Juan menciona más de ocho veces “al que Jesús amó”, llamado también “el discípulo amado”. Los estudiosos muy pocas veces se detienen a estudiar la obvia relación íntima que Jesús mantenía con otro varón. Si Jesús era gay, o no, la homofobia silencia el tema.

En realidad, la Biblia desconoce casi totalmente el ideal de la Post Reforma que habla sobre los matrimonios heterosexuales, monógamos, románticos y por toda la vida. La Biblia nos muestra el matrimonio como una unión basada en las transacciones comerciales, en la poligamia, la familia extensa, los grupos tribales, el matrimonio de Levirato y otros estilos de vida. El prejuicio anti-matrimonial en el Nuevo Testamento y el énfasis negativo hacia el sexo de los primeros teólogos son temas bien conocidos por los historiadores y estudiosos de la sexualidad humana.

La nueva comunidad cristiana en los Hechos incluye viudas sin hijos, prostitutas que dejaron de serlo, marginados sociales, solteros, gente casada, eunucos, negros, judíos, y gentiles. Los que habían sido excluidos en principio están ahora viendo cumplir la promesa de Isaías 56: “Mi casa será llamada la casa de oración para todos los pueblos”.


RELACIONES DEL MISMO SEXO EN LA BIBLIA.

La Biblia suministra modelos a las lesbianas y los gays al narrar dos historias de parejas del mismo sexo que, en mutuo compromiso de amor, enfrentan y superan duras circunstancias.

El libro de Rut es una historia de amor, pero no entre Rut y Boaz. En tanto que Noemí es la protagonista y Rut la heroína redentora, la relación entre Rut y Boaz, lejos de ser amorosa, es más bien un asunto de preservación de la descendencia y la tierra de la familia.

Pero el relato contiene la más conmovedora promesa de fidelidad personal de toda la Biblia: “Rut le contestó: ‘¡No me pidas que te deje y que me separe de ti! Iré a donde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.’” (Rut 1:16) Aunque esta promesa se utiliza en las ceremonias matrimoniales entre un varón y una mujer, ¡es promesa entre dos mujeres! Rut le hizo esta declaración a Noemí, su suegra, cuando su esposo perdió la vida en el campo de batalla. Rut se casa luego con Boaz, un pariente cercano de ella, y rescata el lugar de Noemí dentro de su propia familia, e incluso teniendo un hijo para Noemí. ¿Sostenían Noemí y Rut una relación lesbiana? No podremos nunca saberlo, pero sí es claro que las dos mujeres mantenían una relación apasionada y de entrega, elogiada por las Sagradas Escrituras, que les duró toda la vida.


Unidos en un compromiso de amor.

Otro relato bíblico, el de David y Jonatán, ocurre en la época en que la relación varonil entre guerrero y amante era común y, además, noble. El triángulo trágico de pasión, celos e intrigas políticas entre Saúl, Jonatán y David, es una franca expresión de amor entre personas del mismo sexo: “¡Angustiado estoy por ti, Jonatán hermano mío! ¡Con cuánta dulzura me trataste! Para mi tu cariño superó al amor de la mujeres”. (2 Samuel 1:26).

El autor bíblico, indudablemente, está al tanto de la varonil belleza clásica de David (1 Samuel 16:12) en este relato de amorosa lealtad (1 Samuel 18:1-5), con encuentros furtivos (1 Samuel 20:1-23, 35-42), besos y lágrimas (1 Samuel 20:41), rechazo al alimento (1 Samuel 28:32-34) y el pacto de guerrero y amante que David mantiene hasta la muerte de Jonatán (1 Samuel 20:12-17, 42). Uno no puede leer esta historia sin deducir que Jonatán era el amor de la vida de David. ¡Los muchos siglos de interpretaciones homofóbicas de la Biblia los mantuvieron ocultos en el closet (armario) por demasiado tiempo!(2)


PREGUNTAS RELEVANTES.

¿Esto es todo? ¿Algunas profecías sobre la esterilidad y los eunucos y dos relatos de parejas del mismo sexo? Hay otros relatos que los biblistas deberían analizar.

¿Eran gays los eunucos de la historia de José (Génesis 39-45) y del libro de Ester quienes, residiendo en las cortes reales, rescataron a los líderes de Dios?.

En la parábola de la mujer que tenía diez monedas y perdió una (Lucas 15), ¿son las lesbianas y los gays una moneda gozosamente recuperada de nuestros días? Al presente, admitiendo que las lesbianas y los gays son el diez por ciento de la población, ¿son el diezmo de la humanidad?, ¿son la levadura del pan de las culturas?.

Un capitán implora a Jesús que sane a un sirviente a quien quería mucho (Lucas 7). La palabra griega en Mateo 8 es pais, que significa “muchacho esclavo” y refiere, usualmente, a una relación homosexual. ¿Por qué Jesús alaba la fe del capitán pero no condena su estilo de vida?.

El apóstol Pablo expresa antipatía a los heterosexuales incapaces de dominar los deseos sexuales. Al mismo tiempo, su turbulenta vida gira alrededor de hombres: Timoteo, Bernabé y Silas. ¿Las diatribas contra sus colaboradores y las iglesias y su incansable celo misionero, eran un intento de reprimir su homosexualidad?.

El pasaje referente al gobernante joven y rico (Marcos 10:21), dice: “Jesús, fijando en él su mirada, le amó”. ¿Cuál es la relación entre la espiritualidad encarnada y este “amor” por un desconocido necesitado? ¿Qué estudios se han hecho sobre las ocho veces en que Jesús expresa “amor” a alguien? ¿Cómo está relacionado ese “amor” especial de Jesús con su sexualidad?.


¿Qué sucede con Lidia (Hechos 16), la independiente y pagana mujer de negocios, vendedora de púrpura y primera cristiana europea? Aunque el texto bíblico refiere que Lidia dirige un grupo de mujeres a las que Pablo predica, no menciona ni al esposo ni a los hijos. ¿Era Lidia lesbiana?.

Frecuentemente, el color púrpura se usa en relación con la realeza, el sufrimiento y la pasión, o la transformación y la magia. La púrpura es el color que Jesús lleva a la cruz. ¿El color púrpura tiene, además, connotaciones lesbianas y gays en la Biblia y en la tradición litúrgica cristiana?(3).


¿Y ESTO EN QUE CAMBIA LAS COSAS?

¿En que cambian las cosas el hecho de que las lesbianas y los gays puedan verse a si mismos en la Biblia? En que permiten ver a los personajes bíblicos como son, sin suponer, faltando a la verdad, que son todos heterosexuales. Pues, en estas referencias a las lesbianas y los gays, no hallamos condenas ni referencias a las interpretaciones homofóbicas de las historias de Sodoma y Gomorra o de las normas del Levítico. Más bien, invitan a las comunidades de lesbianas y gays a que lean la Biblia sin temor y apliquen su mensaje sanadora y facultativa a sus vidas.


Notas

1. Consultación del National Council of Churches of Christ, USA, sobre “Biblical Issues and Homosexuality”, inédito, 1987. Acerca de los seis pasajes bíblicos que, citados fuera de contexto, se utilizan contra los lesbianas y los gays. Ver el folleto, Homosexualidad: Ni pecado, ni enfermedad, por el Rvdo. Donald Eastman (1990).

2. Esta sección, “Relaciones del mismo sexo”, se basa en Tom Horner, Jonathan Loved David: Homosexuality in Biblical Times (Philadelphia: Westminster, 1978).

3 Esta sección, “Preguntas relevantes”, se basa en Judy Graham, Another Mother Tongue (Boston: Beacon, 1984). Folleto escrito por la Rvda. Anciana Nancy Wilson, pastora de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana de Los Angeles - Fraternidad Universal de Iglesias de la Comunidad Metropolitana (FUICM). © 1992 Nancy L. Wilson


Butch-femme: significa una parte importante de la cultura lesbiana ligada a los locales de ambiente en la segunda parte del siglo XX. Como sabemos “butch” designa a una lesbiana “masculina” o como diríamos en España, con pluma, mientras que “femme”, sería la lesbiana más femenina o sin pluma. Pero los orígenes de la cultura butch-femme habría que rastrearlos hace casi 100 años y es un legado cultural que, en muchos países, forma parte de la cultura lésbica, la hace reconocible y forma también parte de la propia identidad lésbica. Los orígenes exactos de la identidad butch-femme son desconocidos, pero se encuentran referencias a ellos ya en el XIX. En esa época había parejas de mujeres que encarnaban a esos dos estereotipos. Muchas veces el estereotipo no era simplemente de imagen, sino que se extendía hasta los roles. Así una mujer butch juega con los roles masculinos y la lesbiana femme con los femeninos.

No obstante, en muchas ocasiones, ser una butch o una femme, no va más allá de las apariencias y el juego de roles que se establece sirve para desestabilizar a aquellas personas que creen que una imagen tiene que ir seguida de un determinado comportamiento. Así, una lesbiana butch puede asumir en casa o en la cama roles tradicionalmente femeninos y al contrario para una lesbiana femme. En principio, la adopción de una estética butch formaba parte de un identidad lésbica y de una manera de hacerse reconocibles, de un código de comportamiento, de la misma manera que “la pluma rosa” de los gays podía significar para ellos una manera de hacerse visibles.

En los años 20 del pasado siglo, la cultura urbana de los bares gay-les impuso un código butch-femme, de manera que las lesbianas o eran una cosa u otra. Eso ayudaba en un momento en el que podían surgir dudas acerca de sus identidades. El código era estricto en comportamiento, vestimenta etc. En una bar de lesbianas en Massachussets llegaron a tener incluso cuartos de baños separados. Las lesbianas butch visten ropas masculinas, llevan el pelo corto, fuman y buscan parejas femme. Aunque, según dicen, no quieren ser ni se creen hombres. Por el contrario, las femmes, tienen una apariencia completamente femenina.

En los países latinos, la estética butch femme nunca ha sido tan rígida como en EE.UU. y muchas lesbianas tenían desde el principio problemas para identificarse con una u otra identidad. En los EE.UU. las lesbianas que no eran ni una cosa ni la otra, se llaman “Kiki”. En los años 60, los años del feminismo, muchas mujeres se quejaron de esta dicotomía porque, según ellas, era una burda imitación de los roles heterosexuales y más bien adoptaron un look andrógino. Pero a pesar de esto, en los 90 la estética butch-femme volvió con fuerza porque muchas lesbianas se sentían identifica con ella. Finalmente ha quedado fijada como una importante fuente de expresión de la cultura lésbica.
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LA ESCALA RIDDLE DE LA HOMOFOBIA

LA ESCALA RIDDLE DE LA HOMOFOBIA
(de “Abordando la temática gay en la escuela”)


En un sentido clínico, se define a la homofobia como el miedo intenso e irracional que invade a una persona respecto a relaciones con personas del mismo sexo. En lo cotidiano, la homofobia es el miedo a las relaciones íntimas con personas del mismo sexo. A continuación se nombran cuatro niveles de homofobia negativa y cuatro niveles de actitudes positivas respecto a relaciones con gente gay y lesbiana. Estos niveles fueron desarollados por la Dr. Dorothy Riddle, una psicóloga de Tucson, Arizona.


Niveles de actitud homofóbica

1. Repulsión: La homosexualidad es vista como un “crimen contra la naturaleza”. Las lesbianas y los gays son enfermos, locos, inmorales, pecaminosos, malvados, etc. Todo se justifica para cambiarlos: la prisión, la hospitalización, terapia de aversión, terapia de eletrosock, etc.

2. Lástima: Chauvinismo heterosexual. La heterosexualidad es mas madura y desde luego preferible. Toda posibilidad de “volverse hetero” debería ser reforzada y sentir lástima por aquellos que parecen haber nacido “así”, “pobrecitos”.

3. Tolerancia: La homosexualidad es simplemente una fase del desarrollo por la que pasa mucha gente en la adolescencia y l a mayoría “la supera”. Por lo tanto, los gays y las lesbianas son menos maduros que los “heteros” y se los debería tratar con la misma indulgencia y protección que se usa con los niños. Las lesbianas y los gays no deberían ocupar puestos de autoridad, porque aún están pasando por una etapa de su adolescencia.

4. Aceptación: Aún implica algo que necesita ser aceptado. Se caracteriza por afirmaciones como “¡Para mí no eres lesbiana, eres una persona!”. O “¡Lo que hagas en la cama es asunto tuyo!” o “¡No tengo problemas con eso, mientras no hagas alarde de ello!.”.


Niveles positivos

1. Apoyo: La posición básica de la ACLU (American Civil Liberties Union). Trabajar para resguardar los derechos de las lesbianas y los gays. La gente puede sentirse incómoda en este nivel, pero es consciente del clima homofóbico y de la injusticia irracional:

2. Admiración: Reconocer que se necesita fortaleza para ser gay o lesbiana en nuestra sociedad. La gente en este nivel está dispuesta a examinar sus actitudes, valores y comportamiento homofóbico.

3. Apreciación: Valorar la diversidad en la gente y ver a las lesbianas y a los gays como una parte de esa diversidad. Esta gente está dispuesta a combatir la homofobia de ellos mismos y de otros.

4. Apreciación y apoyo activo: Considerar que la gente lesbiana y gay es indispensable en nuestra sociedad. Ellos ven a las lesbianas y gays con afecto y alegría genuinos, y están dispuestos a ser aliados y activistas.

Por Suzanne Iasenza, Ph. D.

Si le preguntan a las lesbianas cual creen sea el problema número uno de las parejas que mantienen relaciones de muchos años, ellas le dirán “lesbian bed death” (apagón en la cama). La notoria baja de la actividad sexual, real o fingida, ha sido objeto de bromas por parte de la comunidad lesbica, pero es algo que preocupa a las lesbianas dado que este síndrome endémico puede conducir a la ruptura de la pareja. Muchas de mis pacientes se autodiagnostican como víctimas de lesbian bed death. Otras buscan que su terapista les reafirme que una pareja de lesbianas con muchos años juntas pueden tener gran sexo. He ído a terapistas lesbianas y pacientes teorizar que las relaciones sexuales se deterioran debido a los conceptos patriarcales acerca del sexo entre mujeres que hacen a las lesbianas mas conscientes de sus relaciones sexuales. Otras han sugerido que no hay nada malo en que las lesbianas no tengan sexo, o que lo tengan de modo discontinuo; quizás es la naturaleza de la sexualidad femenina, y nosotras necestiamos ser usadas por el sexo, cambiando nuestras expectativas.

Como investigadora sexual y terapista sexual, estoy alarmada por lo fuerte que el mito del apagón en la cama (lesbian bed death) se ha vuelto. ¿Qué dice este elmito?. El mito dice que experimentar disminución en la actividad sexual afecta particularmente o especialmente a las parejas de lesbianas, es algo relacionado con el lesbianismo y que es una condición natural de ser lesbiana. ¿De dónde han surgido estas ideas autodestructivas, y por qué creemos en ellas?.

El mayor estudio de investigación que ha alimentado este mito fue publicada en 1983, en un libro llamado American Couples de Philip Blumstein and Pepper Schwartz. Esta investigación empírica reporta que las parejas lesbianas tiene menos sexo que cualquier otra pareja heterosexuales casados, heterosexuales en concubinato o parejas gay que vivan juntos. Desde los 80’s muchos libros y artículos sobre sexualidad lesbica han sido escritos por conocidas profesionales como Marny Hall, JoAnn Loulan and Marge Nichols, los cuales informan sobre la inhibición del deseo sexual, falta de iniciativa para iniciar la relación y baja performance en las relaciones.

No obstante la antes mencionada y al parecer clinicamente confirmada experiencia que muestralo contrario, el apagón en la cama es mas que nada, un publicitado fenómeno, que yo no creo que exista como entidad clínica. De hecho, es hora de exponer que el apagón en la cama es un fraude. Las parejas lesbianas no son diferentes de las parejas gay o heterosexuales cuando experimentan la invitable baja en la pasión sexual que se da en las relaciones a largo plazo. Leam los trabajos de terapia sexual heterosexual de David Schnarch si no creen que las parejas hterosexuales caen en resultados similares. En la encuesta realizdada en el año 195 llamada Advocate Survey of Lesbian Sexuality and Relationships” los resultados demostraron que las mujeres lesbianas mantienen relacione sexuales mas disufrables que la mayoría de las mujeres americanas. De todos modos, estos datos no recibieron la misma atención queel reporte del año 1983 de Blumstein and Schwartz. ¿Por qué sucede esteo?. ¿Es que somos tan rápidas para ignorar datos que dan por tierra la visión patologizante de la sexualidad lesbiana?.

Muchas de mis colegas lesbianas discuten conmigo en este punto, creen que las parejas lesbianas lo hacen mas, o lo hacen peor o tienes razones especiales para hacerlo mas y peor. Mi visión es que mis pacientes lesbianas que acuden con la queja de una baja en su actividad sexual están experimentando la vida real. Yo veo el mismo patrón en etas pacientes: no muy diferente del de sus hermanas o hermanos heterosexuales, o hermanos gays; las mujeres se encuentran, se enamoran y deciden una vida juntas. Su trabajo y su vida familiar demanda atención y energía, muchas veces a costa de la calidad de tiepo y la intimidad compartida junto a su pareja. Ellas experimentan el arrobamiento y la lujuria que solo un nuevo amor ofrece, la luna de miel que lo precede, la revelación de las diferencias sexuales y la incompatibilidad de las demandas de la vida real. El punto es simple, yo no creo que exista algo como el concepto de Lesbian bed death, como tampoco existe un “gay bed death” o un “straight bed death.” Este no es un fenómeno lesbiano. Es tiempo de cambiar por una visión mas realista y menos nagativa del sexo lesbiano.


BAJANDO DEL PEDESTAL TERMINO

Lesbian bed death (apagón en la cama) es un poderoso y destructivo término, su crecimiento se ha basdado en malinterpretaciones en las investigaciones, entendimiento simplista de las difernecias de género y prejuicios internalizados a nivel culturual acerca de las mujeres y de las lesbianas. El término es peyorativo y patologizante, funestamente inadecuado para comunicar la complejidad de las relaciones sexuales en las parejas lesbianas. Tomar como blanco la sexualidad de la mujer lesbiana de este modo es otro ejemplo de misoginia enmascarada como objetividad clínica, donde definiciones masculinas de sexualidad son usadas como marcas de calidad de la salud sexual.

Los efectos de usar este término son similares a los del uso del término amalgamarse (merging), que la terapistas lesbiansa de familia Joann Krestan y Claudia Bepko hicieron famoso y publicitaron como la mayor condición lesbiana en los 80’s después de que fuecriticado y analizado por otras terapistas lesbianas. Yo encuentro muy interesante como habiendo salido del problema de amalgamiento, ahora tenemos el problema del apagón en la cama. ¿Es que tenemos problemas con no tener ningún problema?.

El problema puede ser que las lesbianas permitimos a nuestra homofobia y sexofobia internalizada gobernar el modo en que vemos nuestras vidas sexuales. ¿Es autónomo el sexo lesbico o solo trata de adaptarse al os modelos patriarcales en orden de no ser blanco de críticas?. Ironicamente mientras los gays varones cargan con el mito de la promiscuidad, nosotras cargamos con el mito de ser las menos activas sexualmente; los dos extremos de estereotipo sexual masculino y femenino representan una agresión sin identifcar al agresor. El mensaje cultural que se lee entre líneas es “las relaciones gays y lesbianas son enfermas, no tienen el balance sexual de las relaciones heterosexuales”, una visión heterosexista que cree que afirma que las parejas deben ser hetero para lograr una estabilidad en la relación.

Sugiero que bajemos del pedestal al termino. Una mujer usó en un trabajo reciente una simple explicación para sustutuir este termino. Yole pregunté ¿qué es eso?. Ella respondió: Los inevaitables cambios que se dan a nivel sexual en una relación a largo plazo. Exactamente. No hay peligro en explicar con terminos simpels procesos complejos.


LO QUE REALMENTE DEMUESTRAN LAS INVESTIGACIONES

Una cuidadosa lectura del estudio de Blumstein and Schwartz, así como de otros estudios, provee una pequeña evidencia que la actividad sexual lesbiana es menos activa o menos plenas que el sexo gay o heterosexual. Un aspecto crucial aquí es cuales fueron las preguntas y que significan realmente las respuestas. El difamante concepto de Blumstein and Schwartz de que las parejas lesbianas tienen menos sexo está basada en las respuetas auna pregunta: “¿Cuan a menudo ha matenido relaciones sexuales con su pareja a lo largo del último año?”. Para una pareja lesbiana es problmático responder “cuantas veces” porque la sexualidad entre mujeres no está condicionada ni definida por un acto estrictamente genital tal y como se entiende cuando un pene eta presente. Esta pregunta es un ejemplo de cómo las investigaciones se basan en conceptos masculinos de sexualidad, y que estas no representan las experiencias sexuales de las mujeres. Unos años después de que American Couples fuera publicado, la feminista lesbiana Marilyn Frye cuestionaba la validez de las investigaciones sexuales como las de Blumstein and Schwartz que comparan el número e veces que una pareja “tiene sexo”. Ella afirma que “un 85 % de las parejas heterosexuales casadas desde hace mucho tiempo tienen sexo una vez al mes y toman en promedio 8 minutos para el acto, en tanto que nosotras (lesbianas) lo hacemos, en promedio, mucho menos frecuentemente, pero también en promedio nos tomamos mas de 8 minutos para cada encuentro…..quizás tomamos unos 30 mintuos por lo menos”.

Fyre toca un punto que es verificado por investigadores sexuales muy conocidos como Virginia Masters and William Johnson, que en su investiación llevada a cabo en el año 1979 compraron parejas lesbianas, gays y heterosexuales. Ellos encontraron que las parejas heterosexuales se orientan mas al rendimiento y muy obsesionadas con el orgasmo. Las parejas lesbianas tomaban mas tiempo para el sexo, con mucha atención a los preliminares como el contacto de todo el cuerpo, besos, abrazos, caricias previas a que un contacto con los senos o genital fuera realizado. En una pareja heterosexual rara vez se tomaban mas de 30 segundos en abrazarse o acariciarse el cuerpo antes de que los senos o los genitales fueran directamente estimulados.

Es seguro decir que si las investigaciones se enfocaran en la duración en lugar de en el número de actos sexuales, las lesbianas serán las ganadoras. Las lesbianas on las ganadoras también en otros aspectos. Ellas fueron encontradas como mas asertivas sexualmente, con una mayor facilidad para comunicar verbalmente o no verbalmente sus necesidades sexuales, deseos o placer, y declararon estar mas satisfechas con sus vidas sexuales que las mujeres heterosexuales. Esta investigación del año 1979 Homosexuality in Perspective by Virginia Masters and William Jobmon es compatible con un artículo del año 1983 publicado en el Journal of Sex Research, “Arousability and Sexual Satisfaction in Lesbian and Heterosexual Women,” by E.M. Coleman, P.W. Hoon and E.F. Hoon. También se compatiblizan con otros estudios tales como “Sexual Fulfillment of Heterosexual, Bisexual and Lesbian Women,” by L.C. Bressler and A.D. Lavender in the 1986 book Historkal, Literary and Erotic Aspects of Lesbianism y mi propia disertación doctoral e investigación del año 1991. Algunos estudios anterires al Reporte Kinsey del año 1953 demuestran que las lesbianas son mas orgásmicas que las mujeres heterosexuales.

Blumstein and Schwartz, en el informe de su investigación, enfatiza las limitiaciones en su concepto de sexualidad en términos genitales. En otras entrevistas, ellos aprendieron que las parejas lesbianas aprecian el contacto no genital (tocarse, abrazarse) no solo como un preliminar para llegar al sexo, sino como una forma de relación sexual. Asimismo, ellos encontraron que la mayoría de las parejas que entrevistaron (heterosexuales casados o concubinos, gays y lesbianas) consideran que una reducción en el número de contactos sexuales es normal y lo atribuyeron a falta de tiempo, energía física o haberse acostmbrado uno al otro. La falta de relaciones sexuales afecta el niveal de satisfacción con la relación de todos los entrevistados a excepción de las parejas lesbianas que vivían juntas, cuyo nivel de satisfaccion con la relación parece estar asociado a otras cosas y no a la frecuencia con que mantienen relaciones sexuales.

Una breve revisación de las investigaciones sobre sexo revelan que las lesbianas promedian bien en los estudios de comparación y también en los estudios psicológicos. En lugar de comprar a las parejas lesbianas con otras y asumir que somos menos, sería mejor que comprendieramos mejor la sexuliadad lesbianas y conocieramos smas sobre la gran dviersidad en deseo y actividad sexual que existe entre mujeres lesbianas.

ENTENDIENDO LAS RELACIONES SEXUALES LESBIANAS

Las parejas lesbianas le dan importancia a la intimidad, amistad espiritual o emocional, las conexiones intelectuales en un grado igual o cuando no mas importante que el mantener contacto sexual genital. Un libro muy interesante del año 1993 escrito por las psicólgoas lesbianas Esther Rothblum and Kathleen Brehony: Boston Marriages. Romantic but Asexual Relationships Among Lesbians, provee varios ejemplos de relaciones lesbianas muy comprometidas donde el contacto genital no existía. He trabajado con algunas parejas heterosexuales y gays que han encontrado el libro como esclarecedor. El libro de Pepper Schwartz del año 1994, Peer Marriage, describe parejas heterosexuales que practican lo que ella llama “peer”, un compañerismo en el que el sexo genital no es la parte central de la relación. Estos dos libros abren la posiblidad de que la sexualidad puede no ser el factor central para muchas parejas lesbianas, y también para algunas parejas heterosexuales o gay.

La razón mas común que dice que las parejas lesbianas tiene menos sexo es basada en una visión simplista de las diferencias de género. El argumento es que el hombre y la mujer son socializados de modo diferente: los hombres son socializados para ser sujetos sexuales activos, en tanto las mujeres son socializadas para ser objetos sexuales pasivos. Entonces, cuando dos mujeres se relacionan, tiene sentido que ninguna de las dos esté interesada en el sexo, y que no se sienta cómoda iniciando un contacto sexual, y como consecuencia la vida sexual de ambas sufre. Esta investigación empírica no puede sostener sus argumentos de hecho, las mujeres lesbianas tenemos un mejor puntaje en ser mas sexualmente asertivas que las mujeres heterosexuales y mi experiencia clínica tampoco confirma el hecho antes mencionado. Siempre he visto parejas donde al menos una de las partes le gusta el sexo y se siente cómoda iniciándolo. El problema de la socialización de géneros para explicar la sexualidad lesbiana no es mas que un mensaje de la sociedad, pero la generalización afecta a todas las lesbianas.

Hay ciertos principios que busco cuando trabajo con clientes lesbianas. Primero acepto que una pareja se integra por dos mujeres que cambian y estos cambios a veces afectan la calidad del sexo. Estoy alerta si alguna de las integrantes de la pareja a experimentado alguna forma de abuso o asalto sexual con anterioridad a la relación. También trabajo con los efectos de la menopausia. Exploro los mensajes culturales acerca de la belleza y como estos afectan la imagen de las mujeres sobre su propio cuerpo. También es usual encontrar mensajes negligentes y que reprimen la sexualidad durante la adolescencia o niñez de las integrantes de la pareja. Y cuando trabajo con parejas lesbianas es crucial mantener en mente los efectos de la cultura, la homofobia internalizada y la misoginia que crea sentimientos de vergüenza sexual.


LA EVIDENCIA CLINICA

¿Existe algún tipo de evidencia clínica que indique que las parejas lesbianas mantienen relaciones sexuales con menos frecuencia o con peor calidad que las parejas heterosexuales o gays?. No lo creo. Solo he encontrado dos factores que influencian a las parejas lesbianas a experimentar una infrecuencia en las relaciones sexuales. La primera es su adhesión a la monogamia, la segunda es su habilidad para tolerar largos períodos la abstinencia sexual.

No quiero dar la impresión que las lesbianas son mas monogamas que otras parejas o que están preparadas para tolerar la infrecuencia sexual mejor que otras parejas. Pero he visto en mi práctica que piensan que, sobre todo lo demás, deben mantenerse sexualmente monógamas sin tomar en cuenta los cambios en su satisfacción sexual o necesidades sexuales. En alguna de estas parejas una de las partes encuentra de modo consensual o en secreto una alternativa a la falta de sexo (affairs, fantasías sexuales, clubes de sexo, sexo pago, sexo por teléfono o cibersexo). Cuando las parejas de otras orientaciones sexuales tienen un inflexible acuerdo de monogamia y se produce una considerable reduccion o una nula actividad sexual, se crea un grado de atadura que provoca tremendos niveles de enojo, resentimiento, agresión y furia. Yo siempre trato de alejar estos sentimientos mediante el uso del humor por ejemplo, cito al escritor Jewell Gomez, que dijo en una entrevista “Si yo fuera amante de alguien y dejaramos de tener sexo, no dejaría pasar mas de cuatro meses sin visitar a un doctor”.

Puede ser que las lesbianas solo parezcan tolerar los largos períodos de falta de sexo. Puede haber una conexión entre la habilidad de la mujer para tolerar los problemas sexuales y el hecho de que el género femenino no se basa en una alta performance sexual, como se basan los hombres. He trabajado con muchas mujeres heterosexuales en terapia sexual que han tolerado años de sexo insastifactorio porque no querían tirar el bote al agua y hacer sentir a sus esposos mal, o porque otras cosas en la vida le daban pasión y satisfacción (ej. los hijos, la familia, los amigos, el trabajo o otros aspectos de su matrimonio). Siempre he visto que las parejas heterosexuales o gays acudir a terapia mas pronto cuando se da una reducción en el número de contactos sexuales (usualmente después de un par de años) porque muchos hombres no pueden tolerar la falta de sexo porque daña su imagen de masculinidad. Muchas de las pareja slesbianas que he visto en Gran canarioparatorpesterapia sexual, en promedio, habían tolerado entre 5 o 10 años de infrecuencia en las relaciones sexuales antes de buscar ayuda. Para muchas, la infrecuencia sexual era menos importante que otras pasiones y satisfacciones compartidas. Para otras, la larga espera se debio a que existía una terapia anterior que había fallado. Y ara muchas, la noción de ir a buscar terapia sexual como miembrasd e un grupo doblemente estigmatizado (mujeres y lesbianas) era tan abrumadora que no buscaron la ayuda que hubieran necesitado mucho antes
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Saturday, June 28, 2008

De no che

Ayer me di un gusto caro, me compré un perfume que se llama “Poeme”, y para quienes lo conocen ya saben lo delicioso que es. Quería regalarme algo que permaneciera en mi cuerpo, que me dejara marca y que quizá M. se llevara con ella en sí misma.
Uf. Hoy ando así, al menos esta noche en que estoy sola. M. no viene hasta tarde, ya que salía con unas amigas de la facultad.
Yo me puse a leer un libro, a leer algunos blogs. Me acosté y me volví a levantar. Viernes ya sábado y no me siento como para estar sola, pero me hace bien. Sólo que hoy estoy así.
Tengo ganas de irme de viaje, de proponerle a M. unos días en cualquier parte. Sería lindo. Pienso en Colonia, Uruguay, o bien por el sur del país.
Mierda, todo esto para no terminar de decir que la amo y que la extraño. Qué vida!

Pensares

Melisa está contenta y se siente aliviada. Yo me siento contenta por ella, y algo cagada en las patas. De golpe la familia de la otra aquí mismito. Lo del padre, vaya y pase, pero lo de su madre. Esta acelerada quería que hoy nos reuniéramos, por suerte le hice entender que sería bueno darle un poco más de tiempo a su vieja para que metabolice la noticia.
Muchas veces he escuchado decir que la salida del closet es una salida constante, siempre lo estás haciendo. Pero existen aquellos que se pueden llamar lo más fuertes o emocionales: a los padres, a la familia, a las gente más pero más cercana.
Yo recuerdo que una amiga me dijo que “me seguía queriendo por más que estaba enferma”. Ay mi dios! De sólo recordarlo se me sube el capuccino de la tarde. Ah y ya antes se me había subido. Es que me llamó Gloria. Cuando sentí su voz me dije: “sonamos”.
Llamó para saber cómo estaba yo, que había desaparecido. Le dije que antes llevaba para ella desaparecida al menos 1o años, que no se extrañara.
Me recriminó mi tono de voz y lo que le decía. Yo le dije que intente olvidar lo de ese sábado, y que por favor no me vuelva a llamar.
Me habló de la “orfandad del amor y del deseo inconcluso”, teoría que realmente no llegué a entender. Se hizo la enojada y largó la famosa frase: “yo me imaginaba que las lesbianas eran así”. A lo que no contesté nada (me dejaba servido varios bocadillos, pero realmente no quería escucharla más).
Le dije que muy pronto abriría un bar y resto gaylésbico y que allí seguro podría concluir su deseo y dejar de ser huérfana del amor.
Me puteó y colgó. Yo colgué y la putié también. Qué amargor en la boca, y eso que la canela aún aromatizaba mi boca en ese momento
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La llamada

- Hola?
- ¿Hablo con la Sra. “… …”.
- Sí, ella habla.
- Hola, soy “… …”. No sé si me recuerda.
- Sí, cómo no!
- Creo que además le deben haber contado una charla que tuve con una personita muy especial(sic)anoche.
- Sí, sí. Esta madrugada.
- Me alegra que sea usted quien está con Melisa.
- ¿Se alegra?
- Me alegro y tranquilizo. Usted es de confianza!
- Mire que en las relaciones humanas se muestran otras facetas.
- Sí, puede ser. Pero hágame un favor…
- Si puedo.
- Cuídela a Melisa. Ya sabe cómo es este “mundo”. Hay mucha gente de mierda.
- Ehh, sí. Creo que nos cuidamos las dos.
- Pero ella es muy pichona, o al menos me parece. No sé. Quizá no conozco bien a mi hija.
- Es una persona muy madura, y amorosa.
- Sí, claro…. Bueno, espero no haberla molestado…
- Para nada.
- Ya la llamaré por alguna otra actividad.
- Cuando guste.
- Gracias y hasta pronto.
- Chau, de nada.

Fuegos cruzados. Eso es lo que surge de las salidas de closet. Pero no esperaba recibir una ráfaga tan pero tan rápido!

Salida del closet inesperada

Melisa llegó a eso de la una de la mañana. No la podía parar. Me sacó de la cama, preparó café, y me dijo: “Sentate. No lo vas a poder creer!”.
Me senté, nos sentamos. Y me largó: “Mi viejo es puto”.
- ¿Qué? casi me atraganto con el café, que además quemaba y mucho!
- Sí. Yo estoy medio como loca, porque estuve como dos horas dándole vueltas al asunto para que no le cayera muy mal, hasta que me dijo: “Vos me querés decir que te gustan las mujeres?”. Me lo quedé mirando y le dije: Sí.
En este punto de su relato M. empezó a llorar, y se me acercó para abrazarme, más bien para que la abrazara. Parecía un flancito entre mis brazos, no esa mujer salvaje que suele ser.
- Sabés qué me dijo? Que por eso se terminó de separar de mi vieja. Que la quería un montón, pero que a él le gustaban los hombres. Parece que mi vieja lo tomó para el orto a todo esto, pero bueno, con la historia del exilio a cuestas y toda la cuestión militante anterior o el amor que ambos se tuvieron, ella nunca dijo nada, ni hechó mierda sobre él. Pero sí puedo entender que lo hubiera hecho conmigo.
La cuestión es que mi viejo hace cinco años que mantiene una relación con un tipo de Buenos Aires, algo más joven que él, creo que me dijo 5 o 6 años, también con hijos, pero blanqueado hace mucho tiempo.

Yo la abrazaba y la miraba sostenidamente mientras me contaba todo esto. Se sonaba los mocos, me acariciaba la cara. Se reía lloraba.

- Mi viejo, puto. ¿Lo podés creer?
- Mirá es toda una sorpresa, pero entra dentro de las posibilidades.
- Pero por qué se calló tanto tiempo. Yo no soy una mujer de la prehistoria.
- Vos bien sabés que cada uno tiene su tiempo, amor.
- Sí. Ya lo sé. Mirame, yo cuidándome tanto.
- ¿Cómo te sentís?
- Bien, dentro de todo. Además fue muy loco, ya que él te conoce.
- ¿A mí?
- Sí. Me preguntó quién era la persona con la que estaba, y le dije. Tu apellido le sonaba, y es que te contrató un par de veces para organizarles unos eventos.
- ¿No me digas que tu viejo es “… …”.?
- Sí!!!!!!! Ese mismo.
- Joder! Qué chico que es Santa Lucía!
- Sí, muy chico!

Lo que no le dije en ese momento es que yo sí ya sabía que ese hombre era gay, pero lo que no sabía era que es su padre. Buen tipo.

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Salida del closet total de Mel isa

Melisa pasó esta tarde muy excitada. Acaba de hablar con su madre de nuevo sobre su orientación sexual. Hace ya unos años atrás lo había y su madre se enojó un poco y luego pareció olvidarlo. Fue allí que hizo su aparición en escena Carlos, sobre todo para tener una excusas para sus salidas y sus trasnochadas fuera de su casa.
Parece que hoy la sentó, mate de por medio y se lo volvió a decir. Lo decidió porque siente que puede contar conmigo y porque dentro de poco se inaugura el bar de los chicos y no piensa esconderse. Nunca lo hizo, pero nunca había podido compartir sus historias. Así que le dijo a su madre que se fuera preparando porque le quiere presentar a su compañera.
Su madre lloró, pero la abrazo muy fuerte. Y le dijo que sólo espera que no la lastimen, y que pueda ser feliz sintiendo.
Pasó por acá para decirme que esta noche cena con el padre, para hacer lo mismo. El no sabe nada de nada, pero piensa decírselo igual.
Le pregunté cuándo había decidido hacer toda esta movida.
- Anoche mientras hacíamos el amor.
- ¿Anoche? y no me dijiste nada.
- No. Fue extraño, fue la primera vez que te sentí acabar libremente, como entregándote, y eso me hizo decidirlo. Esas cosas no se pueden simular.
-¿De veras sentiste eso?
- Sí, pero lo charlamos más tarde.

Me dio un beso, agarró su campera y se fue. Otra vez me dejó sin palabras, pero coincido: anoche yo sentí justamente eso. Poder dejarme ir en el amor.

De a tres (II)

Ayer no venía al caso contarle a Melisa mi experiencia, tan pero tan antigua. Era joven y en esa época aún estaba con Inés, ya saben, mi primer y gran amor.
Una noche volvimos de una fiesta con una amiga de la facultad, que como vivía medio lejos se quedaría a dormir en casa.
Allí pusimos un poco de música, abrimos otras cervezas y yo empecé a notar, mejor dicho terminé de confirmar toda la onda que le tiraba esa chica Inés. Me sentí un poco molesta, pero el cansancio o el alcohol no me dejaron reaccionar.
Ambas empezaron a bailar, e Inés me llevaba hacia ellas. Yo no quería. Me atraía hacia ellas, de la mano. Estábamos así hasta que la otra la besó. Lo que sería un pico, luego un poco más sentido, hasta que la que entregó su boca fue Inés. Ella quería que participara en ese beso. No. Me despegué de ellas. Y con una botella de cerveza desaparecí en el dormitorio. No vi nada de lo que pasó, pero sí oí. Cuando me levanté ya a la mañana esa chica no estaba, e Inés estaba desnuda en el sofá.
No hablamos de ello. Creo que no podíamos. Fue horrible y allí empezó a resquebrajarse algo entre nosotras.
Quizá si lo hubiéramos hablado antes, si hubiéramos compartido esa fantasía, o qué sé yo. Mi recuerdo de estar de a tres, no es de lo mejor. Es más, sólo hubo un de a dos y fue de ellas.
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